Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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13 septiembre 2007

Querer

Todos queremos siempre algo, es como si al nacer cada nuevo día nuestra mente, por un lado, y nuestro entorno, por otro, nos incitaran a inyectarnos una nueva dosis de vida. Y no quiero engañarme, porque la palabra vida no siempre es sinónimo de "buen vivir" y "bien vivir". La vida, para nuestra desesperación, encierra todo lo bueno y lo malo que sentimos y hacemos, y lo mismo digo para todo aquello que nos rodea.
Vivir es hacer un recorrido sinuoso (la foto, de Francia, es un símbolo) sorteando los miles de elementos y obstáculos que se nos cruzan para, supuestamente, alcanzar la meta que nos hayamos propuesto. ¿Pero hay realmente una meta definida y, si la hay, es habitual que la lleguemos a alcanzar? Yo creo que va a ser que no, porque a medida que pasa el tiempo y vamos evolucionando el camino se va difuminando y con él los objetivos. O se va bifurcando en otras sendas que, unas veces por curiosidad y otras por necesidad, nos desvían del recorrido inicial y nos abren nuevas expectativas.
La experiencia nos abre el campo del conocimiento, y éste, creo que de forma inevitable, nos lleva a ir modificando nuestras necesidades y quereres, y las prioridades. Cuando yo era una adolescente vivía como si el mundo debiera girar alrededor mío, de tan importante que me creía; con unos cuantos años más, ya independizada y divorciada, la vida me parecía un horror, insufrible, y me encerré en mí misma como un mejillón de esos que no hay dios que se abran, perdiéndome muchas cosas interesantes que luego me ha costado dios y ayuda recuperar (algunas las he perdido irremediablemente); y ya en la edad madura la vida sólo tiene para mí sentido si comparto mis experiencias, mis pensamientos y sentimientos con las personas a las que quiero, y/o que se dejan querer. Ya no me interesa tanto caminar como crecer, quizá porque he caminado mucho y me he detenido demasiado en lo que me rodeaba, lo cual me ha enriquecido independientemente de las equivocaciones que haya cometido, mientras que ahora lo que más me importa es alimentarme de la sabiduría que desprende toda experiencia y que he ido acumulando, para crecer y sentirme más viva que nunca.
Pero hoy la vida me duele un poco, hoy 13 de septiembre, porque mi hermano tiene un problema que no puedo ayudarle a resolver. Toda la sabiduría que haya podido acumular a lo largo de los años no me sirve para nada. No me sirvió en su momento para convencerle de que dejara de hacer tonterías y no me sirve ahora para solucionarle el problema. Bueno, quizá su problema se lo haya buscado él solito y deba yo pasar de ello, pero es que lo que me duele verdaderamente es las consecuencias que todo esto puede acarrear, a mi madre sobre todo, a la que no quiero que nadie me toque... La vida, cuando le prestas atención, te enseña de todo, pero creo que una de las cosas más difíciles de aprender es a superar la impotencia.

Querer y poesía

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