Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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10 marzo 2008

Dudas, tristezas y otros sinsabores

Yo no sé -o quizá sí- si la duda y la incertidumbre producen tristeza y ello nos lleva a teñir de gris nuestra vida por unos minutos, unas horas, o para siempre. Lo que sí sé por experiencia es que cualquier color se puede cambiar, pero para ello hay que saber reconocer ese arco iris que abarca todo nuestro interior, esa paleta de colores que se puede utilizar para cambiar el tono de las cosas que nos habitan en lo más profundo y dejar que salgan fuera, darles la libertad. Si podemos distinguir con la vista los millones de colores que nos rodean, y nos la alegran, ¿por qué nos empeñamos en darle más importancia al blanco y al negro, pasando por el gris, al mirarnos hacia dentro? Tenemos un cierto sentimiento trágico de la vida -Unamuno escribió un delicioso ensayo sobre él-, que nos lleva a interiorizar con más facilidad la tristeza que la alegría. Creo que es por eso que, cuando estamos tristes, necesitamos hablar de ello, mientras que cuando la alegría nos inunda no creemos necesario trasmitirla de forma especial. Y creo que nos equivocamos tanto en lo uno como en lo otro.

Leía el sábado un artículo de Vicente Verdú en El País que me llamó mucho la atención y que se titulaba El soñado cuerpo de los otros. Se basaba en lo que ahora se llama la "psiquiatría emocional", uno de cuyos mayores defensores es el psiquiatra italiano Eugenio Borgna. Aparte de lo que dice en el resto del artículo (todo él es muy ilustrativo sobre el miedo a exteriorizar los sentimientos y las trabas que la forma de vida actual nos pone para poder expresarlos), voy a extractar dos párrafos que, a mi entender, lo resume todo:

Cada vez, según dijo Borgna en el Foro Complutense del pasado miércoles, vivimos más en la "desertización sentimental". Los espectadores lloran acaso en la oscuridad del cine o en la clausura de las consultas pero se controlan duramente en el transcurso de su vida visible. Siempre más los hombres que las mujeres.... El rendimiento laboral requiere equilibrio interior, y toda perturbación conocida o reconocida despierta recelos, anula un ascenso y pone en cuarentena el grado de productividad. Lo aconsejable, en consecuencia, es callar, aguantar, trabajar en silencio, huir de las confidencias, tragar y tragar. El efecto natural se manifiesta en los graves atascos emocionales, la colmatación de la soledad y la parálisis de las comunicaciones interpersonales.... La actual "desertización sentimental" se corresponde con la falta de un mutuo e indispensable riego melancólico. "Estamos devorados por la indiferencia que caracteriza nuestro modo de vida cuando estamos en el trabajo e incluso cuando estamos en casa", dice Borgna. Hablamos poco o casi nada de nuestros sentimientos, manifestamos exiguamente las emociones y, al fin, la angustia personal con sus paralelas sensaciones de náusea crónica no viene a ser sino un síntoma del reprimido deseo por volcar nuestro interior sobre el soñado cuerpo de los otros.

Me parece muy revelador esta forma de expresar lo que muchos/as ya sabemos pero parece que no queremos, o no podemos, o no sabemos, actuar de otra manera. El miedo y la desconfianza nos pueden, quizá también el pudor, y casi siempre el temor a dar "la brasa". Hablar de cualquier cosa, por profunda que sea, pero que no signifique poner en nuestra boca la expresión de un sentimiento apenas nos cuesta, mientras que hablar de lo que nos corroe por dentro, ya sea doloroso o placentero, nos supone un sufrimiento, y eso cuando no lo consideramos una cursilería. Y así nos va... Somos libres para cualquier cosa, o casi, menos para "vomitar" lo que bulle en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Por eso creo que muchos nos hacemos blogueros, porque parece que decir las cosas sin que nos miren a los ojos, sin que nuestros rictus puedan verse, sin que la mirada delate nuestra soledad o nuestro dolor, o nuestra satisfacción, nos protege de los otros pero, a la vez, sabemos que esos otros nos van a leer, y queremos que nos lean. Necesitamos que nos lean. Somos rematadamente idiotas y contradictorios.

Y a pesar de que la persona que escribe este blog sea de las que han perdido mucho el miedo a decir las cosas como las piensa y siente, que no le importa decir un "te quiero" a quien sea que le produzca ese sentimiento, a tocarse con los otros, a acariciar su piel, a reír y a llorar cuantas veces tenga ganas de hacerlo, a mostrar su sensibilidad ante lo bueno y hacia lo malo; digo que, a pesar de todo eso, esa persona calla mucho más de lo que habla. Y sin embargo, tiene siempre el oído atento a lo que los demás dicen porque necesita escucharlos, y aprender de ellos. Y emocionarse con ellos. Ha ganado muchas batallas contra el miedo, pero le queda por ganar la guerra y erigirse en dueña total de sí misma. Quizá nunca lo consiga, pero está en ello.

Me dolió realmente la debacle de Izquierda Unida porque no me pareció justo, y me cabreó el escaño de Rosa Díez, no por habérselo podido quitar al PSOE sino por ser la candidata más tramposa de entre todos los que se presentaban, que ya es decir. Leyendo y escuchando lo que dice mucha gente, parece que nadie se quedó agusto con lo que votó excepto los que votaron al PP. Que me lo expliquen, por favor, porque soy algo cortita y no lo entiendo. Supuestamente, muchos/as votaron el mal menor, luego primó el voto útil, pero nadie explica por qué lo hizo, cuáles son las razones de su descontento o de sus dudas. El "no me gustaba nadie en especial, pero voté" no me vale, me parece algo incoherente. En ese caso entiendo más a los que se abstuvieron. Pienso que la democracia no consiste únicamente en ir a votar sino votar a quienes se cree que pueden solucionar mejor los problemas o defienden lo mismo, o parecido, que nosotros defendemos, aunque cometan errores, como todos. Es imposible coincidir al 100% con cualquier opción, pero siempre habrá algunos con los que estemos más en sintonía. Quizá se haya puesto de moda el no mojarse, ¿o es que, enlazando con la disertación anterior, da miedo mojarse? ¿A quién o a qué le otorgamos tanto poder como para que nos haga callar?

No al miedo y poesía.

1 comentario:

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Déjales que digan. Vaya cuatro años que nos esperan...

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