Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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10 octubre 2009

Cosas que se escuchan en el Metro - 4


08:30 hs. Tres personas con aspecto de oficinistas conversan de pie a mi lado en el andén.

Persona1 - Ya no vuelvo a oír la radio al levantarme porque me pone de mal humor.

Persona2 - ¿Es que ha pasado algo?


Persona1 - Lo de siempre, lo de la corrupción en el PP. Este país no tiene arreglo.

Persona2 - ¡Menudos sinvergüenzas! A esos los cogía yo y los ponía a picar.

Persona3 - Oye, oye, que yo sepa nadie ha dicho que se hayan llevado ellos el dinero sino que lo que lo han utilizado para financiar al partido.


Persona1 - ¡Qué ingenuidad la tuya! ¿De verdad te lo crees?


Persona3 - ¿Y tú te crees lo que dice el PSOE?

Persona2 - No, pero es que son los jueces los que lo están diciendo.

Persona3 - Los jueces todavía no han dicho nada, que yo sepa.


Persona2 - Bueno, la policía.

Persona3 - Es que yo tampoco me creo a la policía porque está a lo que le diga el Gobierno.

Persona1 - Vamos, que te has creído lo de la conspiración mundial.


Persona2 - ¿No te parece curioso que Berlusconi esté utilizando la misma estrategia para defenderse?


Persona3 - A vosotros lo que os pasa es que sois del PSOE.

Persona2 - Yo no soy de nadie, pero creo que todo esto huele a podrido.


Persona3 - Por eso hueles tú así de mal.


Persona1 - ¿Por qué no lo dejamos estar?


Persona2 - Sí, mejor será.

Persona3 - Ahí llega el metro.

Y yo pienso que la confusión de la gente es enorme; unos no se creen nada, ni de estos ni de aquellos ni de los de más allá, y otros se lo creen todo a pesar de las evidencias. En el escenario de la política se está interpretando una obra tan nefasta que los pitidos de los espectadores ahogan las voces de los actores y por mucho que estos griten casi nadie los escucha. Yo los escucho, pero usan un lenguaje que no es el mío.


La deshonestidad enturbia la política y eso no es poesía.

05 marzo 2009

Salud política


A veces nos ponemos malitos y no lo queremos asumir; lo que nos receta el médico lo guardamos en un cajón por si nos sirviera en otra ocasión y cuando nos preguntan respondemos que estamos de lujo, que tenemos algún achaquillo de vez en cuando pero nada serio. El miedo al deterioro hace que no nos reconozcamos en el espejo y empezamos a recomponernos intentando disimular esas ojeras que son como luces rojas en la oscuridad; los labios, por más que intentemos levantarlos por las comisuras, se arquean hacia abajo en un rictus de amargura y nuestra sonrisa se parece más a la de las llenas que a la de la dulce Caperucita.

Otras veces la enfermedad es producto de la aprensión y, sin padecerla, los síntomas se nos incrustan en los huesos y caminamos con el rostro desfigurado y el paso vacilante. La angustia nos domina porque no entendemos qué es realmente lo que nos pasa y si el especialista nos dice que nos convendría visitar a un psicólogo, lo más que se nos ocurre es pensar que es un incompetente. ¿Qué tendrán que ver estos mareos con un psicólogo? Da igual que nos acostemos para ver si se nos pasa: ese horrible malestar sigue mordiéndonos las entrañas y pensar en una posible muerte se vuelve un tema recurrente. De pronto nos descubrimos rezando a ese dios del que llevamos la tira de años renegando: por favor, ya sé que no he hecho las cosas bien, pero, anda, cúrame de este mal que no me deja vivir; si lo haces prometo que a partir de ahora iré a misa todos los domingos, y me confesaré, y estaré más con los niños, y diré siempre la verdad, y no me comportaré como una bestia parda con mis inferiores, y haré la vida a los que me rodean más placentera, y no me atiborraré de tarta de chocolate... ¡Pero haz algo, por favor! ¡No me quiero moriiiiiiir!

Así veo a los políticos desde hace algún tiempo... A algunos, especialmente, deberían comérselos los gusanos.

Desencanto y poesía.

07 octubre 2008

La incertidumbre. ¿Hay salida?


En El País de hoy publica un artículo Daniel Innerarity, profesor de filosofía de la Universidad de Zaragoza, cuyo título es El retorno de la incertidumbre y aparte de parecerme interesante también me ha parecido enormemente revelador (te lo recomiendo especialmente Pedro Ojeda).

En él, según yo lo he entendido, se parte de las siguientes premisas:

1. El saber respecto a la realidad social y la forma de gestionarla ha cambiado, se ha agotado, y hay que replantearse ambos: saber y política así como su relación.

2. El saber ya no descansa sobre certezas y la política debe partir del desconocimiento.

3. La inestabilidad y la incertidumbre se han instalado a todos los niveles, lo que implica que hay que aprender a gobernar el riesgo.

4. La sociedad del conocimiento pasará a ser la del desconocimiento porque cada vez es más consciente de su no-saber y progresa no tanto aumentando sus conocimientos sino aprendiendo a gestionarlos.

5. Los problemas han cambiado y el saber no tiene todas las respuestas porque se requiere otro tipo de saber adecuado a ellos. La ciencia ya no puede liberar a la política de la responsabilidad de decidir en situación de inseguridad.

6. El avance del conocimiento es directamente proporcional al aumento del no-saber, lo que afecta a cuestiones como consecuencias, alcances, límites y fiabilidad de la ciencia.

Concluyendo: que en las relaciones entre saber y poder, hay que tener en cuenta que ni uno sabe tanto ni el otro puede tanto, así que ahora no les queda otra que compartir la incertidumbre. Con ello culmina: De ahí que el problema ya no sea cómo compaginar un saber seguro con un poder soberano, sino cómo articularlos para compensar las debilidades de uno y de otro en orden a combatir juntos la creciente complejidad del mundo.

La lucidez del autor estriba, para mí, en la manera en la que en buena medida aclara el desconcierto en el que estamos sumidos la mayoría de los ciudadanos, si no todos, ante la deriva que están tomando muchas cuestiones que nos afectan: economía, conflictos armados, desigualdad, pobreza, cambio climático, nuevas tecnologías, biomedicina, etc. Asistimos asombrados, inquietos, desconfiados, a una sucesión de acontecimientos cuyos fines no son claros, sus límites cuestionables y sus consecuencias impredecibles.

La cultura de la solución inmediata a los problemas que van surgiendo, tan difícil de modificar, ya no nos sirve porque el conocimiento no alcanza a dar a esos problemas las respuestas adecuadas; problemas que creemos son los se siempre, o parecidos, cuando en realidad han cambiado de tamaño y efectos en la misma medida que la sociedad también lo ha hecho tanto en su estructuración como en los fines que persigue y en los medios que utiliza para ello. Esto trae como consecuencia el resurgimiento del temor y de la incertidumbre tanto en los ciudadanos como en los propios actores responsables y con capacidad de afrontar la nueva situación. La constatación de esta realidad me lleva a recordar la famosa frase anónima: "Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas". Frase hoy de plena actualidad y que a mí siempre me produjo cierta inquietud.

Supongo que el que la ciencia, o el conocimiento, admita sus actuales limitaciones, su no-saber, sus no-respuestas certeras, y que el poder político asuma que el acierto en sus decisiones está también cuestionado por la obligada legitimación a la que ha de someterlas sabiendo que no dispone de la necesaria certidumbre acerca de su validez, será la única manera de tranquilizar a una ciudadanía que se siente ignorada y vapuleada por los vaivenes de unos y otros y por sus mentiras y falsas promesas, tan propias de los patanes.

Conocer de qué pie cojean quienes manejan nuestro destino nos ayudará también a decidir mejor quiénes queremos que gobiernen nuestra incertidumbre y de qué manera, sabiendo de antemano que ninguno de ellos puede prometernos certezas absolutas sino soluciones relativas. La verdad no existe (¿existió alguna vez?) sino miles de interpretaciones de ella. Entonces, ¿por qué permitimos la manipulación constante?

En vez de ir en la línea del reconocimiento de sus carencias, da la impresión de que tanto el saber como la política se están jugando en Bolsa nuestras rentas sociales o, lo que es lo mismo, nuestros derechos e, incluso, nuestras obligaciones, dando por seguro que la carambola final les saldrá de lujo... Y eso no es lo mismo que gobernar el riesgo producto de la incertidumbre, a su vez derivada del desconocimiento, sino, más bien, recurrir a la inversión de nuestro capital social en meras suposiciones, falsos indicios y valoraciones ficticias de los rendimientos. A eso se le llama simple y llanamente especulación.

¡Así nos va!

Humildad y poesía.

03 marzo 2008

Siempre a la izquierda

(Fotomontaje que me envía un amigo)

También Inma Luna me envía un comentario a mi último post "Ante la duda, la más peluda", pero la pobre se equivocó y lo metió en el de "Caña al mono". Me pide que lo ubique donde debe ir, pero es que no sé si se puede hacer el cambio, y si se puede, yo ni idea. Así que lo transcribiré aquí porque me parece importante lo que dice, aunque no comparta alguna de las cosas:
Querida Isabel, por supuesto que IU no tiene la exclusividad de su ideología, es más creo que sus integrantes y votantes estarían encantados de poder exportarla y más en el aspecto al que haces referencia de la defensa de los débiles. Sin embargo no parece que la política socialista de los últimos tiempos se ocupe demasiado de estas cuestiones; no hay más que fijarse en el hecho de que Zapatero esté dispuesto a “devolver” 400 euros a los contribuyentes como si todos los servicios públicos estuviesen ya cubiertos. Desde luego la “política de cheques” no ha sido nunca política de izquierdas y sí la de la construcción de hospitales, escuelas infantiles, mejora de los transportes públicos, etc., etc. Rebajando impuestos como el de patrimonio tampoco parece que se vaya por el camino de que quienes más tienen paguen más, más bien al contrario.Por otro lado, lo que dices de la demagogia de IU en sus propuestas es un argumento más para convencer a los votantes de que los únicos partidos políticos que pueden hacer propuestas serias son PSOE y PP, propuestas no demagógicas y con visos de realidad, en fin, no me parece una crítica ecuánime.Sin embargo, lo que más me preocupa es el hecho de que se esté intentando convencer a los votantes de IU, incluso los que lo son de siempre, de que ahora lo “útil” es votar al PSOE para que no entre la derecha. Este es el voto del miedo que tras el recorrido democrático de España deberíamos tratar de evitar porque no es un juego limpio. Se trata, sobre todo, de intentar que las fuerzas políticas estén más equilibradas para que el bipartidismo no sea tan evidente y haya lugar también para las minorías, para otras ideologías que no sean las de los dos “únicos” partidos con posibilidad de gobierno. Besos, guapa.
29 febrero, 2008 15:26

Querida Inma, te doy la razón en que hay que respetar a las minorías, evitar en lo posible que desaparezcan, no inducir al voto útil y hacer una ley electoral más justa donde los diputados correspondan realmente al voto que se obtiene mediante una proporcionalidad pura que no prime a los partidos mayoritarios, y sobre todo estoy de acuerdo contigo porque yo no soy partidaria de las mayorías absolutas sea cual sea el partido que pueda alcanzarlas. Y eso lo digo porque la experiencia nos ha demostrado que en las anteriores ocasiones que éstas se alcanzaron, ya fuera por el PSOE o por el PP, se acabó actuando desde el Gobierno de forma tan oligárquica que las cúpulas de poder se volvieron en realidad "camarillas" y se fueron alejando más y más de las bases sociales, hasta que la situación se volvió irrespirable. Supongo que por algo se dice que el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Y no me refiero a la corrupción económica, que también se da sin excepción, sino a la corrupción de la acción política, a la corrupción que sufren los deberes que el Gobierno tiene con los ciudadanos, teniendo como normal el incumplimiento de sus propuestas y promesas, o la desviación de sus fines por intereses poco claros. Si gana el PSOE, quiero que tenga como prioridad pactar con IU, incluso me gustaría un gobierno de coalición entre ambos, pero me temo que no alcanzarán entre los dos los votos suficientes y, aún alcanzándolos, no sé si ZP no se inclinará por Convergencia y Unió, lo cual me haría poca gracia. En todo caso, y pensando que ése sería para mí el mejor escenario de todos los posibles, creo que soy algo más pragmática que tú, y lo que en estos momentos me parece mejor para todos es que no gane el PP, y para ello hay que sacar votos de debajo de las piedras, aunque yo apuesto sobre todo el de los indecisos, que si realmente lo son, carecen, a mi modo de entender, de la más mínima ideología. Por eso el discurso debe ser "templado", muy medido. Me gustaría que no fuera así, pero entiendo que sea así.

También estoy de acuerdo contigo que las "propinas" no son propias de una política de izquierdas, pero ayudan (vuelvo al pragmatismo), sobre todo cuando muchas políticas sociales como las que citas (transportes públicos, centros escolares infantiles, construcción de hospitales, etc.) ya no dependen apenas del Gobierno central, por la cuestión de las transferencias, sino de las comunidades autónomas. A pesar de ello, en materia de escuelas infantiles se ha cumplido en un 60% la propuesta en 2004 del PSOE y ahora se ha ampliado a muchas más, pero nunca de forma directa sino subvencionando o transfiriendo pelas a las CC.AA. que, al final, son las que deben poner en funcionamiento los proyectos y acabarlos, lo cual no siempre hacen como debieran. La prueba es que es incomprensible que haya autonomías que tienen perfectamente cubiertas sus necesidades y otras estén todavía buscando entre los escombros la primera piedra para colocarla. En materia de transportes públicos urbanos poco puede hacer el Gobierno, tan sólo puede entrar en carreteras (y no en todas) y en transportes ferroviarios (y tampoco en todos), y ahí se ha dado un paso enorme aunque nunca será suficiente porque no son políticas que se puedan ejecutar a corto plazo. Y no te cuento en vivienda... Al menos el PSOE ha apostado claramente por la vivienda de protección oficial modificando la Ley del Suelo que aprobó el PP, en la que la liberación sin control de suelo público beneficiaba fundamentalmente a las promotoras privadas, a las que les importa un huevo cargarse parajes protegidos o zonas de interés ecológico. Y respecto a la Ley del Patrimonio, no está ni mucho menos claro que vayan a suprimir el impuesto a todo el mundo. Más bien parece que se suprimirá hasta una determinada cantidad, con lo que estoy de acuerdo, pero habrá que verlo si es que gana el PSOE.

Por último, cariño, no pienso que la demagogia sea una seña de identidad de IU en exclusiva. Es una enfermedad que afecta a todos, pero hay que saber reconocer que todos se meten de vez en cuando un "pico" de ella para lograr más votos. Todos, absolutamente todos, necesitan una cierta dosis (unos más y otros menos) para intentar ganar la batalla, lo cual a mí me parece legítimo.


Riamos un poco y poesía.

28 febrero 2008

"Ante la duda, la más peluda"

Mi querida Inma Luna me envía por e-mail este artículo de Almudena Grandes que quisiera dar a conocer porque, aunque no comparta algunas cosas que en él dicen, me parece en todo caso que es interesante.
Qué pena
ALMUDENA GRANDES 18/02/2008

Yo creo, primera persona del presente de indicativo del verbo creer. Yo creo, también del verbo crear. Me levanto todas las mañanas a las siete y media, como los creadores que prefiere Rajoy. No lo hago por gusto, sino por mor de la maternidad, concepto que está muy de moda en este gran mercado persa de ayudas y rebajas donde se celebra la precampaña, y de los horarios de la escuela pública, que ya estaría bien que se pusiera de moda alguna vez. Soy, por tanto, una creadora que cree. En la utilidad de mi voto, por ejemplo. Quizás porque nunca he sido miedosa. Ni en lo que creo del verbo creer, ni en lo que creo del verbo crear.Ahora que ya está claro que la campaña electoral se va a polarizar en una sola dirección, porque la socialdemocracia se va al centro, el centro a la derecha y la derecha a la extrema derecha, yo creo que alguien tiene que ocupar la izquierda, dejar de hacer regalos con el dinero de todos y dedicarse a defender los espacios públicos, que aseguran el bienestar de los más débiles. Yo creo que nada es más útil. ¿Soy ingenua? No. Sé que mi voto vale la cuarta parte que un voto al PSOE o al PP, pero eso no tiene nada que ver con la ingenuidad. Eso es sólo injusto.
Yo creo, y creo en la utilidad de las causas justas. Por eso no me afecta que muchos creadores a los que admiro, algunos a los que quiero, y hasta un hermano mayor, anden por ahí poniéndose cejas postizas. Lo que sí me hace daño es que, en lugar de pedir el voto a Zapatero y atacar de paso al enemigo, digan que pretenden orientar a los votantes de izquierdas que no saben a quién elegir. O sea, que no miran al PP, sino a IU. Desde que lo leí, me siento como una niña bajita, gordita y con gafas, amenazada en el patio por los grandullones del cole, no sea que se me ocurra crecer medio centímetro o ponerme lentillas. Qué feo. Y qué pena.
Y digo que no lo comparto del todo porque no creo que la defensa de los más débiles y/o necesitados la tenga en exclusiva Izquierda Unida. Quizá algunas ayudas no se hayan hecho, o propuesto, de la manera más acertada, incluyendo el momento en el que se anunciaron, también cómo se anunciaron. Quizá, también, sean insuficientes, pero me parece que nadie duda de su necesidad y de que no es criticable que sea con el dinero de todos. Para eso pagamos impuestos, y por supuesto para reforzar y universalizar los servicios públicos. No creo que el PSOE haya sido timorato, sobre todo este PSOE, a la hora de defender lo público. Ni en la educación, ni en la sanidad, ni en la vivienda, ni en la ayuda a los dependientes, ni a las familias, ni a los jubilados, ni a los parados, ni en muchas otras muchas cosas.
Cierto es que los que más ganan no pagan impuestos en proporción a ello y, encima, son los que más defraudan al fisco; que los únicos que aseguran los ingresos de la Hacienda pública son los asalariados, luego son los que más contribuyen al bienestar de todos; que no hay suficiente empuje a la hora de reforzar la inspección fiscal y laboral, y la persecución de los delitos contra el fraude; que debería de alguna manera "sujetarse" el desmadre de privatización de la enseñanza y de la sanidad de las comunidades presididas por la derecha (sobre todo), sin menoscabar las competencias que en esas áreas tienen las autonomías; que falta mucho por hacer en múltiples aspectos para que de verdad esto se pueda considerar un estado de bienestar... Pero también es cierto que por mucho que subieran los impuestos a los que más ganan, no sería suficiente para eliminar nuestras deficiencias, lo que implicaría una subida de impuestos más generalizada, con lo que yo no estoy de acuerdo porque creo que pago bastante más de lo que debiera en proporción a otros.
Tampoco IU está libre de la utilización de la demagogia. Es mucho más fácil, desde la representación que tiene (injusta, desde luego, respecto al número de votos que tiene), proponer el oro y el moro cuando se sabe que no se va a gobernar, que no va a tener que gestionar las cuentas públicas ni asumir la responsabilidad de decidir cómo y entre quiénes se reparten. No todo es blanco ni es negro, ni siempre se puede poner el blanco sobre negro, o a la inversa, como solución a todos los males. Entre uno y otro color hay miles de matices ante los que no se pueden cerrar los ojos, no ver. La realidad nunca puede ser sólo la que uno quiere ver o le interesa ver.
A mí IU me interesa, me parece necesaria y me gustaría que tuviese más representación; incluso creo que lleva razón en muchas demandas que pone encima de la mesa (Estado federal, negociación con ETA, cambio de la Ley Electoral, Memoria Histórica, derecho al voto de los inmigrantes, aborto libre, eutanasia, por poner varios ejemplos nada baladíes), pero en materia económica y en la mayoría de derechos sociales pienso que no tiene mucho que vender como alternativa a lo que propone el PSOE. Sencillamente porque creo que se ha hecho y se va a hacer aún más, eso sí, a otra velocidad de la que pretende IU, que ya veríamos si podría imponerla en caso de gobernar. Metafóricamente hablando, todos sabemos la diferencia sustancial que hay cuando se pasa de ser hijo a ser padre. Por eso, en política, o sobre todo en política, cuando se gobierna, tiene que primar la razón sobre el corazón, aunque sin dejar morir nunca a éste.
También me parece injusto la marginalidad a la que se la está sometiendo en la visualización de esta campaña (y de todas las anteriores en mayor o menor medida), igual que al resto de partidos con representación parlamentaria hasta ahora. El bipartidismo que se está imponiendo lo considero contrario a la participación igualitaria exigible en un sistema democrático parlamentario y no presidencialista, al derecho que todos los ciudadanos tenemos a escuchar todas las propuestas sin ningún tipo de cortapisas en los medios de comunicación públicos, a la pluralidad en los debates. Pero también comprendo, aunque no me parezca motivo suficiente ni excluyente, que la legislatura ha estado totalmente polarizada entre Rajoy y Zapatero, y no creo que el que se haya desarrollado así se deba a un deseo expreso de ZP, sino más bien a un interés bastante espúreo del PP. A la derecha le ha interesado siempre polarizar a la sociedad, atraerse a los sectores más fanáticos y que más añoran el "ordeno y mando", agrupando todos los demonios frente a un sólo foco. Ante semejante situación, me parecería una ingenuidad que el PSOE hubiese optado por negarse a entrar en esa confrontación, sin opción a defenderse, en aras de una posición solidaria con los otros grupos. La política, desde el punto de vista de la lucha por la consecución del poder, no es solidaria ni generosa, nos guste o no. De serlo me parecería una falacia si analizamos su propia esencia. No creo que IU pueda quejarse, en todo caso, de la cancha (interesante, necesaria y justa) que en materia legislativa le ha dado el PSOE en la anterior legislatura. Podría haberle dado más, por supuesto, pero en ningún caso ha sido despreciable.
Llamazares es un personaje que me parece muy válido, con la cabeza bien colocada en su sitio, pero me cuesta mucho extender ese concepto a la mayoría de los demás dirigentes de su coalición, sobre todo a los que defienden todavía el comunismo más casposo y no se resisten a dejar de mandar en ella ni a cambiar sus hábitos de funcionamiento, sobre todo esos donde el "navajeo" es práctica común. Me congratulo, sin embargo, de que haya incorporado como segundo de la lista por Madrid a Joaquín Nieto, sindicalista de CC.OO. y hombre capaz y cabal. Y lo digo porque conozco muy bien su trayectoria y su buen hacer, y como persona es una delicia. ¡Felicidades, Joaquín!
Y para acabar con el otro punto que comenta Almudena Grandes, a quien respeto mucho como persona y como escritora, creo que exagera al hablar de sus compañeros creadores, a los que han manifestado su apoyo a ZP con ese ridículo gesto del dedo en la ceja. Me parece legítimo que si consideran que la mejor alternativa es el socialismo de Zapatero, intenten arrastrar el voto hacia él de las gentes de izquierdas que dudan entre PSOE e IU. Otra cosa sería que incitaran explícitamente a los votantes de IU a una deserción de sus ideas para votar a los socialistas, pero ante la duda, yo también me decantaría por "la más peluda".
Derechos y poesía.

26 febrero 2008

Caña al mono

Todos sabemos, porque lo hemos constatado, cómo de ha ido deteriorando el hacer de la política durante la anterior legislatura. Bueno, no todos, porque hay millones que están encantados por cómo ha transcurrido la vida pública. Es de pena, patético, comprobar que la caña al contrario levanta pasiones, hasta algunos lo han convertido en una moda, en una forma de vida. Escuchar e intentar comprender, aunque al final no se esté de acuerdo, parece que se lleva mal. Hemos pasado del "váyase Sr. González" al "Sr. Zapatero, ud. se ha vendido a los terroristas". No sé qué es peor. No puedo ser imparcial, lo siento. Tampoco tengo por qué serlo. Pero me resisto a creer que los comportamientos de ZP y de Rajoy sean equiparables o comparables. Quizá ZP haya cometido errores imperdonables (que no creo que hayan tenido ese calibre), pero en ningún caso se puede hacer una utilización tan torticera de los mismos, tan ventajista y tan repugnante.

Viendo el debate de ayer, que ya me echaba un poco para atrás por su encorsetamiento, sus limitaciones absurdas y miedosas, me di cuenta que ese señor de la barba va a seguir así de por vida, al menos de por vida política, mientras le dure. A mí no me da ninguna pena ZP, es que oyendo a Rajoy me siento insultada como persona y como ciudadana. Yo defiendo la negociación con ETA hasta lo inagotable, incluso defendería referéndums en donde se plantearan. Soy partidaria del Estado federal, incluso de la independencia de aquellos territorios en los que la mayoría de sus ciudadanos así lo decidieran. No tengo ningún sentimiento de patria, no soy patriota por ningún costado. España es el lugar donde nací (en una colonia entonces, por cierto), pero siempre me he sentido de allá donde he ido o de ningún lado en especial. El sentimiento de patria, ya sea española, vasca o catalana, me parecen una catetada en el mundo interdependiente y globalizado en el que vivimos (no sólo en el aspecto económico, tal y como yo lo entiendo). Por eso me parece también un despropósito exigir a los inmigrantes un contrato de "españolidad costumbrista". Me avergüenza semejante propuesta.

No estuvieron bien ninguno de los dos, pero uno estuvo mucho menos bien que el otro, y no por sus actitudes, sino porque si hay algo innegable es que en esta legislatura se ha hecho un esfuerzo importante por reconocer derechos de la ciudadanía. No lo digo yo: ahí están, sólo hay que leerse el BOE. En economía hemos ido bien toda la legislatura, y en empleo, aunque en el último período las cosas se hayan torcido, pero no se puede calificar una legislatura por los últimos 8 meses, más cuando hay aspectos importantes ajenos a nosotros que nos arrastran, como es la subida imparable del petróleo, la dichosa estafa de las hipotecas subprime o la incomprensible subida del trigo o de la leche, que está cayendo en origen pero los intermediarios están haciendo su agosto manteniéndolos para el consumidor (que se se lo pregunten a mi frutero o a mi carnicero). Y eso que yo he perdido poder adquisitivo desde hace años, como la mayoría, porque los precios han subido de forma mucho más considerable que mi sueldo, pero me alegro de que haya mucha más gente con empleo, aunque quede mucho por hacer respecto a la calidad de éste. Lo que me parece una barbaridad, independientemente del derecho de las personas a tener una vivienda digna, que haya gente que se lance a comprar una vivienda sin disponer de empleos medianamente estables o con sueldos insuficientes, como si se les fuera la vida en ser propietarios. Respeto esa decisión, o que se tenga como meta comprar un piso, pero no la entiendo, más cuando se deja media vida en ello, como si la vida fuese mejor por tener una escritura de propiedad, o sólo eso. Por cierto, ¿sabrá Rajoy que los tipos de interés han subido por decisión del Banco Central Europeo? 

Si no se reconocen las evidencias es porque no interesa y porque los que se han opuesto a todo ello, y se oponen, nunca nos pondrían en valor como ciudadanos. Es mejor ahondar en los errores, relativos pero reales; seguir metiendo el dedo en la llaga, acosar al otro a ver si por fin cae por el precipicio. Ése es el talante de la derecha. Prefiero al "ZP-bamby", aunque sólo sea porque demuestra más educación. 

Y la Iglesia, por favor, que se retire de una vez a sus cuarteles de invierno. Que paguen sus gastos los fieles, que yo le daré la parte de mis ingresos que me dé la gana a quien me dé la gana.

Esperanza y poesía.

24 mayo 2007

Tucha, soledad y Don Miguel

Subiendo esta foto que me envió mi recién conocida amiga Marta Torre-Marín (porque nos conocimos en Edita, este año), Marta-Tucha para los amigos, creo que es una B y B (buena y bella) manera de comenzar este blog que me trae por la calle de la amargura porque soy una auténtica paleta en esto de interpretar el lenguaje y los códigos informáticos. Eso sí, experimento, me equivoco, reparo, me cabreo y al final me harto y me fumo un cigarrillo por aquello de que estimula no sé si las endorfinas o cualquier otra proteína, o lo que sea. Luego continúo y, por fin hoy, me decido a publicar aunque todavía tenga muchas cosas que aprender para modificar, porque soy una tiquismiquis inaguantable y nunca me quedo satisfecha del todo... Lo cual no creo que sea lo mejor. Lo importante es que aquí estoy.
La foto me encanta por esa sensación de desmadejamiento y pasotismo que transmitimos. No creo que ninguna de las dos seamos demasiado pasotas, pero creo que a ambas nos gustaría serlo un poco más.
Tucha ha sido un descubrimiento la mar de interesante. Además de divertida, buena gente y con un discurso digno de tenerse en cuenta, es una magnífica pintora. Algunos la recordaréis porque nos repartió unos cuadernos para que espontáneamente escribiésemos, si queríamos, un poema sobre la soledad. Siendo la soledad un tema que me interesa y practico de forma habitual (soledad buscada y querida, nada de mal rollito), con un poco de retraso le escribí el mío. Y digo con retraso porque no me considero ni mucho menos poeta aunque la poesía me entusiasme (no toda, la verdad), y me carcomía el gusanillo del miedo a hacerlo mal, a no estar a la altura (como siempre, con la autoestima "bien alta" :-)). Pero batallé contra el miedo y en 15 minutos del domingo 29 de mayo, desayunando en la terraza de una cafetería de Punta Umbría, escribí este poema, o lo que sea, que someto a vuestra lectura:
Te voy a decir una cosa:
por más que te empeñes
nunca caeré en tus brazos,
y si lo llego a hacer
será cuando yo quiera.
Si comparto mis días contigo
es porque yo te he elegido,
porque te saqué de la nada,
porque eres lo que yo quiero que seas.
Por eso eres mi tiempo
y mi silencio,
cuando yo quiero.
Y también, aunque te fastidie,
la risa que me da cuando hierve la leche
y rebosa el cazo;
y el ruido de la calle que ahoga la música.
Eres el hombro
en el que vomito cuando la vida
se me indigesta.
Tú sabes - y si no lo sabes te lo digo yo-
que si te permito dormir a los pies de mi cama
es para echarte a patadas
cuando me molestas.
Además te huele el aliento y eso es
motivo suficiente para el divorcio.
Me cansa tu insistencia,
ese frenesí que muestras
por ocupar mis horas,
por seguirme a todas partes.
El trato fue que no te inmiscuirías
en mi vida,
que yo gozaría de total libertad para usarte
a mi antojo,
pero tú erre que erre...
Ah, y no pongas ojos de carnero degollado
cuando te digo estas cosas
o cuando te doy la espalda,
porque cualquier día te dejo
de patitas en la calle.
Me cansas,
me aburres,
soledad,
porque nunca me dejas estar a solas.
Tiene Miguel de Unamuno un ensayo sobre la Soledad, con este título, que es una maravilla. Os lo recomiendo a quienes estáis/os sentís solos y a quienes no. A mí es que D. Miguel "me pone", siempre me ha puesto desde que me obligaron a leerlo para hacer un trabajo de literatura en el colegio. Hay escritores que, al menos en mi caso, es difícil que pasen por mi lectura y mi vida de puntillas. Unamuno me parece un paradigma de la libertad de pensamiento y de la rebeldía. Claro, que ser así a principios del s. XX no tiene que ver nada con serlo en estos tiempos, ni la forma de expresarlo. Trasmutó en cosas bastante contrapuestas a lo largo de su vida, pero quizá ese sea su mayor encanto, las muchas contradicciones en las que incurrió. Era humano y nunca alardeó de estar en posesión de la verdad, ni siquiera de ser coherente. Él, que participó en política al mismo tiempo que fue tremendamente crítico con ella, no sé qué hubiera dicho de esta campaña electoral que estamos sufriendo, al menos yo.
Estudiamos Espe y yo en el mismo colegio... privado, de señoritas bien, religioso por supuesto (eran otros tiempos, peores). No es que mis padres fueran de la alta burguesía, ni mucho menos, pero tenían la idea de que educarte en el mejor de los colegios posibles y relacionarte con gente de postín te educaría mejor y la vida te abriría mayores y mejores caminos. Supongo que eso se puede traducir en que querían lo mejor para nosotros y todo esfuerzo económico bien valía la pena para tan noble fin... La verdad es que los cinco hermanos que somos aprovechamos bastante poco las oportunidades que nos dieron y hemos salido todos un poco vainas. También coincidí con Espe bastantes años después en el Club Liberal de Madrid... porque yo en aquél tiempo era liberal... de lo que no reniego porque aprendí muchas cosas, entre otras que no tenía ni puñetera idea de lo que era la política ni de quién era yo o lo que quería en realidad ser de mayor. Me caí del caballo, como San Pablo, en la Universidad, cuando conocí a tantos compañeros y compañeras de extractos sociales de muy diversa índole, personas comprometidas, solidarias, con conciencia de clase, luchadoras y tremendamente respetuosas. Nada que ver con el pijerío con el que me llevaba relacionando desde mi más tierna infancia y al que creía pertenecer sin hacerme la más mínima pregunta, aunque he de confesar que en según qué situaciones me sentía bastante incómoda, pero era incapaz de preguntarme el porqué y menos aún de darme una respuesta. No es que fuera o pareciera tonta, es que no me habían enseñado a cuestionarme nada; las cosas eran como debían ser, punto pelota. En todo caso me alegro haber hecho después el requiebro más importante y saludable que he hecho en mi vida para encontrar la senda por la que más agusto camino: la de la izquierda.
La pena es que algo conseguido con bastante esfuerzo porque una ha tenido que ir desmontando ladrillo a ladrillo (ahora tan de moda, para peor) los cimientos sobre los que le construyeron la vida para, desde la desprotección y desnudez más absoluta, volver a construirlos en otro terreno menos encharcado, más firme, aunque también menos protegido, pero más interesante, ahora tenga que compatibilizarlo con un señor llamado Miguel Sebastián... Un cretino crónico que aspira a la alcaldía de Madrid desde... la izquierda... Zapatero estuvo "sembrao" al designarlo...
La cuestión es que Espe y Gallardín me dan nauseas y Sebastianín diarrea; Sabanés me gusta y Angel Pérez no, tampoco Izquierda Unida (el PC, su brazo más largo, es un santuario de elefantes momificados, y no soy comunista). Así que para el próximo domingo vuelvo a estar en la misma disyuntiva que estuve en el 96, cuando no quería que gobernara la derecha pero tampoco aquel PSOE que FG y adláteres dejaron sembrado de iniquidad. Conclusión, que creo que tiraré una moneda al aire: cara, abstención; cruz, no lo sé. Es que me jode que la derecha ,y Aznarín a la cabeza, puedan utilizar mi voto, y el de muchos otros, torticeramente si me abstengo.
Me voy a fumar un cigarrillo porque pensar en esto no sé si me aburre, pero lo que es seguro es que me cansa.
Paz y poesía.

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