Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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25 marzo 2008

"Nací el 21 en Primavera..."


Agustín Calvo Galán me ha enviado el folleto de un encuentro en Bari (Italia) de poetas españoles y el título me ha encantado porque se corresponde con el día de mi nacimiento: el 21 de marzo, con la primavera. ¿Se puede nacer en un día más bello?

Aunque este año ha coincidido con el Viernes Santo (por primera vez en mi vida ha caído mi cumple en plena S. Santa), la realidad es que lo disfruté con intensidad, con ésa con la que cada día, al levantarme, puedo sentir que la vida se despierta al mismo tiempo que yo, y nos abrazamos como si acabásemos de nacer.
Por las noches es diferente porque suelo acostarme un poco cansada por el abatimiento que me producen las cosas que pasan a mi alrededor, aunque casi nunca dejo que me derroten. Nací luchando por vivir y sigo luchando contra todo lo que intente romper mi complicidad con la vida. Anoche pensaba en el hambre de los niños que viven de las migajas que les "regalamos" los países ricos después de robarles todo lo que podemos, en esos casi 500 millones de euros que necesita la ONU para seguir alimentándolos de forma insuficiente, porque nunca es suficiente lo que reciben, y la respuesta del primer mundo es poner cara de dolor por tener que rascarse el bolsillo. Pagamos mucho más por un futbolista y todos nos sentimos tan felices; por fin podremos gritar de alegría cuando le veamos meter un gol y ganar el partido; por fin nuestro equipo estará entre los grandes y se hablará de nosotros; por fin oleremos el triunfo sin darnos cuenta de hasta qué punto es la mierda lo que nos está rozando la nariz. Hay comportamientos del ser humano que no puedo comprender, pero sé que he de convivir con ellos aunque los sienta como alfileres clavados entre las uñas. Pero ya no me sangran los dedos, ni el grito araña las paredes de mi garganta. Yo no soy mejor.
También pensé en las gentes del Tíbet, en los tibetanos. Y en los birmanos. Y en los palestinos. Y en los somalíes. Y en los irakíes. Y en los afganos. Y en muchos otros que viven -¿viven?- sobrecogidos con una bota aplastando su cabeza, o con una bomba que se la ha estrellado contra la acera que rodea su casa. Quizá debí pensar en una tal Paris Hilton, que parece ser más interesante dadas las audiencias que convoca, pero no lo hice. Quizá me equivoqué porque si lo hubiese hecho probablemente me hubiese dormido con el dulce sabor del éxito rosa en mis labios, sonriendo bobaliconamente.
Me he levantado cansada, y cansada sigo. Debe ser la primavera.
Primavera y poesía.

22 marzo 2008

Santa Semana


















Tembleque, casi puerta de La Mancha, es ese ese espacio perdido entre viñedos y olivos al que puedes mirar desde cualquier ángulo que se te ocurra. Siempre encuentras el momento y el lugar para extasiarte, si es que lo buscas. No importa que la mañana se presente gélida o el atardecer ventoso. Lo mismo da que la noche sea oscura o el día gris, que las estrellas brillen como soles o el sol como miles de estrellas juntas. Nunca te cuestionas cómo y cuando se presenten las cosas si sólo buscas su belleza, y la belleza siempre surge como si necesitara de ti tanto como tú necesitas de ella. Yo necesito de ella.

Tembleque es ese bello pueblito en plena llanura manchega en el que me refugio para trabajar mis libros, para pasear por el campo, para ver las estrellas que Madrid me niega, o para oler la hierba fresca y escuchar el canto de las aves -a veces es como un grito- cuando abro la puerta del corral por las mañanas para que salga mi gato y, si hace sol, dejar que éste entre hasta el fondo, también de mí. Por las noches el silencio es casi absoluto, como un compañero cómplice que te comprende sin que medien palabras. Por el día, sobre todo en en invierno, el olor de la leña encendida te devuelve al pasado más entrañable, a la cocina de la casa de la abuela, a los finales de verano en la Sierra de Gredos, a las hogueras de San Juan en las playas de Tarragona.

He querido reflejar en estas cuatro fotos lo que mis sentidos me han susurrado al oído estos días: calma, luz, tradiciones bellas aunque no compartidas, paisajes infinitos, silencio, y una pizca de travesura, quizá para romper la solemnidad. Y esa lo reflejo en mi última foto, a la que podríamos titular, imitando las "disoluciones" de mi querido Pedro Ojeda, "disolución de paso de semana santa".

Porque todo acaba disolviéndose como un azucarillo, sobre todo los sueños. Ni siquiera sirve intentar atarlos con cadenas y colgártelos como un collar. Siempre acaban escapándose por cualquier rendija, huyen de ti, de su carcelero. Yo también lo haría.

Calma y poesía.

FOTOLIA