Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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13 agosto 2008

Una China en el ojo de la conciencia


"Hace unos meses una organización pro derechos humanos china me contactó para encargarme una serie de ilustraciones. La idea era poner al descubierto los grandes abusos del régimen comunista chino mediante una gran campaña subversiva a través de internet. Los abusos denunciados eran:

- Pena de muerte
- Negación de la libertad de expresión
- Negación de la libertad religiosa y de culto
- Deterioro medioambiental
- Abusos y desprotección judicial

Todo debía ser secreto así que todo el proceso se desarrolló en la más completa confidencialidad. Desgraciadamente el plan fue descubierto y mi contacto fue puesto en prisión. Así que la campaña no llegó a ver la luz.
Alberto García Sánchez".
Estas imágenes dibujadas por mi querido amigo Alberto, y el texto que las acompaña, las ha colgado en su blog de diseño gráfico
Al verlas le pedí que me las dejara bajar a mi blog y me dijo que sí, que precisamente lo que pretendía era que se difundieran lo más posible, así que aquí las dejo para que quien quiera las cuelgue también en el suyo, si es que hay más gente a la que se le remueva la conciencia por los abusos de todo tipo que se practican en China por sus gobernantes.
Yo, realmente, estaba intentando evitar hablar de China y de los JJ.OO. porque, como me conozco, me disparo y empiezo a dar mandobles a diestra y siniestra, y no creo que sea la manera más efectiva de demostrar mi indignación ni de ayudar, en lo humildemente posible, al pueblo chino. Creo que tiene mucha más efectividad difundir este tipo de imágenes en las que, con trazos sencillos y enormemente reveladores y comentarios escuetos pero contundentes, se puede llegar más lejos, ya que disponemos de esta herramienta que, para bien y para mal, nos intercomunica mundialmente y que se llama Internet. Y ya se sabe que una imagen vale mil palabras.
Cuando vi la expresión y los gritos de ese tal Phelps (no discuto su calidad como nadador) al ganar la prueba de 4x100 (creo) masculina, esa furia desbocada, esa prepotencia indisimulada, esa mirada deslumbrante de orgullo, comprendí que era el exacto reflejo del país al que representa, del imperio al que se debe. Lo imaginé como marine tras una batalla encarnizada o poniendo su bota sobre un enemigo abatido. Estoy segura que su expresión y su furia sería la misma, y me horroricé. Me dio asco. Sentí miedo. Con gente así, ¿quién no se anima a iniciar una guerra? Que se lo pregunten a Putin también.
China va por el mismo camino. Ya fue un imperio, y pronto lo volverá a ser; tan despiadado como todos los imperios, solo que más silencioso, más hábil y más demoledor. Pero todos estamos ahí, bajándonos los pantalones y poniendo el culo para que nos lo pateen al paso de la oca (digo yo que una actitud tan generalizada podrían convertirla en deporte olímpico y que gane el que más patadas reciba). Nos tienen pillaos por el dinero de los cojones, o por los cojones del dinero, lo mismo da. Ahí tenemos a nuestras potencias occidentales, tan supuestamente libres, tan defensoras de los derechos humanos, tan orgullosas de sus avances sociales y políticos... y tan miserables cuando ven peligrar sus economías. Y nosotros, sus ciudadanos, tapándonos los ojos, la boca y los oídos, no vaya a ser que mañana no podamos comprar en un "todo a 100". Birmania y Darfur nos pillan muy lejos y nos consolamos diciendo barbaridades cuando saltan a la primera página de los medios de comunicación o soltando una lagrimita hipócrita. Mientras no entendamos que los oprimidos, los masacrados, los esclavizados, los hambrientos, los desposeídos hasta de su dignidad son también nosotros, todo seguirá igual, como siempre fue.
Dedicado a los que luchan por la libertad en China, a los que hemos dejado solos.
Subversión y poesía.

02 octubre 2007

Sufrir de genio (del malo)

A veces me levanto de un genio espantoso y me cuesta recuperar, a lo largo del día, el buen humor. Suele pasarme cuando ocurren determinadas cosas que no me gustan y la verdad es que la mayoría de las veces nada tienen que ver con mi vida personal, que es bastante tranquila o, mejor dicho, he aprendido a tomármela con bastante tranquilidad.
¿Qué ha pasado para que esté afectado mi humor? Veamos: Birmania, Darfur, Ibarretxe, PP, PSOE, Ártico, símbolos, inmigrantes, ONU... Y algunos más, pero creo que con estos nombres la muestra ya es bastante extensa.
Sencillamente, hay momentos que me cuesta comprender de qué va la parte humana de este mundo, por decirlo suavemente. Quizá debería decir, lo diré: la parte más hijoputa de este mundo, que mire usted por dónde coincide con bastantes humanos. Todo es política, estoy de acuerdo: hasta el aire que respiramos tiene que ver con ella, pero me niego a pensar que también todo sea mentira. Decirlo es lo más fácil, y también lo más cómodo, sobre todo para los que siempre giran la cabeza hacia otro lado y sólo van a lo suyo, a su bienestar, sin importarles qué nueva cabeza se ha cortado a la misma hora en la que les suena el despertador, qué niño/niña ha sido maltratado o vejado por un asqueroso pederasta, qué nueva arma nuclear se está experimentando o qué nueva especie animal o vegetal ha desaparecido del planeta como consecuencia de la intervención del hombre. Cada vez hay más gente, creo yo, que pretende ver la vida a través de un espejo para así sólo encontrarse con su cuerpo serrano de frente; la caída de un nuevo cabello preocupa más que la ejecución de un inocente; la prominente barriga que un terremoto que deja sin hogar a miles de personas, casi siempre las más olvidadas; las incipientes bolsas en los párpados que el atraco a mano armada que suponen las hipotecas y los alquileres; el polvo que acaba de echarse con su pareja que los millones de desplazados que hay en el mundo por culpa de la limpieza étnica y las guerras... En fin, que hacer como los famosos monos del templo de Nikko, en Japón: no ver, no oír y callar, se ha convertido para muchos en una forma de vida placentera.
Soy consciente de que por mucho que me ocupe y preocupe de estas cosas difícil será que pueda cambiarlas, pero también sé que si me mostrara indiferente ante ellas no podría mirarme a la cara. No creo que haya que enarbolar una bandera, quemar un retrato o matar al contrario para defender las ideas que uno tenga, como tampoco creo que se pueda estar dándose besos en la boca con el gobierno chino, o con el indio, por intereses económicos mientras éste siga dándole alas a los sátrapas de Birmania o de Sudán. Me avergüenzan unas Naciones Unidas incapaces de imponerse sobre los desmanes permitiendo, gracias a la imposición del veto, que gobiernos con ínfulas de imperio, con EE.UU. a la cabeza, veten cualquier decisión que no les reporte a posteriori un beneficio. Habrá hostias también para repartirse el Polo Norte. Da igual si se deshiela que si no, lo que interesa es explotar sus recursos y cargarse también todas las especies que viven en él y puedan molestar; tampoco importa las consecuencias que para el planeta tenga su esquilmación ni los efectos sobre el clima. ¡Dios, qué despropósito!
¿Y qué decir de esos desaprensivos agricultores castellano-manchegos que vulneran la ley sin cortarse un pelo explotando a rumanos, marroquíes o latinoamericanos y los tienen viviendo en chabolas durante la vendimia para sacar unos cuartos de más? Y este mi sindicato, CC.OO., donde trabajo, sin decir esta boca es mía.
Y el PP, mientras tanto, jugando al corro de la patata con la bandera española, el escudo y la foto del rey como símbolos de la unidad y defensa de todas las españas, bueno, de Una, Grande y Libre España. Enfrente el Lendakari invitando al Gobierno de Zapatero a lentejas con chorizo incluido, que si quieres las tomas y si no, también. Y el Gobierno, ¡venga a sacarse regalitos cutres e improvisados de la manga!
No niego que cuando me invade la visión catastrófica me cuesta analizar la parte buena de otras muchas cosas que ocurren. Pero es que hoy el mal genio me ha llevado por estos derroteros, además no existiría ese lado de la vida luminoso que yo tanto amo si no hubiese otro oscuro con el que contrastarlo. ¿Es tan difícil desear y luchar desde todos los poderes por un mundo donde el diálogo y el entendimiento prime sobre cualquier otro interés ya sea privado o público? ¿Por qué no la PAZ y la JUSTICIA en su sentido más amplio?
Debe ser muy difícil... ¡Menos mal que todavía se puede contemplar la belleza de las flores!
Buen genio y poesía.

10 agosto 2007

Descansa de lo tuyo, bonita.

En tiempos como éste, donde el plagio a todos los niveles está a la orden del día y parece que son pocos los que se inmutan, me pregunto por qué no plagiar yo también apropiándome de esta frase que he utilizado como título. Pero no, no sé hacerlo, siento pudor aunque pueda parecer una frase sin importancia. Es el título de una obra de teatro que ponen en el Teatro Español, escrita e interpretada por Sandra Marchena. Al pasar por delante esta mañana me ha llamado la atención porque me va al pelo, expresa con bastante exactitud lo que me digo muchas veces cuando siento que me ocupo, no preocupo, de demasiadas cosas haciéndolas mías, creo que erróneamente, ¿o no tanto?. Porque es que al final el tiempo se me va en lo ajeno porque lo convierto en mío, cuando debería mirarme un pelín más a mí misma, no en plan ególatra, que eso sí que no es lo mío, sino dedicándome a cuidar y mimar mis entresijos, los de más adentro, porque a veces se rebotan por falta de atención y en vez de escucharlos les sello la boca para que no molesten, no vaya a ser que me estropeen ese optimismo en el que me he instalado y que poco a poco se va haciendo crónico.

La verdad es que a veces no sé distinguir bien qué es "lo mío" realmente, o si debo hacer alguna distinción entre lo que pasa a mi alrededor y lo que me fluye por las venas o lo que viaja por mis neuronas, siendo esto último una forma de distinguir lo emocional de lo puramente racional, si es que existen diferenciados, coexisten o, simplemente, no existen. Ya llevo algunos años pensando que si esa teoría es verdadera, yo puedo ser el paradigma de lo contrario y llevarla a su total destrucción. Porque, vamos a ver, según me han enseñado, la observación de la realidad y su asunción es una actividad puramente racional, ¿pero quién no se emociona con ella aunque sea en su vertiente más espantosa? Y creo, además, que es la emoción provocada lo que deja una huella indeleble en nuestro conocimiento, crea nuestro carácter y nos hace aprender.

Yo soy incapaz de enterarme, como lo hice ayer, de que los delfines blancos del Yangtse se han extinguido y no cabrearme... Es una realidad que asumo, vale, ¿pero puedo no sentir ante ello un cabreo enorme? Si ante esta noticia me digo: vale, tía, es horrible pero las cosas van por ahí porque el progreso se cobra, y se seguirá cobrando, estos peajes, así que olvídate que la vida sigue y como estas cosas vendrán muchas más y no puedes pararte a pensar en ellas y, menos aún, a cabrearte porque entonces más vale que no salgas a la calle... ¿seré así más feliz? Pero, claro, para mí (otros son capaces de hacerlo y seguir viviendo como si nada) una noticia como ésta no me impide levantarme y disfrutar de la luz de la mañana, pero también siento que me han quitado algo que forma parte de ese día y de esa luz, y cuando me quitan algo que es mío porque soy tan cosmos como un delfín blanco o como cualquier otra partícula que forme parte del universo, pues tiemblo de indignación.

Y no voy a ser yo quien reniegue del progreso, pero sí del progreso descontrolado, del que es un fin en sí mismo, del voraz y despiadado, del que se salta por ganar un céntimo más cualquier norma de protección y conservación de la naturaleza, esa teta a la que estamos dejando vacía sin preguntarnos qué haremos el día que diga "se acabó, ya no hay más". Ahora, los países limítrofes con el Polo Norte parecen encantados porque con el deshielo producto del efecto invernadero van a poder hacer prospecciones petrolíferas en pocos años, ya que parece que existen grandes bolsas de crudo bajo la tierra que cubre el hielo... ¡Y aquí todos tan felices! ¡Titi, que es el progreso, el futuro de la humanidad! ¿Como es posible que no lo veas, so cateta? ¡Desciende, nena, desciende que te la vas a pegar!

Pues mira, no, bonita, lo mío (eso de lo que debiera descansar) es que ante estas cosas, tan despiadadamente reales, me hierva la sangre y se me cortocircuiten las neuronas. Y no podré hacer nada, salvo pagar religiosamente mis cuotas a Greenpeace y a Médicos sin fronteras que, dicho sea de paso, se lo curran lo suyo, pero por lo menos me puedo permitir el lujo de lanzar desde esta boquita sapos y culebras contra los gobiernos y las empresas sin escrúpulos. Y ahora, como los responsables de la desaparición del delfín blanco son los chinos, porque han diezmado el río más caudaloso del mundo, lo han partido en trocitos construyendo presas sin parar -entre ellas la de las Tres Gargantas, que mira que tiene un nombre bonito y, sin embargo, el daño que hace-, lo que ha reducido a la tercera parte su fauna y privado de sustento a millones de habitantes de sus orillas, además de contaminarlo en un porcentaje enorme su caudal, pues eso, que los chinos son unos canallas por esto y, por supuesto, por su sistema político dictatorial y represor... Y una no puede contener el vómito al ver que, encima, los gobiernos llamados democráticos les estén bailando el agua un día sí y otro también, fundamentalmente porque se ha convertido en una potencia económica y, claro, el mercado, la pela, manda. Da igual que estén apoyando la masacre de Darfur con armas, da igual que le corten la cabeza a los disidentes, da igual que sea uno de los países que más mierda lanza a la atmósfera, da igual cualquier fechoría que cometan si desde occidente nos dejan invertir allí y sacar el mayor rendimiento, sobre todo porque los costes laborales son ínfimos. ¡Que se joda el pueblo chino, nosotros a rapiñear!

Esa es la realidad, la que capto mediante la razón y la que me duele desde la emoción, siendo a la postre esta última la que me da la vida, luego la que realmente me interesa, la que cultivo como el bien más preciado y a la que no quiero renunciar, por eso, por más que mi parte racional me diga que debo descansar de lo mío, bonita, sé que es una entelequia, que mañana mis emociones seguirán en el mismo sitio, en el que siempre han estado, en el que deben estar, en el que en el fondo quiero que estén.

Y en señal de duelo, y también homenaje, por los delfines blancos que fueron parte de nosotros durante millones de años y ya no volveremos a ver nunca más surcando las aguas del río Yangtse, traigo esta fotografía que hice hace años de una manada de calderones del Mediterraneo, primos hermanos de los delfines, en un viaje maravilloso de 11 días desde Torrevieja al Cabo de Gata en un barco ecologista, el Toftevaag (un antiguo pesquero noruego reconvertido, de principios del s. XX), para observar y registrar las manadas de cetáceos. Otro día contaré esta experiencia porque creo que como ella he tenido y disfrutado pocas.

Pues nada, que no puedo subir la foto porque la archivé en casa, en mi MacIntosh, y este PC del curro me dice que no encuentra el programa que la creó. En fin, inconvenientes de trabajar con dos sistemas operativos diferentes. De todas las maneras, contribuiré con otra fotografía de la naturaleza, hecha en el corral de la casa de José Mayoral, mi compi de Editorial, en Tembleque (Toledo), que también es mía y aunque no va de calderones, a mí me gusta mucho porque muestra el despertar de la primavera, la de este año. Vida hasta las cachas.


Todo es poesía.

FOTOLIA