Pues esto se acabó, se marcharon los reyes y esta noche las luces de todas las ciudades se apagarán hasta que finalice este nuevo año 2010. Yo debería hacer lo mismo con los adornos de mi casa pero sé que tanto por nostalgia como por pereza seguiré disfrutando de ellos hasta final de mes... Si tuviera espacio mantendría el árbol y el belén durante todo el año, ¿por qué no si me gustan? En mi familia ha sido tradición poner el nacimiento, después vino el árbol, y con los años me dieron el título de "ponedora de Belenes" porque lo hago con mucho detalle y mimo; soy manitas y me encantan las miniaturas, así que intento reproducir con la máxima fidelidad el ambiente del momento que representa. Cada año compro pequeños detalles nuevos en el mercadillo navideño de la Pl. Mayor y poco a poco la familia belenística va aumentando, lo que implica cada vez más espacio y complejidad pero yo disfruto con ello y pienso que, en definitiva, es lo único que importa.
Bitácora de Isabel Huete
SOLIDARIDAD CON HAITÍ
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Navidad. Mostrar todas las entradas
06 enero 2010
Creación del Club de las Personas Positivas
Pues esto se acabó, se marcharon los reyes y esta noche las luces de todas las ciudades se apagarán hasta que finalice este nuevo año 2010. Yo debería hacer lo mismo con los adornos de mi casa pero sé que tanto por nostalgia como por pereza seguiré disfrutando de ellos hasta final de mes... Si tuviera espacio mantendría el árbol y el belén durante todo el año, ¿por qué no si me gustan? En mi familia ha sido tradición poner el nacimiento, después vino el árbol, y con los años me dieron el título de "ponedora de Belenes" porque lo hago con mucho detalle y mimo; soy manitas y me encantan las miniaturas, así que intento reproducir con la máxima fidelidad el ambiente del momento que representa. Cada año compro pequeños detalles nuevos en el mercadillo navideño de la Pl. Mayor y poco a poco la familia belenística va aumentando, lo que implica cada vez más espacio y complejidad pero yo disfruto con ello y pienso que, en definitiva, es lo único que importa.
He pasado unas fiestas bastante simpáticas en las que he reído mucho y creo haber reído bien, lo que no deja de ser un lujo. Noche Buena y Navidad con mis hermanas y algunos sobrinos en Murcia, Fin de Año en Madrid, en casita, con personas que quiero, y Reyes en el pueblo disfrutando de la tranquilidad y del silencio, con roscón incluido. He comido y bebido sin exceso; he dado y recibido besos y abrazos a/de gente de bien, de esa de la que no puedes prescindir; he repartido los regalos de la manera que más equitativa me ha parecido; he jugado a la lotería y sólo me ha tocado el reintegro de la del Niño pero no me quejo; no he hecho propósito ninguno para el nuevo año porque casi nunca los cumplo salvo, quizá, el proponerme serenidad de cara a mi salud cuando en febrero me vuelvan a hacer pruebas. Nada va a cambiar especialmente mi vida en estos próximos 12 meses excepto los tres libros que tengo pendientes de editar y que ya empiezo a preparar, alguno con un retraso considerable (¿me perdonarás querida amiga que no viniste a Madrid aquel sábado de diciembre?).
Mis deseos son mantener mi amor a la vida, el sentido del humor, disfrutar de lo bello, ser mejor persona en la medida de lo posible, conservar y mimar a mis amigas y amigos, seguir viendo el mundo con los colores del arco iris aún en los momentos en los que parezca que sus pilares se derrumban y contribuir a sostenerlos con mi pequeño granito de arena. Y lo que deseo para mí se lo deseo a todas/os los que quieran unirse al Club de las Personas Positivas, a esas personas cuyo corazón es capaz de latir ante las pequeñas cosas y en su mirada no tienen cabida las tormentas destructoras.
28 diciembre 2009
Aún más tierno...
Para los que les gustan estos días.
Y para los que no les gustan, que al menos les arranque una sonrisa...
Ternura y poesía.
Publicado por
Isabel Huete
en
13:03
21
comentarios
Etiquetas: Navidad
24 diciembre 2009
Paz y los más bellos sueños
Más vale llegar tarde que no llegar nunca. Y yo no podía ponerme ciega esta noche sin desearos antes que disfrutéis de los vuestros incluso para los que resulte un trámite. Muchas/os sabéis lo que me gusta la Navidad, las luces, los belenes (sobre todo montar el mío, como buena amante de las miniaturas), los villancicos... Con lo sentimental que soy no podría ser de otra manera, aunque lo hago sin nostalgia, sin tristeza, sin retroceder en el tiempo añorando mi niñez. Cada año en estas fechas me gusta volverme niña o, quizá, seguir siéndolo pero aún más. Es probable que para entender estos días haya que preguntarse en qué momento dejamos de sentir ilusión, qué borrasca fue tan turbulenta como para borrar de la tierra nuestros sueños, qué hoyo encontramos en nuestro camino que nos hizo caer para no volver a levantarnos, para descreer de todo lo que nos hizo felices como si no hubiese posibilidad de recuperar esa felicidad. Hay que perder el miedo al sentimiento y dejarnos llevar por él como el niño que arrastra al padre o a la madre para enseñarle el juguete más deseado y arrancar de ellos una sonrisa tan amplia como la suya.
Por todo eso y porque os quiero os dedico esta felicitación que he elaborado con una fotografía que saqué de este muñeco de nieve en una callecita apenas transitada de Madrid. Es el muñeco más completo que he visto en mi vida y me hizo una ilusión tremenda encontrármelo de sopetón. De inmediato pensé que sería el protagonista de esta tarjeta dedicada a vosotras/os.
Que el niño/a que lleváis dentro se despierte con fuerza y os haga felices.
Navidad y poesía.
(PD: Aunque lleve varios días sin comentaros a la mayoría no es porque no os haya leído pero no he tenido tiempo de "dejar asomar mi patita por debajo de vuestra puerta" :) Por un error borré dos comentarios de mi entrada anterior, así que nadie se sienta discriminada por ello porque aquí nadie sobra, al contrario). Besitos navideños.
Por todo eso y porque os quiero os dedico esta felicitación que he elaborado con una fotografía que saqué de este muñeco de nieve en una callecita apenas transitada de Madrid. Es el muñeco más completo que he visto en mi vida y me hizo una ilusión tremenda encontrármelo de sopetón. De inmediato pensé que sería el protagonista de esta tarjeta dedicada a vosotras/os.
Que el niño/a que lleváis dentro se despierte con fuerza y os haga felices.
Navidad y poesía.
(PD: Aunque lleve varios días sin comentaros a la mayoría no es porque no os haya leído pero no he tenido tiempo de "dejar asomar mi patita por debajo de vuestra puerta" :) Por un error borré dos comentarios de mi entrada anterior, así que nadie se sienta discriminada por ello porque aquí nadie sobra, al contrario). Besitos navideños.
Publicado por
Isabel Huete
en
15:05
27
comentarios
24 diciembre 2008
Una casita en el agua
FELIZ NAVIDAD

FELIZ 2009

FELIZ 2009
En ese rincón de ensueño soñaré que me me refugio esta Navidad, ¿alguien quiere acompañarme? Prometo conversaciones al calor de la lumbre, serenatas de grillos y buhos bajo la luna, desayuno con café y panecillos tiernos, paseos en barca por el día y buen vino al anochecer.
Y mucho cariño para las buenas gentes.
La mejor soledad es la que no se desea.
Y mucho cariño para las buenas gentes.
La mejor soledad es la que no se desea.
Deseos y poesía.
Publicado por
Isabel Huete
en
01:34
17
comentarios
Etiquetas: Navidad
21 diciembre 2007
A todos los amigos/as que os acercáis a leer mis diatribas, y también a los desconocidos/as y/o anónimos, quiero felicitaros la Navidad, o el Año Nuevo, o las Fiestas, o estos Espantosos Días, o lo que sea (como cada uno quiera vivirlo), con esta foto que he hecho y con la que pretendía que pareciera algo así como un chorro de luz. Creo que me he acercado bastante a ello, así que
LUZ, MUCHA LUZ PARA EL ENTENDIMIENTO Y PARA EL CORAZÓN
Publicado por
Isabel Huete
en
16:18
3
comentarios
Etiquetas: Navidad
12 diciembre 2007
Navidad yin-yang
Sé que más de uno y una arrugaría la nariz por lo que voy a decir: me gusta un huevo la Navidad. Es bastante común que la gente de mi generación se lamente de la llegada de estos días. La mayoría coinciden en que les fastidia la sonrisa obligada, las reuniones familiares, las comilonas pantagruélicas, las dichosas lucecitas, el gentío en las calles, el afán consumista, el arbolito y/o el Belén; que si es cosa para niños, que si produce una melancolía que a nadie atrae, que si hay mucha hipocresía aparentando todos volvernos buenos de pronto... Y yo, la verdad, lo comprendo porque es difícil no asociar estas fiestas con aquella mirada ingenua e ilusionada con la que las recibíamos siendo niños. Los gestos de asombro ante ese nacimiento que se montaba en casa, sobre todo cuando se encendían las lucecitas; la espera a las 12 de la noche del día 24 para poner al niño en la cuna o al día 6 de enero para acercar los reyes al portal; la inquietud la noche del día 5 ante lo que nos pudiesen dejar esos reyes de regalo (era terrible cómo recordábamos de golpe todas las "cosas malas" que habíamos hecho y el temor a no recibir nada por ello) y el consiguiente madrugón para comprobarlo... Siempre recibías algo, aunque nunca faltaba, al menos en el caso de mi familia, que a alguno de nosotros se nos dijera que no nos lo merecíamos del todo, que para el año siguiente había que ser mejor.
En los prolegómenos de los días "clave" (o fatídicos, según para quién) había dos momentos importantes que a mí me fascinaban casi más que cualquier otra cosa: la visita a los tenderetes navideños de la Plaza Mayor, la iluminación de las tiendas y las calles y la compra del turrón en la pastelería (que ya no existe) del Hotel Nacional en la Glorieta de Atocha. Y me sigue fascinando ahora también... Hace tres días hice mi primer recorrido (voy varias veces antes de que lo quiten) por las casetas de la Pl. Mayor, aunque procuro ir a las 3 de la tarde para no encontrar gente, y ayer salí, aprovechando que había partido del R. Madrid contra el Lazzio, para recorrer las calles del centro y recrearme con la iluminación (bastante pobre, por cierto). Los dulces los dejo para la semana que viene (me gustan a rabiar). Pero ya he sacado el árbol y espero ponerlo esta tarde, y quizá mañana empiece con el nacimiento... Soy manitas y una apasionada de las miniaturas, así que me atrevo a decir sin ninguna humildad que mis nacimientos son bastante bonitos, y hablo en plural porque además del de mi casa, cuando nos reunimos toda la familia en casa de mis hermanas es tradición que sea yo también la que monte el de allí.
Cada año compro una nueva figurita (siempre de barro), o un arbolito, o una casita, o un farolillo, o cualquier elemento que le pueda añadir realismo; también algún nuevo adorno para el árbol, que en aras de la preservación de la naturaleza ya no es un pino natural sino artificial, aunque para mí lo importante es encenderlo y ver reflejarse las luces en las bolas o el destello que producen en los adornos de cristal transparente. Cuando ya está todo montado, todas las noches antes de irme a la cama, me encanta apagar las luces del salón y dejar encendidas las del árbol y el nacimiento. Entonces me dejo invadir por esa atmósfera mágica que sentía de niña, sin nostalgia alguna, volviéndome niña de nuevo (¿habré dejado de serlo alguna vez?) aunque ya no pueda vivirlo con la ingenuidad de entonces. Para mí lo de la Navidad no es una cuestión que deba someter a un análisis racional sino una vivencia ante la que me dejo llevar y ante la que me planto con la mirada de la infancia. No es que intente recobrar la emoción o la ilusión que sentía cuando era niña, es que no han desaparecido nunca, siguen palpitando de igual manera, con la misma intensidad, año tras año. Siempre me cuesta más trabajo desmontar el nacimiento y el árbol que ponerlos, y es que, si por mí fuera, los dejaría puestos todo el año. Si no lo hago es por el espacio que ocupan y porque me privaría de la emoción que me produce crear cada año ese mundo de luz y de magia.
Y la parte yang la he quitado en aras de la concordia familiar, aunque lo siento en el alma.
Me ha costado aprender que la realidad es como es y no como cada uno estamos empeñados que sea, aunque no puedo quedarme estancada ahí y pienso que no deberíamos dejar de creer que puede cambiar y, sobre todo, no deberíamos dejar de poner el corazón en intentar que cambie.
Navidad y poesía.
Publicado por
Isabel Huete
en
13:23
0
comentarios
Etiquetas: Árbol de Navidad, mi mami, Nacimiento, Navidad, Yin-yang
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



