Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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26 febrero 2010

Malditas claves; benditos cables

Pues sí, he aguantado todo lo que he podido pero no me queda otro remedio que haceros escribir las dichosas claves de absurdas palabrejas para editar vuestros comentarios porque cada vez me llegan más spams de comentarios (en inglés) a post antiguos, que tengo que rechazar y me traen loca. Lo siento en el alma pero es la única manera de evitarlos.

Por otro lado, porque sé que muchas/os os estáis preguntando qué ha sido de mi nueva revisión, del último escáner que me han hecho, y no paráis de echarme cables de ánimo y buenas vibras (que diría mi amigo mexicano Freddy), quiero deciros que no ha habido nada nuevo, que los ganglios siguen ahí aunque, al parecer, no tan grandes (esta vez dicen que de 1 cm. cuando antes decían que de 1,8 cm) pero se debe, según sospechas médicas, a que hubo un error de valoración en la prueba anterior... ¡Manda huevis! La cuestión es que son lo suficientemente pequeños como para estar dentro de los límites de la normalidad (hasta 2 cm), que nadie consiga palpármelos y, en consecuencia, no van a tomar ninguna medida hasta la próxima revisión en julio. Este es un cáncer de crecimiento muy lento así que, de haberse reproducido (que no se sabe seguro), no se haría más maligno porque pasen varios meses antes de hacer una biopsia. Toca, pues, esperar hasta el verano para comprobar si se ha producido o no alguna modificación en ellos para tomar decisiones.

Confieso que me he vuelto pasota y que no tengo la menor angustia. Nunca me asustó que los bichos volvieran a las andadas aunque sí me pudo en algún momento la ansiedad por saber de una vez si era así o no. Ahora, después de haber pasado estos tres meses, me da igual esperar otros cinco. Yo me encuentro perfectamente bien: como como una lima, bebo moderadamente por lo general, fumo un pelín menos, camino cuando la lluvia me deja, a veces me estriño uno poco, duermo razonablemente bien y me sigo riendo todo lo que puedo de todo lo que se deja. ¿Se puede pedir más? Siempre lo he dicho: no hay que dejar que nada ni nadie te paralice.


CARTAS SOLIDARIAS CON HAITÍ


(Imagen conseguida en Internet)


He de decir que estoy recibiendo con más prontitud de la que esperaba vuestras colaboraciones. Ya tengo 22 aunque me faltan aún algunas de gente que se ha comprometido y que se está retrasando... Ejem! Hay otra gente que siente pudor, que piensa que lo que escriban pudiera no tener la calidad literaria suficiente... Claro, yo me río y alucino en colores (que es una hermosa manera de alucinar) porque aquí no se trata de escribir una novela para presentarla al Premio Nacional de Literatura; aquí lo que yo pretendo es que se escriban cosas, se fotografíen, se dibujen, o lo que sea, que salgan del corazón, de un sentimiento amigo y solidario, de la necesidad de que nuestros amigos haitianos sepan que hay personas que sienten como propias sus pérdidas, ya sean materiales o humanas, y se conduelen con ellos, les tienden su mano para estrechársela o sus brazos para apretarlos contra el pecho y darles cariño y calor. No hace falta ser un Delibes o una Marguerite Yourcenar para expresar los sentimientos tal cual se producen, así que sigo animando a quienes sé de su espíritu solidario y de gran generosidad para que colaboren en este proyecto en el que hemos puesto tantas ganas e ilusión.

PARA LOS/AS QUE TENGAN REPAROS PORQUE NO SABEN FRANCÉS, NO PASA NADA PORQUE LA TRADUCCIÓN SE HARÁ POR OTRAS PERSONAS.

Buen finde, amigas/os y buscad un hueco para escribir/dibujar/fotografiar algo y participar en esta obra solidaria.


Buenas vibraciones y poesía.

03 septiembre 2008

Cual niña pequeña

Distorsión de las luces de la Playa de la Herradura (Granada). Fotografía de Isabel Huete.

Ando yo estos días de pruebas médicas (Comendatore, ya ves que no eres el único con "pequeñas anomalías" físicas... :-))): que si la revisión semestral por el cáncer, que si el quiste de la mama que me tengo que extirpar, que si la operación de mandíbula (no era una broma lo que conté de Mami P.), que si una rotura de tendones del hombro... En fin, que los de la bata blanca me tienen como cliente habitual les guste o no, me guste o no.

Ayer a las 6 de la tarde me tocaba escáner de cuerpazo (es un decir) entero: cuello, tórax, abdomen y pelvis. Debo presentarme con cinco horas de ayuno; ni agua, oiga. Primero me toca firmar el consentimiento para la prueba y la autorización para que me inyecten en vena un contraste que seguro que es pura guarrería química. No se quieren responsabilizar si me da un patatús. Para completarlo, previamente me tengo que beber en media hora una jarra de un líquido con regusto a anís (odio el anís). Les aviso que a las 5 me he tomado un café con hielo, que se me ha ido la olla con lo del ayuno.

Bueno, lo único que te puede pasar es que vomites...

¡Pues lo siento sobre todo por mis compañeros de sala de espera!

Cuento ocho vasos de plástico. Las ranas de mi estómago deben de estar ya a punto del k.o., pero yo no siento ningún revoltillo por lo del coffe. ¡Menos mal!

Quítese todo artilugio metálico y el pantalón, que lleva cremalleras.

¿Y las sandalias?

No hace falta. Túmbese aquí que vamos a inyectar el contraste.

Me tumbo obediente; ya sé de qué va el procedimiento, he pasado por él casi veinte veces desde el 2003. El joven operador del aparato e inyector habitual de contrastes me da a elegir el brazo en el que quiero que me pinche.

El izquierdo, y me da por pensar que hasta en esto me pongo al servicio de mi ideología.

Estira mi brazo y le ata el torniquete. Es verde intenso.

Cierra el puño con fuerza.

Vale, aunque ya lo había cerrado. La experiencia es un grado.

Se nota muy bien la vena.

Me sorprendo del comentario porque es lo contrario de lo que siempre me dicen: que vaya mierda de venas tengo. Será que este tipo tiene un tacto más sensible. Siento entrar la aguja del vial y respiro profundamente para ahuyentar el odio que siento por ellas desde mi infancia. Sigue inclinado sobre mi brazo y le pregunto.

No la he pillado, qué raro. Se ha roto además el vial.

Prueba en el derecho. Y lo digo con aplomo, como si no me importara.

Lo siento, se disculpa mientras me desata la goma verde.

Vuelta a empezar, y yo empiezo a soltar mentalmente y en orden alfabético todos los tacos que me sé. Tranqui, tía, que no es la primera vez que te ensartan a agujazos.

¿Qué, la has pillado esta vez?

Tampoco, no lo entiendo. Parecía que sí. Espera, que voy a inyectarte un poco de suero para confirmarlo. ¿Notas algo?

Pues no.

Se ha embolsado el suero cerca de la vena, no ha entrado. Precisamente lo de inyectar en vena no se me da nada mal... Voy a intentarlo un poco más arriba.

Menos mal que no se le da mal... Algo me empieza a trepar desde el estómago hacia el cerebro, pasando por la garganta. No es el vómito. Es angustia. Me siento pequeñita, frágil, ratoncito blanco de laboratorio con nariz sonrosada.

Noto por tercera vez penetrar la aguja, después la mueve hurgando en mi vena. Me duele y gimo.

Perdona, de nuevo una disculpa. Se ha vuelto a romper. Tendré que intentarlo en la mano.

Sé lo que es eso: un dolor horrible. También tengo experiencia, aunque sólo de otra vez. No quiero morirme, pero sí desaparecer. ¡Peazo bruto! Se me humedecen los ojos sin poder evitarlo mientras vuelve a atar la dichosa goma verde, esta vez en el antebrazo. Por cuarta vez palpa mi tercera vena.

Esta vez no puede fallar, la vena se ve perfectamente.

¿ ........... ?

Déjalo, no puedo más.

Me llevo la mano izquierda a los ojos y lloro como una niña pequeña, quedamente, como me enseñaron. Berrear es de mala educación. Aun así me siento ridícula y eso me provoca todavía mayor desconsuelo.

No te preocupes, cielo, comprendo perfectamente tu angustia. Te haré el escáner sin contraste.

Y mientras lo dice me acaricia el brazo con ternura. Lo retiro suavemente porque me están dando ganas de volverme de costado y encogerme en posición fetal. Tía, reponte.

Se va cariacontecido a la cabina de control. Creo que, por fin, se ha dado cuenta de que mis venas son una mierda, y yo me quedo con la impresión de que es un inútil, pero no le culpo porque hacerlo no le va a devolver la integridad a mis venas. A través del altavoz que nos comunica me pide que no respire hasta que me avise. Obedezco y cierro los ojos.

¿Hay alguien ahí?

Regresión y poesía.



FOTOLIA