Adu, Donce e Isa se llamaban, pues, las tres princesitas o princesotas, que para el caso da igual.

Una, Adu, parecía vigilante al principio porque no sabía con qué especímenes humanos se encontraría, ni siquiera si serían realmente humanos, aunque después de cruzar campechanamente los brazos para salir en la foto, en plan "Aquí estoy yo, ¿pasa algo?", empezó a soltarse la melena pero no lo suficiente porque era adicta a la cerveza 0'0 y eso no anima al descuelgue total de mandíbula. Aunque de todo hubo...

La segunda, Donce (ni 12 ni 11, ¿lo pillas?), a la que la tercera en cuestión, Isabel, osea yo, ya conocía de otro encuentro al que acudió algo "apinochada" (hay material gráfico en este blog que lo corrobora), apareció con sus aires serios y formalitos, con su carita de rosa y su cuerpazo divino. Tampoco se permitió decir muchas paridas porque era adicta al Nestea, pero después de sacarse unas delicadas bailarinas del talego que llevaba para sustituir a unos espantosos zapatos de cristal blanco que le hacían polvo los callos, empezó a tener pequeñas sacudidas de risa y a perder el miedo a mostrarse más vivaracha. Y es que Donce es una doncella que se cree un sapo con alma de gelatina de fresa. Así que, ni corta ni perezosa, Adu le fotografió los pies con su calzado 24 h. para demostrar que los de la Cenicienta al lado de los suyos eran puros cascos caballunos y los famosos zapatos de cristal una horterada.

La tercera, osea yo, no me saco en solitario porque estoy hasta el moño de verme reír y porque la pérfida Adu me hizo una foto donde más que una chica alegre y vivaracha parecía un ninot de los que se queman en las hogueras de las Fallas valencianas, así que yo la he "quemado" en el fuego de mi ordenata que, entre otras cosas, está para cumplir con esos menesteres destructivos.
Pudimos hacer un reportaje gráfico a lo grande pero la cámara de Adu dijo que "nones", que sólo hacía las fotos que le daba la gana y hasta se dejó manosear por un vecino de mesa argentino que antes de que le dijéramos nada ya se estaba ofreciendo a retratarnos sin pudor alguno.

Antes de marcharnos -o para provocar que nos fuéramos- a otra terracita recoleta y animada del Barrio de las Letras, el jefecillo de los camaretas intentó meterle mano por el costadillo a Adu mientras me miraba de soslayo por si me estaba dando cuenta y saltaba en defensa del honor de mi recién conocida amiga. No lo hice porque no suelo meterme nunca enmedio de las relaciones de pareja ajenas y menos aún cuando hay sexo incipiente por medio. La expresión de ella lo dice todo...

Fue un encuentro cargado de intenciones inconfesables, chantajes loteros, frivolidad y sexo duro. A las pruebas me remito...
Eso sí: nos lo pasamos pipa, ¡hasta hablamos de "Voces del extremo"! ¡Con dos ovarios! La pena es que yo tenía cuerpo de marcha y ellas de descanso. Como nos toque la lotería...
Un encuentro inolvidable, muchas risas y poco alcohol (yo fui la única que no me privé de ese placer, aunque sin excesos), como buenas y dulces princesitas que somos, ¿o brujas malvadas? Creo que podríamos llamarnos las "treatro": ni 3 ni 4, ¿lo pilláis?
Os quiero, chicarronas. Gracias por estar ahí.
Blogueras y poesía.