Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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26 agosto 2008

Mami Panchita se divierte

Mami Panchita tenía un finde al completo, y se preparó para aguantar las pequeñas tajaditas que se iba a coger tomándose un antiácido en el previo a la marcha. Se acicaló como corresponden a los eventos serios porque siempre ha considerado que nada hay más serio que reunirse con los amigotes/as para desencajar la mandíbula a placer. La primera cita era el sábado a las 09:30 h. en un Leizarrán, para llenar el buche antes de empezar con las copichuelas.

Había quedado primero en su casa con Carmen, amiga suya de años ha, para ir calentando motores, contarse sin testigos los acontecimientos de sus respectivas vidas del último año, y consolarse mutuamente de las horas menos felices pasadas, aunque también hubo risas desatadas con los momentos más divertidos. La cosa empezaba de lujo.

Mami P. quiere a Carmen como a una hermana, y el hecho de que, desde hace un tiempo, no se vean más que una o dos veces al año no cambia nada. Se conocieron cuando ambas trabajaban en el Instituto de la Mujer, y se hicieron amigas compartiendo las luchas que mantuvieron con la dirección desde la misma Sección Sindical. Cuando Mami P., que era la Secretaria de dicha Sección, se liberó para trabajar en la dirección del Sindicato, traspasó el bastón de mando a Carmen porque le parecía que era la más mejor, aunque no sin antes tener que escuchar más que protestas por parte de ella, que no quería asumir responsabilidad alguna. Pero lo hizo, y lo hizo bien. Después de varios años sin verse, se reencontraron militando en el mismo partido político y reanudaron la amistad formando un grupejo de lo más interesante con la gente más comprometida, más sana, y también más divertida. Todos jóvenes, claro.

Así que la amistad viene de lejos y hay mucha complicidad entre ambas. Y comparten también la relación con los amigos que en su día hicieron, como son Alberto B. y el Tertulias (el Tertu, para abreviar), que son los dos maromos con los que quedaron esa noche. Son un cuarteto heterogéneo y divertido, aunque llegaron a ser un sexteto, pero alguno hace tiempo decidió hacer mutis por el foro. Ya se sabe, casamientos, "propias" sargenteras, o simple desapego. Pero al resto les gusta pasearse por la noche madrileña de vez en cuando para, entre copa y copa, desgranar a golpe de risa sus vidas.

Y esa noche no les decepcionó porque la marcha a Talavera de Alberto B. les hizo sacar a relucir, con más énfasis, si cabe, que de costumbre, todo su buen humor y, en el caso de Carmen especialmente, derrocharlo como un torrente. Los mojitos volaron (con poco azúcar, oiga) allá donde el Tertu los llevó, que fueron sitios que rayaron lo divino. Así que todos, después de comer, beber, hablar y reír como posesos, se despidieron con abrazos amorosos y con la certidumbre de que el cielo debe ser eso: quemar Madrid por la noche en la mejor de las compañías.

Mami P. cayó en la cuna en plan plancha de hormigón, con el rimel que le llegaba a las orejas y vestida de marrón, azul y beige. Los zapatos se los quitó, pero no recordaba al día siguiente en qué momento lo había hecho o sí había sido el gato quien, temiendo que le ensuciara la parte de la cama en la que se suele echar a dormir, se había dedicado a arrancárselos a mordiscos. Rasguños no se veían en los pies, pero los sesos los tenía llenos de zarpazos. ¡Aguaaaa! El Canal de Isabel II descendió un hectómetro inmediatamente después de que Mami aplacara su sed, y todas las televisiones empezaron a emitir la noticia como si hubiera ocurrido una catástrofe que nadie había previsto. Y por parte de las oposiciones se empezó a culpar al Gobierno por no dar las explicaciones inmediatas y detalladas que el asunto requería. Mami no se enteró de nada porque después de beberse el agua bajó todas las persianas y se volvió a la cuna para intentar recuperar el equilibrio echada boca arriba pues, según ella, es como el barco se mueve menos.

Diooos, qué horreur, si me tengo que preparar para la fiesta de cumpleaños de Peter!, gritó horrorizada saltando de la cuna. Ducha con agua helada, exfoliación de piel (se está pelando del sol que tomó en vacaciones, qué rabia), limado de durezas y gotas descongestivas de los ojos a espuertas para hacer desaparecer la rojez y devolverles su luz de neón habitual. Crema hidratante por todo el cuerpo y unos apañitos aquí y allá en la cara le devolvieron el esplendor (no todo, claro) de veinticuatro horas antes.

Después vendría el "qué me pongo" porque la fiesta requería ir disfrazado, o casi, con motivos caribeños y/o de sus amados Mares del Sur. Las guirnaldas se había ocupado de comprarlas dos días antes, y rebuscando entre las miles de guarrerías que tiene almacenadas en los cajones encontró un pañuelo grande de color turquesa que pensó le podría servir para algo. La figurita de negraza cubana que le regalaron para colgar la bisutería barata que utiliza le dio la idea: pañuelo atado a la cabeza con enorme lazo frontal. Así que con él puesto, una camiseta de tirantes del mismo color, falda blanca volantera, collar florido y pendientes de aros del chino de la esquina, se fue para Escalona (Toledo), a 80 km. de Madrid, que era donde se daba la fiesta.

Antes de cruzar el río Alberche, que transcurre plácidamente a sus píes, consiguió hacer una foto del castillo, espectacular pero abandonado en su perímetro exterior porque fue vendido a un particular por el Ayuntamiento y, claro, se han rehabilitado la parte de vivienda mientras el resto se va cayendo piedra a piedra. Así tenemos el patrimonio nacional castillero, pensó la incombustible Mami P.
Sube que sube, que sube, trepa que trepa, que trepa... la marchita guapa estaba al final de la cuesta.


Peter y Yolanda son amigos de Mami P. de casi toda la vida. A ella la conoció en la facultad el último año de carrera y a él el día que cumplió 33 años cuando Yolanda se lo ligó en un Pub inglés de Madrid, donde Mami jugaba a los dardos casi ha diario, y lo invitó a la fiesta. Viven a las afueras de Londres, pero en verano se vienen a la casa que fue de los padres de Yolanda y que ella se quedó cuando murieron. En la gozada de jardín que tienen, Peter decidió este año celebrar su 50 cumpleaños a todo plan, y claro, no podían faltar los familiares y amigos británicos que se desplazaron desde allí con este motivo. A algunos Mami ya los conocía, aunque apenas se acordaba de ellos, y pensó que no tendría más remedio que beberse unas copitas para dejar fluir su macarrónico inglés. Aunque también reconoció, porque ya tiene edad para hacerlo, que eso no era más que una escusa tonta.

Muacs, muacs, por aquí y por allá, y alegrón enorme de volver a ver a Natalia, la hija de Yoli y Peter, que ya es mucho más que aquella pulguita que lloraba como una descosida cuando su madre la bañaba en la piscina de plástico. Mami P. se abrazó a ella con sus brazos de oso porque la quiere como si fuera su sobrina del alma. Y Peter mirando encantado de haberse conocido de esa guisa.

Y tras el primer rato de presentaciones, aperitivo y bebercio, vino la cena. Barbacoa, como siempre, y, como siempre, según cuenta Mami P., buenísima: chorizo sin aditivos, colorantes y conservantes (Yolanda dixit repetidamente), morcilla, patatas aliñadas, verduritas a la plancha, pinchos de pollo en adobo, y entraña y tira al estilo argentino. Cerveza y sangría para los de paladar fácil, y Ribera del Duero para los más exigentes, entre los que por supuesto estaba Mami P., que no se mete p'al cuerpo cualquier cosa si quiere sobrevivir a los excesos que de vez en cuando comete (cada vez más de vez en cuando) y no evaporarse en el intento.

Los anfitriones, magníficas personas y más magníficos bebedores, se encuentran entre los amigos que más quiere, y quieren a Mami Panchita, y eso a pesar de ser con quienes más discute porque cada vez se entienden menos en cuestiones de política. Pero no puede pasar ningún año sin que se vean y disfruten las horas juntos. Ella, Yolanda, cada vez tiene más incrustada el alma inglesa y parece haber olvidado todo lo que fue e hizo aquí, aunque Mami P. piensa que quizá sólo sea una pose bienintencionada. Han compartido demasiadas cosas juntas como para pensar mal de ella y no para de decirse que cada uno es como es y eso no puede ser un impedimento para mantener la amistad y el cariño. Y, a fe mía, que lo cree de verdad.

Collins, el británico más apetecible que Mami ha conocido nunca, por divertido, humano y cariñoso, estaba para comérselo, y de hecho se lo hubiese comido si no hubiese sido porque su marido, Path, la habría matado antes que ceder un peacito de su sonrosada carne a otra boca que no fuese la suya. Aunque llegó un momento en el que Mami Panchita dudó entre la apetencia mordisquera por Collins y la que se le despertó ante un maromo surafricano de cuerpo estupendísimo y una flor en la oreja, que pululaba entre las mesas como alma en pena. Pero la pobre se quedó con las ganas cuando en una escapada a la soledad del porche delantero para tomar un respiro, se lo encontró besándose con su marío, otro maromito estupendo de ojos azules y mirada dulce al que todavía no había tenido ocasión de echar el ojo. A partir de ese momento se lanzó a la bebida, todo un consuelo servido en plástico. ¡Mierda, no es mi día! Pero ella sabe que desde hace tiempo los no días en estas lides son todos.


Llegó a pensar que tirarse a la piscina podía ser una buena solución para despejar los fracasos, pero empezó a imaginarse las pintas que tendría al salir del agua, lo que le restaría atractivos ante cualquier otra oportunidad que se presentase, aunque, para ser sinceros, muchas no había.


Mayoral, que también estaba invitado y que, como siempre, estaba en su laberinto, era el último cartucho al que agarrarse, así que le exigió que metiera la tripa y adoptara un aire menos profesoral si quería tener algún atractivo. Pero el pobre, tan genial persona y mejor pintor, no es precisamente la alegría de la huerta debido a su timidez crónica, pero tiene la facultad de saberse divertir sin necesidad de pronunciar la más mínima palabra. Y claro, Mami P. quería palique y risas, que para eso está más que preparada, y siguió dando vueltas entre el personal hasta que, cansada de tanto madurito inglés aburrío, se juntó con el personal más joven y se puso a bailar. ¿Por qué no pasamos de tanta música tecno y ponemos un poquito de salsa, merengue y demás?, preguntó ingenuamente... Pues no, querida, que si quieres caldito, toma dos tazas. Aquí no hay de eso. Y es que a Mami P. le encantan los bailes calentitos, pero se tuvo que conformar con lo que había. Pero ni de lejos estaba dispuesta a dejar de divertirse, así que se juntó con Sue, la madre del maromito estupendo de ojos azules, que intentaba hablarle en español y ella contestarle en inglés, lo que llevó a que matuvieran la conversación más surrealista que pueda imaginarse. Eso sí, se partieron el culo de risa escuchándose a sí mismas. Al fin y al cabo de eso se trata, se dijo Mami P., de partirse el culo con lo que sea.


Y llegó el momento de la tarta, más original que de costumbre por los aires del Pacífico que desprendía. Pero Mami P., que no mezcla nunca el vino con el dulce aunque éste provenga de la fruta, pasó de tarta y siguió agarrada a su botella de Rivera del Duero, que estaba de morirse y le estaba dando un puntito majo.


Y así siguió la fiesta hasta las cinco de la madrugá, que se apagaron las luces y la música. Mientras los jóvenes se fueron a ver el encierro de los toros porque eran las fiestas del pueblo (Mami P. es antitaurina hasta el tuétano), los mayores arrastraban sus melopeas hacia la cama. Mami P. hubiese seguido hasta ver amanecer, que es de las cosas que más le gustan, pero sola no le apetecía, así que se dirigió hacia el sofá que le habían adjudicado como cama, y se dejó caer cual viga de acero con su pañuelo azul y su eterna sonrisa dibujada en el rostro.

Y es que Mami Panchita sonríe siempre, hasta el punto de que no sabe dormir sin sonreír. Ella no lo quiere reconocer, pero es tan grave la cosa que la tienen que operar de la mandíbula porque, de tanto reír, se le ha salido el disco de la articulación. Lo malo es que, a pesar de las dificultades que tiene para abrir la boca más de dos centímetros, se sigue riendo, y no sabemos si llegará un momento que ya no podrá cerrarla.

Así fue el finde de Mami P., y lo cuento tal y como me lo contaron quienes estuvieron con ella.

Reirse y poesía.

8 comentarios:

BIPOLAR dijo...

He flipado de verdad... qué fuerte
Isabel que me aburro aquí por los cuatro costados, que esta ciudad me engulle con su encorsetado clasismo y sus paseos de Plaza Mayor... Quiero ser bohemiaaaa

A mi no me importaría haber asistido con la manzana en la boca (vamos de cerdo sobre la fuente)

El que más mola es el de las carnecillas salseras, seguro que es una persona bastante divertida,
REIR SERÁ UNA GRAN AVENTURA....

Imagino que sonreir en el momento final debe ser una buena forma de trasladar un mensaje a los que se quedan. Por supuesto, cada uno lo interpretará como se haya portado con el difunto, JEJE

Andreu Navarra dijo...

Que bien os lo pasais!!!
Con lo guapa que estas con esas flores, las llevaras cuando presentemos Fiebre y ciudad?
[texto escrito con un teclado americano, perdonen las molestias]

Cesc Fortuny i Fabré dijo...

Jajajaja ... espero que MamiP no cierre nunca la boca. Un relato delicioso, me ha parecido sentir la brisita caribeña y oler los frutos de la barbacoa.
MamiP no encontró maromo? pues ellos se lo pierden, menuda delicia van dejando escapar ... de cegatos está el mundo lleno.

Un beso!

Cesc

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Eso es pasarlo bien y lo demás es mirar el tren pasar.

Isabel Huete dijo...

Bipo, la risa, por si sola, no sirve: hay que saber reírse también. A mí se me da de lujo, y es que nací con la sonrisa puesta y todavía no me la he quitado. Y de tanto llorar de risa (que me ocurre con bastante frecuencia) se me ha secado el lagrimal y ya no me quedan lágrimas para llorar de tristeza. No sé si es por eso o por otras cosas, pero ese sentimiento lo he desterrado de mi vida. Espero que nunca más vuelva a llamar a mi puerta.
Besazos, cariño.

¡Andreu, corazón, qué alegría! Vente p'cá que nos vamos a reír un huevo. Ya verás lo bien que lo vamos a pasar en Barcelona con la presentación.
¡Avísame cuando vuelvas!
Un besazo

Cesc, gracias por esos piropillos. ¡Ojalá todos los findes fuesen tan completos! La filosofía de Mami P. es DISFRUTAR, DISFRUTAR Y DISFRUTAR, y yo la comparto :-))))
Sigo sin poderte comentar en tu blog.
Otro besazo.

Pedro, soy de las que pienso que no hay que dejar pasar ningún tren. He estado demasiado tiempo dejando que muchos pasaran, pero desde hace unos años me he propuesto como objetivo prioritario subirme a todos y perder el miedo de no saber cual era su destino final. Hay que arriesgarse para sacarle el máximo jugo a la vida,que para eso está.
Un besazo.

DianNa_ dijo...

Estás preciosa, deberías poner esa foto en tu avatar, te quedaría clavá.

Eres un encanto, nena, me has alegrado la tarde aburrudita que llevaba :))

Gracias y sonrisas :D

Isabel Huete dijo...

Dianna, no sabes lo que me alegro que te hayas divertido conmigo, bueno, más bien con las historietas de Mami P. ¡Yo sí que me lo pasé de lujo! jajaja.
Lo de la foto, ya lo pensé, pero es que le tengo especial cariño a la que tengo puesta. Bueno, lo pensaré...
Tú sí que me haces reír con tus historias. Eres total.
Un besazo.

jg riobò dijo...

El humor no puede faltar en la vida a pesar de los pesares.
Se ve divertido a raudales.

FOTOLIA