Bitácora de Isabel Huete
SOLIDARIDAD CON HAITÍ
22 octubre 2009
11 agosto 2009
Los sueños a veces no son
Me gustaría olvidar mis sueños al despertar porque desgraciadamente casi nunca son agradables y al recordarlos, sobre todo los más angustiosos, me quedo sumida durante un rato en su reconstrucción intentando encontrarles alguna explicación que los haga comprensibles, lo cual rara vez consigo por su complejidad. Ahondar en el subconsciente me resulta divertido porque adquirí mucha práctica en los dos años en los que me sometí voluntariamente y con afán indagador a sesiones semanales de psicoanálisis, práctica que por aquel entonces se catalogaba como de locos y para locos. La novedad era que tomé la decisión de seguir esta terapia porque mi interés por la psicología era enorme y pensé que la mejor manera de conocerla era empezando por analizarme a mí misma en profundidad. Sin embargo ya había deambulado por el mundo de la psiquiatría con apenas veinte años porque en mi casa consideraban que mi sentido de la libertad y mi rebeldía tenía un no sé qué de anormal y yo, preocupada porque fuese verdad y, en parte, porque esa opinión me creó cierto complejo de culpabilidad, fui a visitar a un psiquiatra, Pablo, que después de tratarme durante un tiempo y de someterme a diversos test de inteligencia y personalidad acabó concluyendo que quien necesitaba tratamiento no era yo precisamente.
Eso, ni qué decir tiene, me alivió bastante, aparte de que me enamoré perdidamente de su colega, también psiquiatra, que estaba como un queso. Fue un amor frustrado porque no me hizo ni puñetero caso pero gracias a Pablo conseguí superarlo cuando, harto de que le diera la tabarra preguntando por él, me confesó que era gay. Imagino lo incómodo que se debió sentir el colega ante mis insinuaciones (se me notaba tela) en una época en la que ser homosexual había que llevarlo en el más absoluto secreto. Todavía no habíamos superado los tiempos de plomo en este país.
Mª Luisa, la psicoanalista, me dio bastantes claves para interpretar los mensajes que nos llegan del subconsciente y, lo que es mejor, a analizar y desentrañar los misterios de nuestros actos conscientes, que son muchos. Sé, por ejemplo, por qué sueño tantas veces que buceo dentro de una caverna llena de agua y puedo respirar tranquilamente sin necesidad de convertirme en pez, aparte de no poder estirar los brazos y llevarlos siempre doblados y pegados a mi pecho. No es precisamente un sueño doloroso revivir la estancia en el útero materno nadando por un espacio lleno de color y de curiosidades en los que centrar mi atención; sólo hasta que decido que ya me he bañado lo suficiente y quiero salir... No hay salida, y es ahí donde la respiración se me hace ahogo y pataleo desesperadamente intentando encontrar un poco de aire. No hay final porque en ese punto siempre me despierto.
Respecto al consciente, no he conseguido averiguar todavía, por ejemplo, por qué cuando más prisa tengo para llegar a algún sitio, más lenta me vuelvo o me pongo a ordenar cosas que me retrasan aún más y que no requieren ninguna atención especial o pueden esperar sin problema. Es probable, deduzco, que el motivo sea que en realidad no me apetece nada ir a ese lugar previsto o encontrarme con la persona o personas con las que haya concertado una cita. Entonces el análisis es encontrar una respuesta a esa actitud: ¿qué me desagrada para no querer ir? La respuesta hay que encontrarla en uno mismo y no en aquello que tienes pensado o debes hacer ni en las personas con las te vas a encontrar. A veces pienso que me mueve el desinterés por lo más o menos rutinario (no así por lo novedoso), o la pereza con la que la experiencia me va envolviendo con el paso de los años, o el miedo a las consecuencias, o el placer por la soledad (alcanzando a veces cierto grado de misantropía), o sencillamente el descoloque que me produce tener que interrumpir lo que en ese momento estuviera haciendo, ya sea dormir, leer un libro o estar dedicada a la vida contemplativa. No siempre encuentro la respuesta adecuada o siquiera alguna , pero nunca dejo de hacerme la pregunta porque me parece importante saber por qué y para qué hacemos o no las cosas. No es una búsqueda de la perfección sino de encontrar las razón de mis actos para descubrir las trampas que me hago en el solitario, que precisamente porque sé que son trampas no me satisfacen. Sólo intento jugar limpio conmigo misma.
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Etiquetas: Psicología, sueños
24 septiembre 2008
Noche indómita
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Etiquetas: sueños, yo subconsciente
30 mayo 2008
Pasan lo días, y llueve
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Etiquetas: sueños
28 marzo 2008
Pº Infanta Isabel, 29 - 5º izda. Madrid
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Etiquetas: Abuela Carmen, sueños
31 mayo 2007
Un antiguo poema... ¿o un poema antiguo? Y un sueño.
Siento consumirse mi añoranza.Se va derritiendo
lentamente,
como esa nieve blanca suspendida
en una lágrima que se aferra
a mi ventana.
Me olvidarás pronto, murmuraste
aquella noche
ya lejana,
mientras besaba tu cuerpo
hasta convertirlo en sombra
para no sentir tu marcha.
Y después...
NADA.
Esta imagen, tan mágica, la rescaté de algún sitio de internet hace unos meses porque las imágenes envueltas en bruma siempre me han gustado. A la vuelta de Punta Umbría este año, tuve la enorme suerte de disfrutar de un una visión fantástica del parador de Carmona envuelto en por la bruma. Es un castillo con las murallas practicamente en ruinas, pero la silueta era fantasmal y bella como pocas he visto.
Y como el poema, no sé si con alguna calidad o con ninguna, pero mío, muy mío, y en consecuencia muy querido, habla de sombras, pues le añadí la sombre brumosa de este faro.
No sé cuándo lo escribí, pero desde luego hace no menos de quince o veinte años. Lo que sí recuerdo es que me acababa de dar una pequeña-gran hostia sentimental, de esas que crees que te marcarán para toda la vida y que luego olvidas hasta el año en el que se produjo y, en este caso, hasta el nombre de quien la produjo... Así es la vida... ¡por suerte!.
Esta noche he tenido un sueño truculento y divertido, pero lo más interesante de él son las personas con las que lo he compartido: María, una antigua amiga de correrías nocturnas por Madrid a la que no veo desde hace muchos años; Javier Berros y Braulio Noriega, queridos amigos de "La última canana de Pancho Villa", publicación hermana donde las haya; mi madre, una portera vengativa y la policía. Yo, complice de María por el asesinato a porrazos de su padre; Javier y Braulio los estrategas en la confección de una coartada para poder irnos de rositas; mi madre, la encargada de borrar las huellas; la portera, la denunciante por motivos "inconfesable", y la poli tan despistada como en todas las series policiacas en las que el protagonista es el único que se las sabe todas. En fin, que me lo he pasado pipa.
Lo más curioso de los sueños en la capacidad que tiene la mente para mezclar personas que nada tienen que ver unas con otras, además de otorgarles papeles en muchos casos totalmente antagónicos con su verdadera personalidad. Pienso que los sueños son una verdadera escuela de cine, en ellos nada es imposible.
Sueños y poesía.
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Isabel Huete
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Etiquetas: "La última canana de Pancho Villa", bruma, Carmona, castillo, poema, Punta Umbría, sueños







