Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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14 agosto 2009

Los castillos en el aire siempre se los acaba llevando el viento - 1

Estando sentada en una terraza leyendo un libro (no suelo leer en lugares así), se me acerca un hombre conocido al que hace mucho tiempo que no veo pero que, por razones que no puedo explicar, me produce cierto rechazo. Sin embargo le dejo sentarse y después de invitarme a tomar una copa me quita el libro de entre las manos y me cuenta que lo ha escrito él. Eso me confunde porque no me parecía que el autor llevara su nombre, sin embargo le felicito porque el libro me está pareciendo muy interesante. Lo he escrito para ti. ¿Para mí? No sé por qué te extraña si sabes que eres el amor de mi vida. Ha sido una forma de poder recordarte en cada palabra que he plasmado sobre el papel. Me emociono a pesar de que no quiero y le doy las gracias. Sin ton ni son, aparece otro hombre y se sienta en la mesa sin decir nada. El hombre me lo presenta como el sacerdote que nos va a casar. No quiero casarme, le contesto, y además tú también sabes que yo no te quiero. Eso no importa porque estamos predestinados el uno para el otro. ¿Y tu mujer y tus hijos? Ellos no cuentan en esto, tendrán que asumirlo. En contra de lo que siento no puedo oponerme, como si una fuerza que no controlo me empujara a cumplir sus deseos. Sé que no seré feliz y cada vez me siento más angustiada. Quiero levantarme de la silla y no puedo. El hombre empieza a tocarme mientras mira al cura sonriendo. La tengo en mis manos, le oigo decir aunque sus labios no se mueven. Ya no puedo ni hablar, ni siquiera mirarle de frente. Ahora estoy atada a la silla y siento a la gente a mi alrededor mirándome como si fuera un muñeco de feria. Tampoco puedo mirarlos a ellos. El hombre sigue tocándome y el cura se suma al toqueteo. No puedo mirar, no puedo gritar, no puedo llorar, no puedo moverme. Y en ese momento me despierto.

Cuadro del pintor surrealista Jacek Yerka

El encuentro

El hombre es el mismo que hace bastantes años conocí en casa de un amigo, entonces perteneciente a la élite política de este país. Era la época en la que, después de divorciarme y de terminar la carrera, tuve ciertas veleidades políticas aunque gracias a mi sentido de la independencia abandoné la idea por incompatibilidad manifiesta con la obligación de mantener silencio sobre lo que no me gustaba y con la incuestionable práctica de un seguidismo incondicional hacia quienes entonces creían ser los amos del cotarro. Mi amigo organizaba de vez en cuando cenas a las que acudían representantes de los poderes públicos y privados del momento y yo pensaba que eso me permitía codearme con gente interesante de cuyo discurso algo podía aprender... No fue así, pero yo me comportaba como si lo fuera manteniendo una actitud respetuosa hacia sus opiniones aunque sin dejar de opinar, siempre con mesura porque sabía que no era cuestión de ponerse a contradecir con mi habitual vehemencia a personas que se consideraban muy por encima de mí puesto que yo, al fin y al cabo, no era nadie importante, sólo amiga del anfitrión. y de su mujer. Eso sí, casi todos alababan mi supuesta simpatía, inteligencia y lo mona que era...


Tras una de esas cenas, al marcharme, ya bastante tarde, mi amigo me preguntó si había llevado el coche. Le dije que no porque no me gustaba tener que andar buscando aparcamiento a esas horas y cuando sabía que iba a llegar de madrugada prefería cogerme un taxi de vuelta a casa. No te preocupes, Daniel (nombre ficticio) se marcha también y te puede llevar a casa. El tal Daniel era un francés muy larguirucho, algo fondón y con cara de halcón. Era un habitual de las cenas de mi amigo pero nunca había hablado demasiado con él, aunque sí observaba que me miraba con bastante insistencia. Estaba afincado en España desde hacía algunos años y representaba a una importante empresa francesa de inversión en diversos sectores estratégicos.

En el camino hacia casa me estuvo diciendo que por lo que había observado y escuchado las veces que habíamos coincidido, yo le parecía una persona inteligente y preparada, lo cual a mí que soy tan poco vanidosa, me halagó, para qué negarlo, aunque no sabía en qué se basaba para hacer tal afirmación. La cuestión es que fue muy amable conmigo y me dejó frente al portal de mi casa abriéndome la puerta del coche como si de un chofer se tratara. Cortesía al más alto nivel. Me pidió el teléfono alegando que siendo amiga de mi amigo, que también lo era suyo, y dado que en pocos días iba a organizar en su casa (estaba casado) una cena parecida a la que acabábamos de tener, le parecía interesante que yo también asistiera. Mi ego se hinchó un poquito más y le dije, apuntándole mi número, que agradecía mucho su invitación y su amabilidad.

Días después recibí una llamada suya creyendo que era para invitarme a la cena pero me sorprendió cuando dijo que quería comer conmigo porque tenía una proposición que hacerme que quizá podría interesarme. Indudablemente despertó mi curiosidad y por sus palabras deduje que sería para algo de tipo laboral aunque no dejaba de ser una suposición siendo, como era, una funcionaria de medio pelo aunque tuviera un título universitario. A propuesta de él quedamos en uno de los restaurantes más selectos de Madrid y yo, que siempre he sido bastante informal en el vestir, saqué de entre la naftalina uno de los vestidos pijos que acostumbraba a regalarme mi ex (y que yo odiaba ponerme) y un juego de zapatos y bolso que también tenía reservados por si alguna vez se presentaba cualquier ocasión excepcional como de hecho era la que se estaba dando.

La propuesta

El tipo, Daniel, no me levantaba ninguna pasión, así que decidí que iba a intentar comportarme de forma bastante profesional sin establecer con él una relación de confianza y manteniendo las distancias necesarias para que tuviera claro que lo último que pretendía era seducirlo. Fue una decisión guiada más por el instinto que por temor a que me confundiera, pensando que si estaba tan pirado como para proponerme algún trabajo en su empresa lo mejor era que llegara a la conclusión de que ante sí tenía a una persona seria, que lo era aunque no tanto como logré aparentar.

Después de los prolegómenos habituales de un encuentro para comer: que si un jerez seco de aperitivo, que si hace calor o frío, que si las cenas en casa de nuestro común amigo eran la mar de interesantes, que si... Entró al trapo. Como te dije el otro día cuando te acompañé a tu casa, me has parecido una persona interesante y capaz, así que he pensado en ti para proponerte un trabajo que creo que podrías desempeñar a la perfección. Por lo visto mi intuición no me había fallado. Adelante con la propuesta, le respondí poniendo cara de circunstancias. Como sabes, yo soy el director general en España de la compañía "tal" y aparte de las distintas divisiones que tenemos con inversiones en diversos sectores, estamos evaluando crear una nueva dedicada al leasing. Ya tenemos hechos varios estudios de mercado y en España todavía no hay nada desarrollado en este sector, así que pretendemos lanzarlo para final de año con una inversión de (ni me acuerdo, pero era mucho). ¿Sabes en qué consiste el leasing? Sé que tiene algo que ver con el alquiler pero no tengo ni idea de qué va. Me lo explicó por encima y me propuso que me pasara por su despacho para que viera los folletos y documentación referidos al asunto. ¿Te interesaría trabajar en ello? Pues no estoy segura porque desconozco completamente en qué consiste salvo por las cuatro cosas que me has dicho. Tendría que tener más información para saber si me interesa o no. Quedamos para la semana siguiente en su empresa.

Después de mostrarme folletos, estudios de mercado, documentación sobre su implantación en otros países y de darme una lección más exhaustiva de lo que era el leasing, volvió a preguntarme si estaría interesada en trabajar en ello. A pesar de que el tema me pareció bastante árido, mi comportamiento siguió siendo profesional y él parecía estar realmente interesado en que le diera una respuesta afirmativa. Quizá deberías aclararme antes en qué consistiría mi trabajo, cual sería mi función y qué sueldo conllevaría, porque como bien sabes el único trabajo que he desempeñado en mi vida es el de funcionaria... Esperaba que me respondiera con algo como "secretaria del director" o como mucho "comercial". Creo que serías perfecta para llevar la gerencia. Le miré a los ojos con expresión de "Vaya, no está mal", como si a mí me pareciera lo más normal del mundo, pero por dentro estaba hecha un manojo de nervios y por supuesto pensando que era como si me hubiera tocado la lotería. No me dijo cuánto cobraría pero llevada por cierto pudor no insistí porque estaba segura de que desempeñar un puesto de esa categoría equivalía a percibir unos ingresos bastante altos. En mi mente empezó la lechera a imaginar que después de vender su leche acabaría teniendo una finca con ganado.


¿Qué tal andas de francés? Mal, siempre he estudiado inglés pero después de hacer un curso en la Universidad de Estrasburgo he conseguido chapurrearlo algo. Pensé que quizá no debí ser tan sincera, pero nunca se me ha dado bien mentir en estas cosas porque si luego descubren que no es verdad tu reputación queda por los suelos. Tendrás que aprenderlo bien porque, como te he explicado, esta es una empresa francesa y las oficinas centrales están en París. Si aceptas el trabajo tendrás que ir allí con frecuencia. Lo comprendo, dame unos días para pensármelo porque en caso de decidirme todo esto supondría un cambio importante en mi vida. Tómate el tiempo que quieras pero tampoco tardes demasiado porque de aquí a octubre sólo quedan siete meses y es cuando pretendemos empezar a funcionar, con lo que eso supone de preparación, local, publicidad, contratación de personal, comerciales, etc.


Salí de allí con la cabeza como una batidora echando humo. No podía creérmelo, era como un sueño, pero al tiempo me daba miedo lanzarme a una aventura que no es que no tuviera ovarios para afrontarla pero sí miedo a no dar la talla, a que el tipo me hubiese sobrevalorado, a no responder a las expectativas que se hubiese hecho sobre mi capacidad, sobre todo porque me conocía muy superficialmente, el único aval que tenía era mi amistad con nuestro común amigo, y lo que yo pudiera aportar de experiencia en un puesto directivo de ese tipo era menos cero. Pero su comportamiento fue tan serio y su interés parecía tan real que pensé que la causa de tanta desconfianza era, como en tantas otras ocasiones, mi crónica falta de autoestima. Cierto era que parecía una historia más fantástica que real, que de alguna manera sabía que las cosas no suceden habitualmente así, que nadie da duros a pesetas, que todo iba demasiado rápido, pero... ¿Por qué no podía creer por una vez que los dioses se habían fijado en mí? Y si no salía bien, siempre podría volver a mi puesto en la Administración que era lo que hasta el momento me había dado de comer...

Continuará...

(Interrumpo aquí por hoy porque esta historia merece ser contada con cierto detalle -me centro en lo importante dejando de lado cosas supérfluas- para comprender hasta qué punto la gente puede retorcer su mente como quien lo hace para escurrir una toalla con el fin de conseguir sus propósitos. Por eso la voy a contar en dos partes. Evidentemente al haber pasado bastantes años de aquello las palabras que se pronunciaron por parte de ambos quizá no sean las exactas pero se aproximan mucho. Lo interesante es que todo es absolutamente verídico).

Paciencia y poesía.

17 comentarios:

BIPOLAR dijo...

Por partes:

- El dibujo es una pasada.

- El sueño me ha producido escalofríos por distintos motivos (encierra mucha perversión)

- ¡Qué cosas te han pasado en la vida! Como has contado el sueño previamente se supone para lo que te quiere Mesié Grandilocuente. No obstante está muy interesante y espero que le dieras en los cullons.
Esperaremos el desenlace.
Supongo que no puedes decir nombres. Es una pena (¿Air France? :D)

PD: lo del vestidito repollo es difícil de imaginar puesto en ti.

El Ente dijo...

guaaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuu

jajajajjaja la madre que me parió Isabel... ¿como eres capaz de dejar al mismisimo ente comiendose las uñas??? ajajajaaja

ESPERO CON IMPACIENCIA LA CONTINUACION!!!!

BESITOS HERMOSA

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Hija!! que inicio, vaya pesadilla! y el vértigo en el estómago es algo que en mayor o menor medida conocemos todos... al quite, que yo no me pierdo esta historia...

Besos
Marian

Luna dijo...

Jo, Maribel cómo me suenan estas hitorias. Si va por donde parece, puaj, malita me ponen.
Besos de agosto.

Alma Mateos Taborda dijo...

Bellísimo todo, ha sido magnífico leerte.Felicitaciones!

SILVIA dijo...

Por favor, por favor!!!! Sigue pronto con la historia, me he enganchado. Pero que bien se te da esto de escribir guapa. Mil besitos!!! Ay!! Que intriga.....

Merche Pallarés dijo...

Me da que el sueño, mas bien pesadilla, del principio de tu relato tiene mucho que ver con lo que pasó despues ¿me equivoco? Cuenta, cuenta. Besotes guapetona, M.

mojadopapel dijo...

Jo Isabel, me has dejado hecha unas ascuas!, aunque dispongo en estos días de muy poco tiempo no me lo pienso perder..has conseguido engancharme corazona. Besos calurosos.

Adu dijo...

Isabel: está la mar de interesante y, aunque me figuro lo que realmente quería el tipo, no dejes de contarnos en qué acabó la cosa, sowapa. Besis.

La Rodriguez dijo...

Me tienes atrapada con ese estilazo! No fuiste tú la lechera, de verdad... A veces construímos Castillos después de encofrar, sudar como cerditas, cimentando, andamiando y todo; aunque estemos currando en Costructora pirata sin saberlo. Y más tarde sea un cobarde, retorcido, normalmente egoísta, quien nos demuestre otra vez que las Palabras se las lleva el viento, y aquellas grandiosas pasiones sólo eran Castillos en el aire... no som@s mal@s albañiles, que son charlatan@s retocid@s...
Aúpa autoestima!

Isabel Huete dijo...

Chiquis, he estado de finde agostero, con bañis en pisci incluidos pero sin interné y no he podido seguir mi historia, pero prometo que esta semanita la tenéis (lo digo sobre todo por las ansiosas/os).
Jejeje.
Besines gordis.

Fermín Gámez dijo...

No deja de haber algo kafkiano en lo que cuentas, primero por el principio onírico que encabeza el relato... luego por ese tema laboral con introspección psicológica de por medio.

cuentosbrujos dijo...

A mi qu eme encanta montar castillos en el aire
cierto
se caen a la menor, pero no desespero los monto de nuevo

saludos guapa

Antònia P. dijo...

Pues yo espero lo mismo que Bipo que le dieras en todos "los collons".
Besos.

Bipo, es con o aunque los orientales lo pronuncien u. Con o suena mucho más redondo y más contundente.

Isabel, por cierto y para próximas ocasiones o vidas (nunca se sabe) yo le diría no, gracias. Regálame algo que dure para siempre, por ejemplo: unos cuantos diamantes. Siempre son una buena inversión. Pero ¿vestidos? Vaya gilipollas.

AntWaters Daza dijo...

Hummm, pues lo que yo me he quedado por último preguntando es si "retorcer sus cabezas" o "retorcer las nuestras".

Hace no mucho leí a una chica algo con lo que me identifiqué: "descreída de lo bueno". Si alguien me dijera que si inteligente que si tal y cual Pascual, como tú estaría apunto de preguntarle en qué se basaba y en rechazarlo después.

Nooo sé; como consecuencias de la sobada de esta tarde y preocupaciones varias, he estado navegando. Pues verás, me ha tocado un mercedez por ser el visitante no sé cuántos; y 10.000 € que sólo tengo que llamar para recoger :)

Recuerdo una frase, pronunciada a un ludópata: "¿Crees que todas esas luces brillan por ti?".

Besos de polilla en las Vegas, y es interesante el proceso de escribir algo que se recuerda; lo que viene, lo que no, lo que se deja porque es mejor de otro modo; subiendo

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

voy al siguiente

Pilar dijo...

EStoy enganchada a tu historia, me encanta cómo narras, y otra vez de nuevo me siento identificada con muchas cosas que piensas y que incluso te han pasado.
Sigo leyendo.
otro besote isabel huetecilla

FOTOLIA