Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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18 mayo 2009

Primera comunión de Sara


Sara hizo ayer la primera comunión. Estaba guapísima con su vestido blanco y sencillo, de jaretitas como lo fue el mío y sin adornos supérfluos. Eso sí, yo llevaba una coronita de pequeñas rosas blancas y un velo también blanco que me llegaba hasta la cintura. Ella sólo una cinta con una pequeña flor. Estaba feliz, era su día y así la retraté en el corral de su casa, en Tembleque (Toledo), donde viven mis queridos Chusa y Banjamín, sus padres y amigos, y donde paso muchos fines de semana haciendo las cosas que me gustan y duermo cual lirón. Es el silencio de la noche y el despertar del canto de los pájaros lo que me da alas para retomar después el resto de la semana siguiente.

Nos juntamos un montón de gente, alguna desconocida y otra muy cercana. Lo importante es que disfrutamos, comimos, bebimos y, sobre todo, reímos.

El corral es una gozada, pero lo mejor de todo son sus enormes rosales cuajados de flores.

Loreto y Clara, dos bellezones de hermanas llenos de encanto por dentro y por fuera.

Benjamín, como siempre, preparando la barbacoa, tarea que nunca le agradecemos lo suficiente.

Floren, un artistazo de la familia de los "Benjamines" al que siempre me encanta volver a ver.

Francesco y Lola, hermana de Chusa y madre de los bellezones. Dos amores.

Mayoral, como siempre en su laberinto, y la amiga de Lola que se autodenomina en los comentarios del blog como "la chica de las mayúsculas". Dos seres peculiares divertidos.

Después, ya atardeciendo, me fui a dormirla. Me desperté a las diez de la noche y me puse a ver Eurovisión, no lo negaré. Me gusta Soraya, me gusta su voz y su fuerza y me pareció un despropósito que quedara en penúltimo lugar, pero estas cosas son así de ridículas. En fin, que después me pasé a ver en La 2 el concierto de Antonio Vega hasta que acabó. Un lujo mucho más interesante pero programado a una hora un tanto intempestiva, como todo lo bueno.

Y se acabó el día con la sensación de haber hecho muchas cosas cuando en realidad no había hecho nada especial, salvo estar con los amigos. ¿Se puede pedir más acaso? Creo que no.

Y hoy, de vuelta hacia Madrid cuando el sol empezaba a ponerse, he creído estar soñando. Es el efecto de la belleza sobre la mente enriquecida por el descanso: los campos castellanos cambiando de color según la dirección que seguían las curvas de la carretera; a la derecha más tonalidades verdes y a la izquierda más amarillas, y los rayos del sol dirigiendo la orquesta de los tonos. También los árboles han jugado a la música del color poniéndose de verde intenso según giraban las sombras o adquiriendo un tono plateado al sucumbir a la luz, y la brisa meciéndolos suavemente. Adornando los arcenes las amapolas y las margaritas amarillas y blancas junto a otras flores color malva que nunca he sabido cómo se llaman. Por un sendero, ya cerca de Getafe, un rebaño de ovejas con su pastor, sin faltar el perro. Las pequeñas casitas de labranza recogidas bajo la sombra de esos enormes árboles que las protegen y una música sonando en mis oídos: Una furtiva lágrima, de Donizzeti. Pavarotti en las entrañas porque me he acordado de mi madre y de lo mucho que hubiese disfrutado contemplando tanta belleza.




Atardecer y poesía.

12 abril 2009

Y digo yo...


¿Qué será mejor que una buena comida a base de barbacoa de costillas, chorizos varios, butifarra y morcilla con unos buenos amigos/as y después de un café tomarse unas copitas de bebidas espirituosas varias en un corral manchego iluminado por el sol? Después del trayecto de su casa a la mía bajo un cielo azul poblado de nubes blancas he llegado a la conclusión de que merezco otra vida. Mañana no quiero ir a trabajar. Mañana nunca será mejor que hoy.

Chusa, Benja, Lola, Francesco, Clara, Loreto, Sara, Mayo, perros, pájaros, avispas, rosales, pinos, brisa, sol, luz, gracias por vuestra compañía.

Días de luz y poesía.

11 febrero 2008

Ayer/mañana

Ayer, que es lo mismo que hace tres días, bebí más de la cuenta, quizá como un preludio de la tajá que me voy a coger después de pasar este susto tan poco previsto. Y es que estoy convencida de que me tiraré de los pelos por haberme acojonado innecesariamente. Pero, en fin, que tampoco voy ahora a fustigarme por lo que pude hacer y no hice, o por lo que no debí hacer e hice.

Pues decía que el viernes me entajé con motivo de hacer una cata de vinos para elegir el que más nos gustara y servirlo en la exposición que José Mayoral inaugura el lunes próximo en los Madriles. Claro, que la cata era también una excusa para juntarnos varios amigos/as en Tembleque (Toledo) donde vive Mayoral, o Mayo. Benjamín, de familia de esas tierras, está casado con Mª Jesús, o Chusa, que es lo mismo, y aparte de vivir en una casa de ensueño tienen también allí un bar, el Cangillón (si no me equivoco), que sirve unos vinos de La Mancha estupendos, y otros bebedizos más modernos. El bar tiene personalidad, pero sus dueños lo superan. Son acogedores y divertidos, generosos y amigos de sus amigos. Y les va la marchita. A ellos se añadieron Lola, hermana de Chusa, y su pareja Francesco. Lola es como un torbellino, la viva imagen de la vitalidad, sensible y dulce como una torrija al vino. Y su italiano, exquisito y simpático, comedido pero tierno, le va como el zapato de cristal de la Cenicienta. No faltó Sara, la pequeña "campanilla" de Chusa, espigada y guapísima, aunque demasiado enamorada de Harry Potter. 

Pues allí nos juntamos todos con Mayo y nos dedicamos a darle al vinazo de La Mancha sin cuartel, aunque todos coincidimos en elegir el mismo para la exposición. Sin duda el mejor, aunque yo para los nombre soy un desastre. Menos mal que Chusa había preparado una de sus estupendas tortillas de patata, la que acompañó de anchoitas de Cantabria, boquerones en vinagre, tostas de salmón, patatas bravas y otras exquisiteces que ayudaron a que el vino subiera más lentamente, pero subió sin que nos resistiéramos. Y claro, las risas nunca pueden faltar en estos encuentros donde la empatía y el apoyo mutuo nunca faltan. El cariño incondicional. Yo sé que, aparte de tener previsto hacer la cata, todos ellos pusieron de su parte lo inimaginable para que yo me olvidara de mis cosillas, y lo consiguieron, ¡vaya si lo consiguieron! Dormí como una bendita. 

Y al día siguiente, en casa de Benja y Chusa, cenita italiana, con raviolis rellenos de trufa blanca a la salsa de cuatro quesos, queso fresco asturiano (muy típico pero no recuerdo el nombre), con un regustillo agrio que invitaba a seguir dándole al vino; no podía faltar la pizza, de dos clases, ni la ensalada. Y de postre turrón de chocolate y mazapán del bueno, de Toledo, de los restos que a todos nos quedan de las épocas navideñas. Para mí un lujo porque me priva el dulce. Esa noche no me emborraché porque ya no aguanto dos noches seguidas de mala vida, pero tuve que hacer un esfuerzo porque la marcha, cuando es guapa y está bien acompañada, me tira sin que me dé tiempo a pensar. Y esa noche dormí igual de bien.

Mañana la realidad se impone: sabré si me hacen o no la punción. Espero que sí para espantar definitivamente la inquietud.

Hay que querer, y quererse, y dejarse querer.

Quereres y poesía. 

FOTOLIA