Bitácora de Isabel Huete
SOLIDARIDAD CON HAITÍ
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20 mayo 2008
Creo que Dios me ha castigado.... o me ha mirado un tuerto.
Je, ese dios que dicen que premia a los buenos y castiga a los malos parece que la ha tomado conmigo, porque hay cosillas de las que no consigo salir ni a la de tres, como por ejemplo que no me llegue un dinerillo que estoy esperando desde hace casi un año para poder comprarme otro ordenador y otro sofá cama, que ambos están para ser enviados al cementerio de los trastos irreparables, o que pueda ponerme de una puñetera vez cristales progresivos en las gafas (que valen un pastón), o que se me quite esta ansiedad crónica que tengo desde antes de nacer, o que no consiga que me den un jefe de recambio (por inservible el actual) que me encargue algún trabajo y no me tenga de brazos cruzados... En fin, que este dios nuestro de cada día la ha tomado conmigo.
Usease, que he tenido que tomarme una baja por aburrimiento laboral (la psiquiatra dice que estoy deprimida aunque yo no lo note); que mi puto ordenata es un cascajo y ya no me deja trabajar en multitud de páginas de Internet, entre ellas mi blog, porque no lee no sé qué cosa que se llaman scripts, lo que me ha obligado a venirme a un ciber que tengo enfrente de mi kelli pero en el que no puedo bajar (o subir) fotos de EDITA para seguir con mi "cuento de viajes"; que estos día que he dormido en el sofá-cama porque la habitación la ocupaban mis amigos mexicanos, han terminado cabreando a mi hernia discal y voy medio coja; que cada día veo menos lejos con las gafas de lejos y menos cerca con las gafas de cerca (la edad no perdona, ya lo sabes tú querido Pedro... jeje); que cuando mi vida se trastoca por acontecimientos que no deseo (el viaje a Barcelona por asuntos de mi brother ha sido uno de ellos), la ansiedad empieza a darme puñetazos en el estómago y tardo un montonazo de días en conseguir arrastrarla al barranco de los demonios, aunque la muy hija de puta es como un "alien" que se resiste a morir si no es matando; que mi jefe es un capullo que desde que llegó nos tiene aburridos de no trabajar, y yo estaría a estas alturas con la camisa de fuerza si no fuera porque suelo escribir el blog para por lo menos hacer algo productivo. Total, que estoy de baja en mi linda casita pero sin ordenador que me consuele en condiciones.
Visto lo visto, he decidido: irme a la casa de José Mayoral en Tembleque, donde trabajo mis libros, para achicar, cubito a cubito, la mala leche que me ha inundado la azotea. Allí, al menos, me relajo con el silencio, los paseitos por el campo manchego, la visión de las plantas creciendo, y cortando maderitas para la jaula en la que se esconde el nuevo libro que he editado. También tengo el ordenata de Mayo, aunque al no tener instalado ADSL conecta a paso de caracol-col-col, y ya no cuento lo que tarda en subir (o bajar) fotografías. Bueno, mejor eso que el ciber.
Pues eso, que este dios nuestro que dicen que premia a los buenos y castiga a los malos me ha demostrado que necesita gafas nuevas, y no lo digo sólo por lo mal que me trata a mí (que soy tan buena, por cierto), sino porque ¡anda la que tiene liada con los chinos, birmanos, tibetanos y demás pueblos oprimidos por sus podridos y dictatoriales gobiernos! Los malos malísimos siempre son una minoría, pero, joder, cómo sobreviven y qué bien viven a costa de los miles de millones buenos buenísimos. ¿Dónde está entonces Dios, o es que no está?
Mala leche y poesía.
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