Bitácora de Isabel Huete
SOLIDARIDAD CON HAITÍ
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22 octubre 2009
15 abril 2008
Ayer me acordé...
... de una de las experiencias más bellas que he tenido en mi vida. Fue en Japón, en mi viaje de novios, hace ya muchos años.Después de decir esto, y aunque parezca mentira, en realidad fue un viaje fatídico porque en él se inició lo que tres años después sería mi separación y posterior divorcio. Padecí por primera vez un ataque de pánico, o de angustia, o de ansiedad, da lo mismo, creyendo que iba a morirme porque tuve la sensación de que la tierra se abría bajo mis pies y sería engullida por ella. También la mente dejó de responderme, oscilando de un lugar a otro sin poder controlarla; el corazón perdió su ritmo habitual y el aire parecía negarse a entrar en mis pulmones... Entonces no lo sabía, pero todo era consecuencia de haber tomado la decisión de casarme sin desearlo en realidad. Pero es una historia demasiado complicada y larga como para entretenerme ahora con ella.
La mente es selectiva y huye de los huecos oscuros buscando siempre la luz. Y mi luz en aquel viaje fue la visita a un templo budista, creo que en Osaka aunque no estoy del todo segura.
Como en todos los templos consagrados a Buda, debes descalzarte para entrar, y por razones que desconozco, cuando te descalzas en un templo las pisadas se vuelven más ligeras, quizá porque el suelo en este caso era de grandes tablones de madera. A mí desde luego me llamó la atención sentir la necesidad de andar como en volandas, pero sobre todo me sorprendió que tras cada pisada podía escuchar el eco de un trino, muy suave y armonioso, y de distintas tonalidades. Era como una música suave y lejana, algo triste. Creí que salía por algún altavoz pero no conseguía descubrirlo. Al final tuve que preguntar porque sonaba a gloria celestial, de la de verdad.
Y la explicación era tan sencilla y mágica como que el suelo tenía una cámara debajo en la que se colocaban una especie de clavos de metal a pocos milímetros de la madera, de manera que cuando pisabas y ésta entraba en contacto con ellos, emitía un sonido tenue que pretendía imitar el canto de los pájaros. Creo que desde entonces amo la delicadeza de la sabiduría oriental. Es increíble que la mente humana, tan capaz de perpetrar los horrores más espantosos, sea también capaz de crear las cosas más delicadas y bellas. Supongo que es el yin-yang que lo domina todo, el universo de la oscuridad frente al universo de la luz. Por eso creo que no podemos mirar sólo hacia uno de los lados, sino de frente, escudriñando el horizonte para descubrir la belleza. La hay, y mucha.
Belleza y poesía.
Publicado por
Isabel Huete
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13:09
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07 abril 2008
No es el agujero todo lo que reluce
A veces un agujero no es sólo eso. Hay que mirar dentro para hurgar en la negrura y encontrar los colores del tiempo y de su paso.
Yo me encontré con la belleza en el abandono, porque la buscaba. Poesía .
Que cada cual extraiga las consecuencias que quiera.
Agujero y poesía.
Publicado por
Isabel Huete
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15:59
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12 junio 2007
Hay cielo y cielos
Esto es un cielo increible y hermoso, poético, lleno de matices y del que se espera algo: truenos, lluvia, o quizá el simple paso a otro cielo.Se me hace tarde, me voy a comer. Luego seguiré con este cielo u otros cielos.
Pues este mi cielo lo fotografié una tarde de primavera de hace tres años en La Mancha, en Tembleque, desde el corral de la casa de Jose, de Jochete, de Mayoral, de Mayo, o de García Smith. Yo estaba trabajando uno de mis libros-objeto en el patio interior cuando empecé a notar un cambio de luz que me llamó la atención porque se había vuelto amarillenta. Tuve una sensación extraña, como de otro mundo cósmico, y me vino a la mente de forma espontánea el título de un libro de Julio Llamazares: La lluvia amarilla. No es que el libro tenga nada que ver con el cielo y las formas o las luces que adopta, pero sí con una especie de retrato en sepia de la melancolía que produce la desaparición de los seres queridos y el recuerdo de su presencia en los rincones de un pueblo abandonado. Es un relato de tristeza y abandono. Y quizá sea eso lo que sentí al volverse amarillos todos los colores que habitaban a mi alrededor: la pérdida de su presencia. Sin embargo la nueva luz convirtió ese pequeño mundo en un lugar mágico, de cuento al calor de la chimenea. La belleza en estado puro, la que surge de la esencia de las cosas y de las personas, sin artificio, me extasía. Y este es un ejemplo.
Pero hay otros cielos, y yo tengo algunos, que me extasían también: mis amigos/as, esas personas a las que quiero y de las que siempre estoy aprendiendo. Unas veces recordándolas porque ya se han ido (esta hijaputa de vida fue implacable con ellos, tan jóvenes todavía) y otras conversando con las que no se dejan llevar. La amistad es un chute de vida, y creo que sin ese cuelgue permanente la existencia sería mucho más anodina y menos llevadera. La amistad es complicidad, entre otras cosas, por eso creo que hay que delinquir constantemente con y para los amigos, subvertir las normas e imposiciones, exiliarse de todo eso que llaman "lo políticamente correcto". La amistad debiera ser anarquía pura, y besos, muchos besos.
Pues eso: amistad y poesía.
Publicado por
Isabel Huete
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14:53
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Etiquetas: "La lluvia amarilla", amistad, belleza, besos, Cielo, delinquir con los amigos, Julio Llamazares, La Mancha, libros-objeto, relato, Tembleque
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