Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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07 junio 2007

De la Administración

El otro día me quedé sin hablar de este "peazo" Administración pública que tenemos, la cual me tiene absolutamente cabreada desde el lunes, tan cabreada que desata en mí los peores instintos, los más violentos; vamos, que si no fuera porque la Mina Conchita está ya muy trillada, me iría allí a coger un poquito de Goma2 Eco, o sin Eco, y la pondría en el culo de alguno/a de los probos funcionatas de "nuestra" querida Administración Autonómica, esa a la que llaman la CAM, tan "eficiente" después de manejarla con mano de hierro Barby-Espe. Lo cuento:
De pequeñita (de bebesita, que diría mi querida amiga mexicana Gabriela) tuve una infección de oído que tardaron bastante en descubrir, supongo que porque desde mi más tierna infancia y hasta no hace tantos años he sido especialista en encubrir y/o disimular todo lo que ocurría, y discurría, dentro de mí... Creo que con esa otitis me estrené y tanto entonces como en años posteriores fui incapaz de comprender el perjuicio que la excesiva interiorización puede ocasionar en quien la practica o se deja llevar por ella. Evidentemente mi razón todavía estaba encapsulada cuando sufrí de la otitis, pero yo creo que el instinto, que brota de inmediato, ya me llevó a hacerme la puñeta y a no dejar que mi oído supurara. Total, que tardaron tanto en diagnosticarme que perdí parte de la audición del oído derecho de por vida y, claro, ahora con el paso de la vida, que no de los años, se va agudizando poco a poco.
La cuestión es que si alcanzas una minusvalía de al menos un 33%, ya sea por una única causa o sumando varias (yo como tengo varias taras, en esto soy un paradigma) pues desgrabas bastante en el IRPF, y si tras esa desgrabación no superas una determinada cantidad y, además, tienes una casa alquilada desde antes del 95, como es mi caso, pues ya ni te cuento lo que te pueden devolver. Aparte de que te libras de pagar el Impuesto de Circulación y tienes rebajas sustanciales en determinados servicios municipales. ¡Un chollete, vamos!
Pues yo envié, certificado y urgente, todos los certificados que me pedían para que me declararan minusválida al 33%... a primeros de abril, con el agravante de que el Centro Base de la Consejería de la Comunidad que lleva estas historias y que me correspondía por cercanía estaba tan saturado que me remitieron a otro en Coslada, pueblo de Madrid que está a tomar por culo de mi casa, el cual, supuestamente, tenía menos gente. Y digo supuestamente porque me avisaron que tardaría al menos ¡dos meses! en enviarme el resultado de la evaluación. Bueno, pensé, antes de que se acabe el plazo para presentar la Declaración de la Renta ya lo tendré y si me piden justificación de la desgravación, como hicieron el año pasado, esta vez sí la podré aportar... Así que llamé al susodicho centro de Coslada el pasado martes y, ¡oh, sorpresa!, me dicen que no les consta haber recibido nada y por lo tanto la valuación está sin hacer. Bueno, vuelvo a pensar, llamaré a Correos para que me digan qué ha pasado. Y la respuesta fue que les constaba que la entrega se había hecho, aunque si quería me podían hacer un certificado (¡venga certificados!) con todos los datos... pero me costaría 11 € la bromita... ¡Once euros por enviar un fax a la Oficina de Coslada y recibir otro desde allí! Bueno, serénate, me dije, si en vez de pedirlo desde la oficina de Correos de Madrid te vas directamente a la de Coslada y se lo pides allí te ahorrarás una pasta. Pues que no, que eso no lo puedes hacer, que te jodas, que el procedimiento es el que es y de los 11 € no te libra nadie si quieres el papelito. Así que a soltar el parné para que una banda de ladrones vaya usted a saber qué hará con ello, a esperar la respuesta, a solicitar a los médicos sus nuevos certificados, porque la copia de los que ya envié no sirve y han de ser originales, y vuelta a esperar que me los expidan, y vuelta a enviarlos (esta vez con acuse de recibo, por mi gato), y vuelta a esperar que me hagan la valoración, y vuelta a esperar dos meses (como mínimo), y eso si es que a causa de las vacaciones de los/as "funcionarios evaluadores" no tardan cuatro.
Bueno, bueno, bueno, titi, tranqui, guárdate la bilis como te guardaste la supuración del oído cuando eras bebesita, tómate unas copejas y lígate a un maromo chipén (¡demasiado trabajo!), que la vida son cuatro días y por unos cabrones de funcionatas como lo eres tú, jilipollas, aunque lo intentes disimular y vayas de sindicalista, no vas a amargarte el finde.
El espejo no para de reírse después de ver el careto de tonta que se me ha quedado.
¡Con lo bien que me hubiese venido ir a la presentación del libro de Lucas, nuestro koala-puesto, a la Rioja esta tarde! Y a escucharle tocar el didgeridoo, tan relajante. Pero no siempre una puede hacer lo que le gustaría. Me quedo con el consuelo de felicitarle por esos poemas y por esas notas que son un bálsamo para los sentidos, el del oído fundamentalmente...
Didgeridoo y poesía.

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