Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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15 octubre 2008

¡Estúpidos tacones!

Me pregunto si alguna mujer no intentó de niña calzarse los zapatos de tacón de su madre. Creo que todas en un momento u otro lo hicimos porque identificábamos los tacones, como el pintarse los labios o ponerse colorete, con la edad. No sé si es que no queríamos ser niñas o es que queríamos hacernos mayores deprisa, probablemente para presumir. La madre de las zapatillas y la bata de casa, con la cara limpia y el pelo enredado, se convertía en una especie de princesa de cuento cuando se arreglaba para salir. Admirábamos la transformación y queríamos ser como ellas porque sospechábamos que tras la puerta había un mundo mágico en el que sólo cabían los adultos.

Mis primeros zapatos de tacón me los puse a los 15 años, y eran de mi madre. Unas sandalias azules que me hacían un daño espantoso, pero las sufrí con resignación durante toda una tarde; hasta bailé con ellas en la típica fiestecilla de pandilla veraniega. Cuando llegué a mi casa creí que mis pies nunca más lograrían apoyarse en el suelo de forma normal de tantas llagas como me produjeron. Pero no fue así y durante muchos años llevé zapatos de tacón, en invierno y en verano; con lluvia y con sol; en bodas y en reuniones; en cualquier lugar en el que me encontrara.

Llevé tacones imposibles y alzas más imposibles todavía, incluso llegué a calzar un 35 cuando en realidad calzaba un 38, todo porque pisaba mal y al darlos de sí se me acababan saliendo; no se me ocurrió otra "feliz" idea que ir achicando el tamaño para evitarlo. Quería parecer más alta, más estilizada, más femenina, más atractiva, y quizá también más distante.

No me importaba si cada vez me cansaba más o me dolían más los pies y la espalda. Tenía que arrasar, irrumpir en todo lugar y ante todo tipo de gente como un chorro de lava, y dejar huella. Los tacones eran parte de mi identidad... o eso creía yo. Y luego llegó mi ex, tan estupendo y tan pijo él, diciéndome que si no tenía las piernas suficientemente largas y finas, que si no era demasiado alta (1'67 le parecía poco), que si no tenía suficiente glamour... Y, ale, yo a subirme cada vez en andamios más altos para no defraudar. Hasta que conocí a un hombre bastante mayor que yo que me avisó: tendrás problemas de espalda, y de digestión, y de circulación por ir subida en esos tacones. ¿Qué os pasa a las mujeres que por querer parecer más bellas os ponéis cosas tan antinaturales? Comprendí cuánta razón tenía y decidí enmendarlo: desde hace casi veinte años apenas me pongo tacones, y si me los pongo no pasan de 5 cm. y sólo en ocasiones bastante especiales. Mi cuerpo lo ha agradecido, lo sigue agradeciendo, pero las consecuencias ya son irreparables. Tengo la espalda hecha cisco, los pies hechos un poema y la circulación reclamando duchas de agua fría y masajes a cuatro manos.

El problema es que aunque quiera pasar de las dichosas modas no me dejan. Ayer, buscando unos botines negros cómodos, me tuve que cabrear con varias zapaterías de Madrid por no tener nada que se ajustara a mis necesidades. Que si quieres caldo, toma dos tazas. Vayas donde vayas no encuentras calzado que no sea en punta, y si lo hay chato, es completamente plano (que tampoco) y de plástico. Si lleva poco tacón, es fino filipino; si es de tacón grueso, como yo lo quiero, mide más de 5 cm. o tiene alza. Pero lo que son unos botines negros, sin punta estrecha, de tacón de 2 o 3 cm. y de la anchura de todo el talón, pues como que no. ¡Es que lo que usted busca ya no se lleva! Pues vale, mujer, pero tampoco estaría mal que fabricaran para todos los gustos. Quizá los podría encontrar en la gama de zapatos ortopédicos... Apreté los puños para no lanzar las manos a su delicada garganta. En las cinco zapaterías que miré y pregunté poco más o menos me dijeron lo mismo, así que me marché a casa con la cabeza baja e invadida por los más oscuros instintos asesinos.

La moda... ¡Qué imbéciles somos! Somos capaces de dejarnos arrastrar por una panda de diseñadores, la inmensa mayoría hombres, a los que poco les importa los efectos de ese calzado absurdo y sólo piensan en la estética. ¿Por qué no se los ponen ellos? Ay, hija, es que la pierna de una mujer con zapato de tacón se ve mucho más estilizada y bonita... ¿Para quién, oiga? Pues para todo el que la mire. Mentira cochina. Yo no me fijo en las piernas de las mujeres, ni de los hombres; en todo caso en su culo (de los hombres, claro), y ni eso. No comprendemos las mujeres que por mucho tacón que queramos ponernos, nuestras piernas nunca serán las de una top-model ni andaremos con su gracia y estilo. Yo lo he intentado alguna vez y lo único que he conseguido es parecerme a Lina Morgan... pero peor. Y lo de parecer más altas, pues más de lo mismo: ridiculeces que nos han metido en la cabeza para ser más admiradas por los hombres, como si ellos midieran todos 1,90. Siempre he admirado que hasta el hombre más canijo y feo se crea el rey del mambo.

Ya está bien que tengamos que ir por la vida de barbies, de tener que parecer lo que no somos, de tener que corregirnos por dentro y por fuera, de ser muñecas de almanaque. ¿En qué piensan nuestros queridos hombres? Pues en Halle Berry. ¿Y en qué pensamos nosotras? Pues en parecernos a ella.

No al taconeo y poesía.

15 comentarios:

donce dijo...

Un 35?? (y usando el 38!), Jaaaaaaaaaaaaaaaajajaja, me parto!
pero por dioss Isabel, eso ni una geisha!

Tú ve como a ti te dé la gana... que ya verás como nadie te dice nada (y que se atrevan, que les fulminamos entre las dos!! grrrrrr).
Por cierto dentro de un rato voy al centro, si me da tiempo, echo un vistazo a ver si encuentro lo que buscas.

DianNa_ dijo...

Jajajaaj, nena, me encantan los tacones, en el día a día no los uso, me quedaría clavada en la arena del parque infantil o enganchada en la entrada del super, pero me ponennn!!

Me alegro de que "andes" por aquí.

Te dejo besitos que me voy al parque, sin tacones jajajaj

Se te echa en falta, cariño, besotes ;)

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Las mujeres castigáis demasiado vuestro cuerpo para someteros a lo que os dicen.
Y los hombres lo hacemos cada vez más.
Somos necios.
Besos.

Merche Pallarés dijo...

Nena, yo siempre he seguido el lema de que me pongo lo que me da la gana y con lo que esté cómoda. La moda de marcas me ha importado un comino, siempre. Me niego a seguir las consignas del mundo consumidor en el que estamos sumidos. ¿Camisetas de Custo? Ni muerta me las pondría porque las encuentro horteras. ¿Zapatos de Manolo (los "manolos" de "Sexo en Nueva York")? Ni aunque me pagaran. En fin, este mundo despiadado consumista no ha logrado comerme el coco. Besotes, M.

javiera vega dijo...

Hola Isabel, tan cierto lo que escribes, de tan cierto es divertido... creo que por lo menos donde vivo yo, Australia, las mujeres han aprendido algo acerca de las comodidades de ser ellas mas ellas mismas
Ps: acerca del culo de los hombres, mmmmmmmm yo aun miro...jajajajajaj

Cesc Fortuny i Fabré dijo...

A mi me ponen las botas militares ... sin tacones.
Me importa un bledo la altura de las personas, bueno, a excepción de su altura moral.
No podrás convencerme de que puedes parecerte a Lina Morgan.

amador dijo...

Toda una declaración de principios y además muy divertida.
Claro que pensamos en Halle Berry, igual que vosotras pensareis en un Clooney o en el Pitt de turno. Lo triste no es que alguien idealice a algo o a alguien atractivo, lo lamentable es intentar imponer ese ideal a todos y a todo. Lamentable y peligroso, anadiría.

Isabel Huete dijo...

DONCE, gracias por ofrecerte a buscar mis preciosos botines... No creo que los encuentres porque me he recorrido todas las zapas del centro de Madrid... :((
Pues sí, cariño, así iba yo, cual geisa coja. Jajaja.
Gracias a los dioses hace ya mucho tiempo que desterré las autotorturas.
Un beso grande, cariño.

DIANNA, ya veo que le echas valor y sigues con tus tacones. Bueno, hay personas que los aguantan muy bien, yo desde luego fatal. ¡Y encima cuando los llevaba me pegaba unos leñazos impresionantes en la calle porque parecía que iba buscando todos los baches! Tengo las rodillas llenas de cicatrices... Buahhhh.
Besos, cielo.

PEDRO, la ventaja que tenéis los hombres es que empezáis ahora (ya os arrepentiréis) y no arrastráis las tontunas que hemos hecho, y hacemos, las mujeres. En todo caso, para nosotras es importante vuestro aspecto pero mucho menos que para vosotros el nuestro. Yo, al menos, prefiero mil veces un hombre tierno que guapo.
La necedad es un mal gen. :))
Un besote.

MERCHE, a mí tampoco ha logrado atraparme el mundo de las modas y visto como me da la mismísima. Lo que me da rabia es que en algunas cosas tengamos que pasar por el aro o perder una semana entera en buscar por todas las tiendas habidas y por haber lo que quiero. Si un año no se lleva el azul (mi color preferido) ya puedes volverte mico que no encontrarás un jersey o una falda azul. Ayer intentaba encontrar, aparte de los botines, un jersey fino de cuello alto en color marrón... Pues nada, que no se lleva el marrón, joé.
Besitos.

JAVIERA, es que yo no sé qué pasa en España que hay una euforia absurda por ir a la moda sin pensar en las comodidades. Siempre hemos sido un país de apariencias, supongo que como consecuencia de las carencias que durante tantos años hemos tenido... No lo sé.
Y bueno, para qué engañarnos, yo también les sigo mirando el culillo. Es que hay algunos.... Jajaja.
Besazos grandes.

CESC, a mí también me importa sobre todo la altura moral de las personas, y el tamaño de su corazón.
¿Parecerme a Lina Morgan? Pues exáctamente no, pero cuando me da por hacer el ganso... Jajaja.

AMADOR, la verdad es que cuando cité a Halle Berry fue porque me acordé de que la habías puesto en tu blog como mujer de la semana, o del mes, no recuerdo. Y es que es una mujer a la que considero bellísima, con una belleza especial. Claro que supongo que a ti, además, su cuerpo no te resulta indiferente. Si yo fuera hombre, supongo que tampoco me lo sería. Jejeje.
Esa es la clave, que nos quiera imponer un modelo, o varios, y que consintamos en esa manipulación.
¿Clooney, Pitt? Entre uno y otro, prefiero a Javier Bardem. :))
Un besote.

Isabel Huete dijo...

AMADOR, metí la pata, confundí las fotos que sacó Álvaro F. Magdaleno de Halle Berry con el tuyo. ¿Me perdonas? Fue sólo un despistillo... :((
Besitos compensatorios.

Fernando Manero dijo...

Hoy las mujeres avanzan que es una barbaridad. Ya era hora. Se rebelan contra las modas impuestas, contra los diseños obligados, contra las pautas dirigidas. Ya era hora. Y de eso hay que alegrarse porque así la sociedad se enriquece y la mujer abandona esa cara de resignación que históricamente ha tenido para defender su derecho a ser ella misma y a disponer de su libertad. Ya era hora. Aunque hay que reconocer que todavia queda mucho camino por recorrer y muchas resistencia entre la grey femenina.

Anónimo dijo...

Muy divertido lo tuyo ¡y yo que siempre creí que de verdad calzabas un 35 cuando yo calzaba un 38! ¡La de complejos que me has creado!. Creo que no te perdonaré en la vida ;). En fin, yo tengo el mismo problema, así que he decidido que este año les hago un corte de mangas a los fabricantes de zapatos y paso con lo que tengo. Por lo menos, hasta las rebajas.

Es señal de madurez preferir la comodidad a la apariencia, ser capaces de mandar "lo que se lleva" al carajo para ponernos lo que de verdad nos gusta. Pero cuando veo zapatos con plataforma y un tacón vertiginoso tipo "stiletto" me sale del alma un suspiro de nostalgia. Son, como tantas otras cosas, algo que ya no está a mi alcance. Cosa de los años... y de los kilos.

En cuanto a tu ex... Cariño, cuando te decía aquello yo le hubiese hecho notar la proporción homeopática de los cabellos que adornaban su cráneo.

No te desanimes y sigue buscando. Y si no, cuando vengas para Navidad, nos recorremos todas las zapaterías de por aquí, que hay mogollón y están todas juntas y si no encontramos los zapatos, nos habremos dado una buena caminata para quemar las calorías de los excesos navideños.

Besitos. Carmen

jg riobò dijo...

Somos tan palurdos que estamos esclavizados por la moda.
Yo nunca encuentro lo que quiero o busco, nunca.

Isabel Huete dijo...

FERNANDO, sí,llevas razón, hemos avanzado mucho las mujeres... sobre todo las que ya tenemos cierta edad; las jóvenes siguen reproduciendo los mismos esquemas de toda la vida, al menos en eso de las modas y de las apariencias. Y los jóvenes, igual respecto a su valoración de las chicas. En muchas cosas seguimos estancados en la edad de piedra. Las resistencias son mutuas.
Un besazo.

CARMEN, ¡si es que yo tampoco sabía que calzaba un 38 hasta hace relativamente poco! Incluso hay hormas en las que tengo que usar un 39. Jajaja. Sí, ya sé que tenías complejo de pies grandes, pero hija yo no tenía la culpa de ser tan necia. ¿O sí?
Nunca me sentí cómoda con tacones pero como parecía que había que llevarlos para parecer una señorita estupenda, femenina y elegante... ¡Qué manera de engañarnos! Lo que más me gusta de haberme hecho mayor es lo pasota que me he vuelto para esas cosas.
Y Octavio, pues ya sabes cómo era...
Ya había pensado mirar en Murcia, en Navidad, lo de los botines. Las últimas botas que me compré las encontré allí como a mí me gustaban.
Un besazo, cariño.

JAVIER, así es: somos una panda de palurdos. Me consuela que tú también tengas problemas para encontrar lo que te gusta... Jajaja.
Un besote.

Cathy Pazos dijo...

No es que me sienta enana, pero me gusta mucho usar los tacones muy altos pero dependiendo de mi estado de humor me puedo pasar semanas completas sin tacones.

Lindo post

PILAR dijo...

Isabelita, cariño.
Que estoy de lunes, con pocas ganas de trabajar y que no soporto al pesado éste que acaba de entrar que es el típico funcionario que estoy convencida de que no tiene donde meterla y se aburre una barbaridad, va de investigador y de supercurrante y siempre que se acerca por mi mesa, me coge el teléfono para hablar de su importantísimo trabajo, siempre está a punto de que se le terminen los plazos, joder qué pesado es, que feo y qué listo se cree...
Y después de esta introducción, paso al tema de los tacones.
Pues yo me considero presumida y práctica a la vez.
Me gusta verme mona (uf qué guay) y arreglarme.
Los tacones, lo justito. Porque aunque no soy altísima, me han empezado a gustar a partir de los treintaytantos. Antes ni muerta.
En realidad es que he empezado a ser presumida a partir de esa edad. Antes me daba todo igual.
Joder el pesado sigue hablando, no le aguanto, con la pda y con el móvil...
sigo. Me gusta la moda muy relativamente, la sigo a mi manera, gastarme en ropa de marca ni puedo ni quiero, me gusta ir a los mercadillos y coger de aquí y de allá, me gusta la ropa diferente e intentar hacer mis mezclas. Me gusta la ropa, sí. Pero a mí manera. Mezclar los colores.
Y, sí, me jode no encontrar lo que me gusta. Por cierto, isabel, más de una vez me he comprado zapatos de tacón y les he cortado en el zapatero, te doy ideas por si acaso.
ay, Isabelita, cómo me ha gustado conocerte.
besitos

FOTOLIA