Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

SOLIDARIDAD CON HAITÍ
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27 enero 2010

Cartas solidarias con el pueblo de Haití

Queridos amigas/os blogueras/os:

Como estoy de baja por una gastroenteritis, tengo mucho tiempo para pensar y se me ha ocurrido una idea que quizá os interese.

Como la mayoría sabéis, en mis horas libres me dedico a la edición alternativa y creo que desde esa afición puedo contribuir de alguna manera a ayudar al pueblo haitiano pero no podría hacerlo sin no hay gente que colabore.

Se me ha ocurrido que podría editar un libro compuesto por poemas y/o cartas dirigidas a una persona anónima de Haití; bien puede ser un niño/a, un anciano/a, una mujer, un hombre, una familia completa, un herido/a, un/a comerciante, un/a médico, etc. Cada cual eligiría la persona que más le inspirase. También se podrían incluir poemas visuales, fotografías, dibujos, etc. Si alguno de vuestros hijos/as, por pequeños que sean, quisiera participar, creo que lo embellecería más.

Para que puedan colaborar el mayor número de personas las cartas y/o poemas no deberían exceder de 20 líneas (si es menos, mejor) y, creo, deberían ir firmadas y poniendo la profesión, edad  y ciudad en la que vive de cada una/o incluyendo, por supuesto, las/os amas/os de casa o quienes estén en paro o en cualquier otra situación. Me gustaría, además, que pudira ir en dos idiomas (español y francés) para hacer llegar de forma gratuita un número de ejemplares (que dependería de cuántos lográramos editar) a los haitianos a través de todas las ONG españolas que estén implantadas allí. Creo que también podría conseguir quien las tradujera.

Yo buscaría financiación para la edición y la distribución porque creo que se podría conseguir (a lo mejor me puede la ilusión pero hay que intentarlo todo). De todas las maneras, podríamos hacer presentaciones en distintas ciudades y venderlos en el propio acto.

Todos los beneficios de la venta irían como ayuda humanitaria a través de una ONG como puede ser Médicos sin Fronteras (la propongo porque yo pertenezco a ella y me da seguridad) o cualquiera otra que mayoritariamente se propusiera (Cáritas, Cruz Roja, Ayuda en Acción, etc.) A mí me da igual mientras nos den garantías de que la ayuda llegará a su destino por mucha o poca que fuera.

Para que no quepan dudas ni nadie pueda pensar que busco beneficio alguno, abriría una Cuenta Corriente a nombre de todas las personas que quérais figurar en ella, de manera que todos los que en ella estén puedan controlar los ingresos y gastos, aparte de que las ayudas, facturas, etc. se harían públicas.

No sé, quizá sea un disparate como consecuencia de la fiebre pero siempre he pensado que algo más de lo que ya hacemos se podría hacer y, sobre todo, mantener vivo el espíritu de la solidaridad para no olvidarnos de quienes más sufren.

Lo que sí me gustaría es que todo pudiera estar preparado para dentro de 2 meses o como máximo 3. Y poner finales de febrero para la recopilación de las colaboraciones.

Necesito vuestros comentarios, ideas y/o críticas, y si podéis y lo creéis importante, hacerlo llegar a vuestros amigos/as. 

No pararse es poesía.

26 enero 2010

20 enero 2010

HAITÍ



Cada día las imágenes de los medios nos muestran la devastación,  sus cadáveres, sus lágrimas, su desesperación, sus miradas perdidas, sus revueltas por un botellín de agua… Y nosotros sentimos que se nos encoge el corazón, que su dolor es también nuestro y por eso nos creemos solidarios; la cuota de cinco minutos de sufrimiento nos parece un peaje suficiente para tranquilizar nuestras conciencias bien alimentadas, bien abrigadas y a cubierto de cualquier desprotección física y espiritual. Sentados en nuestro sofá, creemos, incluso, que esos a los que miramos sienten nuestra simpatía, o empatía, y que ello les lleva aliento y esperanza, pero ellos no nos ven ni nos sienten, sólo gritan que no los dejemos morir y les hagamos llegar medicinas, comida, agua, mantas; que les volvamos a construir sus casas, que les hagamos carreteras, que les instalemos líneas telefónicas, que, en definitiva, les reconstruyamos el país; que les permitamos vivir y, si es posible, mejor que antes; que no nos olvidemos de ellos en cuanto dejen de aparecer cadáveres y la memoria se nos vuelva lluvia.







Ayer fue el sureste asiático, hoy Haití, mañana Bangladesh, pasado Somalia, Birmania o Ecuador, ya sea como consecuencia de la hambruna, de la violencia, de los fenómenos naturales o de nuestro afán depredador. La cuestión es que las tragedias que se producen en los países pobres son triplemente trágicas y devastadoras porque no tienen, ni el mundo rico tiene la voluntad de ayudarles a tenerla, capacidad de prevenirlas ni de afrontarlas. Cuando ya las vidas se han perdido a un valor cero, los gobiernos y sus ciudadanos echan, o aparentan echar, el resto en paquetitos de galletas, briks de leche y mantas y ropa de saldo para que al final, con el paso de los días y la decadencia del interés mediático y de las palabras grandilocuentes, todo siga igual. ¿Cuántos de nosotros/as nos acordamos que en 2008 el huracán Gustav asoló también buena parate de Haití dejando cerca de 1000 muertos y 800.000 afectados?






Se volverán a abrir cuentas corrientes solidarias; les enviaremos unos euritos que nos saldrán del alma y que a ellos no sabemos si les llegará o no, o sólo la mitad, y que en cualquier caso es pan para hoy y el hambre de siempre para mañana; se comprarán alimentos que les tirarán desde los camiones de abastecimiento como si fueran perros y por los que son capaces de destrozarse unos a otros; les daremos la oportunidad de seguir viviendo hoy para seguir muriendo al día siguiente…

 



Les crearán un Estado artificial al servicio de quien más intereses tenga y el FMI les otorgará créditos “blandos” que no sabrán cómo devolver; las multinacionales y no tan multinacionales se implantarán para, con la excusa de “crear país”, expoliarles lo poco que les queda, incluso, si pueden, hasta su dignidad, con la ayuda de sus compatriotas más poderosos e influyentes. Nos permitirán acoger a sus niños huérfanos una temporadita para que les alimentemos y les enseñemos lo maravillosa que es nuestra vida y lo tierno que es nuestro corazón para luego devolverlos a sus familias (la que les quede a los que no lo hayan perdido todo) que los recibirán con la preocupación de no saber con qué los alimentarán y vestirán a partir de ese momento. No puede haber consuelo cuando vivir sólo es una metáfora.

 



Y finalmente, si a alguno se le ocurre emigrar a uno de esos Estados ricos que se han mostrado tan solidarios, les diremos que no, que eso era cuando su país dejó de existir o quedó devastado, que si quieren ser alimentados, educados, curados de sus enfermedades y reconocidos como seres humanos, aquí no tenemos sitio porque eso es robarnos una ínfima porción de nuestra buena vida; esa buena vida que permite sin escandalizarse que un solo deportista cobre él solito casi tanto, o más, de lo que alcanza el PIB de su país; esa buena vida que se preocupa por la salud mental de sus habitantes cuando no pueden adquirir el mejor coche o la casa de sus sueños; esa buena vida que invierte en actos suntuosos o en proyectos arquitectónicos desmesurados e innecesarios que cuestan miles de millones de euros para llegar a ser los primeros en el ranking de la modernidad. Y así hasta el infinito. Pero ellos no tienen cabida, ellos no tienen derecho siquiera a recibir las migajas del pastel.

Nosotros, los de la buena vida, nos vamos por la noche a la cama y dormimos; ellos, los de la no vida, llega la noche y no sólo no duermen sino que no tienen lugar donde caerse muertos, ni lo tendrán.



No olvidarlos es poesía.

13 enero 2010

¿Se puede llegar a helar el corazón?



Hay ocasiones en los que una no sabe cómo gestionar sentimientos tales como la pena y la decepción cuando son consecuencia de situaciones que no por temidas son menos inesperadas. Demasiadas veces creemos que lo razonable es que la amistad, el cariño y la confianza que repartimos tengan consecuencias positivas y quienes los reciben sean capaces de responder en igual medida, pero no siempre es así. Sigo siendo ingenua, que es casi lo mismo que decir que suelo tener buena fe, pero a veces la vena de la rabia se inflama y no encuentro más que palabras gruesas pujando en mi garganta para ver cuál consigue salir primero y devolver el daño. Y no quiero porque sé que éste puede ser aún mayor que el que he recibido y luego me quedaré con la mala conciencia de haber actuado de forma desmedida y hasta desproporcionada. Así que callo, y cuando callo por temor a mí misma, aún sintiéndome gravemente ofendida, no lo hago convencida de que esa sea la mejor solución porque siento en el estómago el rugir de la impotencia y de la injusticia y en el corazón congelarse los latidos.


Dejo pasar las horas y la rabia se disipa, la ofensa se sumerge en el olvido y reanudo el camino guiándome por la estrella más brillante, pero el frío ya no se marchará nunca.

Hoy no late la poesía.

10 enero 2010

Esas pequeñas cosas-1





Casas de Tembleque (Toledo) tomadas el 08/01/2010 al día siguiente de la nevada. (I. Huete)



Una de las cosas que me enamoró de la película Doctor Zhivago fueron las imágenes nevadas de la casa en la que se refugian Lara, su hija y Yuri, en Varikinno. Cuando el viernes vi estas casas de Tembleque con las estalactitas provocadas por la nieve y posterior helada (hacía un frío que cortaba la respiración) me acordé de aquellos paisajes y de la hermosa escena nocturna en la que Yuri, sentado frente al escritorio a la tenue luz de una vela, se dispone a escribir sus poema dedicados a Lara. La ventisca soplando en el exterior y la iluminación cálida y acogedora del interior de la estancia. Puro poema escénico.






Pequeñas cosas y poesía.

06 enero 2010

Creación del Club de las Personas Positivas






Pues esto se acabó, se marcharon los reyes y esta noche las luces de todas las ciudades se apagarán hasta que finalice este nuevo año 2010. Yo debería hacer lo mismo con los adornos de mi casa pero sé que tanto por nostalgia como por pereza seguiré disfrutando de ellos hasta final de mes... Si tuviera espacio mantendría el árbol y el belén durante todo el año, ¿por qué no si me gustan? En mi familia ha sido tradición poner el nacimiento, después vino el árbol, y con los años me dieron el título de "ponedora de Belenes" porque lo hago con mucho detalle y mimo; soy manitas y me encantan las miniaturas, así que intento reproducir con la máxima fidelidad el ambiente del momento que representa. Cada año compro pequeños detalles nuevos en el mercadillo navideño de la Pl. Mayor y poco a poco la familia belenística va aumentando, lo que implica cada vez más espacio y complejidad pero yo disfruto con ello y pienso que, en definitiva, es lo único que importa.


He pasado unas fiestas bastante simpáticas en las que he reído mucho y creo haber reído bien, lo que no deja de ser un lujo. Noche Buena y Navidad con mis hermanas y algunos sobrinos en Murcia, Fin de Año en Madrid, en casita, con personas que quiero, y Reyes en el pueblo disfrutando de la tranquilidad y del silencio, con roscón incluido. He comido y bebido sin exceso; he dado y recibido besos y abrazos a/de gente de bien, de esa de la que no puedes prescindir; he repartido los regalos de la manera que más equitativa me ha parecido; he jugado a la lotería y sólo me ha tocado el reintegro de la del Niño pero no me quejo; no he hecho propósito ninguno para el nuevo año porque casi nunca los cumplo salvo, quizá, el proponerme serenidad de cara a mi salud cuando en febrero me vuelvan a hacer pruebas. Nada va a cambiar especialmente mi vida en estos próximos 12 meses excepto los tres libros que tengo pendientes de editar y que ya empiezo a preparar, alguno con un retraso considerable (¿me perdonarás querida amiga que no viniste a Madrid aquel sábado de diciembre?). 


Mis deseos son mantener mi amor a la vida, el sentido del humor, disfrutar de lo bello, ser mejor persona en la medida de lo posible, conservar y mimar a mis amigas y amigos, seguir viendo el mundo con los colores del arco iris aún en los momentos en los que parezca que sus pilares se derrumban y contribuir a sostenerlos con mi pequeño granito de arena. Y lo que deseo para mí se lo deseo a todas/os los que quieran unirse al Club de las Personas Positivas, a esas personas cuyo corazón es capaz de latir ante las pequeñas cosas y en su mirada no tienen cabida las tormentas destructoras.




Fuerza y poesía.

FOTOLIA