Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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14 diciembre 2009

Nieve y otras músicas

Una vez llegué a soñar que escapaba a un hermoso lugar en las montañas de un país del norte durante la Navidad para encontrarme en una casita perdida con alguien a quien quería, rodeados de nieve, y nos quedábamos dormidos al calor de la chimenea leyendo un cuento de gnomos bajo una manta marrón.

Como no era más que un sueño, me compré una pequeña urna de cristal llena de agua, en forma de cúpula, en la que dentro hay una casita de rodeada de abetos y sobre la que cae una intensa nieve al agitarla. Era una forma de mantener vivo un sueño que nunca pude, ni podré, hacer realidad. Todas las navidades agito esa pequeña urna donde se refugian mis quereres y con ellos mi fantasía.

Hoy todavía no es Navidad pero ha nevado sin necesidad de agitar nada; tampoco estoy en ningún lugar de montaña ni espero a nadie en ningún refugio, pero este pueblo de Tembleque, puerta de La Mancha, puede ser también muy bello cubierto de blanco y no he podido resistirme a fotografiar algunos de sus rincones tapizados por la nieve.








Tres detalles del corral de la casa de Tembleque




















El único inconveniente es que quería regresar a Madrid esta mañana y no he podido a causa del estado de la carretera de Andalucía: Tráfico recomienda no conducir durante todo el día por toda la zona y me perderé el concierto que da esta tarde Diego Fernández Magdaleno en el Auditorio Nacional... A estas horas ya habrá comenzado y sus manos estarán recorriendo el teclado del piano con esa delicadeza y sensibilidad a la que nos tiene acostumbrados. Tocará obras de varios autores españoles en homenaje a Ramón Barce y encandilará a todos los presentes entre los que no podré estar... Tendré que conformarme con imaginármelo y esperar al próximo concierto que dé en Madrid.

Foto que le hice a Diego durante el último concierto que dio en Madrid en la SGAE

Siento que hoy me pierdo algo grande y sin embargo no puedo maldecir a la nieve porque también me trasmite la belleza de su propia música.

Mañana espero poder regresar y no perderme también la inauguración de la exposición de pintura que hace Benito Lozano en la Galería Rafael García, en la mismita Puerta de Alcalá.

Nieve y poesía.

27 abril 2009

"Razón y desencanto", de Diego Fernández Magdaleno (lf ediciones, 2008)


Hace algunos días acabé de leer este delicioso libro de Diego Fernández Magdaleno. El título me enamoró desde el primer momento, cuando lo anunció en su blog y tuve claro que no me lo podía perder, de igual manera que cuando anunció su ¿penúltimo? concierto en Madrid, del que ya hablé en esta bitácora, y pude disfrutar como una enana de su interpretación al piano, quizá el instrumento musical que más me gusta y hubiese querido saber tocar desde mi juventud, pero me tuve que conformar con una guitarra porque en casa no había dinero para más pero, claro, al no ser lo que yo quería, rasgueé alguna vez sus cuerdas y después me olvidé de ella.

También me hubiese querido convertir en escritora pero cuando me di cuenta de que tampoco llegaría a nada con ello, me dediqué a consolarme leyendo cuanto libro cayó en mis manos, lo cual sigo haciendo ahora cuando el tiempo me lo permite. Y entre esos libros me alegro que se encuentre el de Diego.

Es curioso que a medida que lo iba leyendo algo me iba rondando la cabeza, algo que no sabía definir con claridad, algo que de alguna manera me “hablaba” y no sólo surgía de las palabras escritas sino que iba más allá. Fue al terminarlo cuando se mostró ese algo de forma rotunda: el libro de Diego me recordaba a una composición sinfónica para piano, no a una en especial sino a una muy particular en la que cada nueva entrada de su diario –porque de un diario se trata- se transformaba en la nota que iba construyendo las distintas partes de la sinfonía. Y esas partes son los tres años (2005-2007) por los que recorre sus días, días en los que siempre ocurre algo que deja su reflejo en el sentimiento, tal rico en matices, tan racional-irracional a veces, tan alegre otras, tan demoledor incluso. Cada fecha, cada nota, es un breve reflejo de lo mejor del día, la sustancia en la que se condensa lo realmente importante, eso que ha merecido la pena ser vivido y recordado.

Lo he dicho en otras ocasiones: me encanta escuchar música pero no entiendo nada de ella, ni de la clásica ni de la moderna ni de la contemporánea; tan sólo sé si algo me gusta, me es indiferente o me resulta horripilante. No me pasa igual con los libros porque después de haber leído durante tantos años algo he aprendido, aunque reconozco que no siempre me gustan más los mejor escritos ni menos los que su temática no resulta demasiado emocionante. No es el caso de Razón y desencanto porque no sólo está bien escrito sino que, además, sus palabras musicadas te secuestran el interés desde el primer momento, te enseñan lo que es la verdadera dignidad y eleva la sencillez a la categoría de autenticidad.

Diego repasa los aconteceres con la naturalidad de quien sabe que cada instante es como una flor fresca a la que hay que permitir desarrollarse, respirar su aroma y dejar morir para que crezca otra en su lugar. Las vivencias se entrelazan de tal manera que nos lleva paso a paso a sumergirnos en la gran sinfonía de la vida. Hoy es una reflexión serena sobre un hecho, un sentimiento o una duda; mañana un encuentro inesperado con alguien a quien se admira, una comida con amigos,una actividad familiar o un concierto programado en cualquier ciudad de las muchas en las que ha tocado; pasado mañana el comentario sobre un libro, un autor, un músico, una película o un acontecimiento político; al siguiente día, y muchos otros, el recuerdo de su padre, muerto en fechas no muy lejanas pero vivo en el sentimiento, añorado e imposible de apartar con subterfugios inútiles (¡qué fácil me ha resultado ponerme en su lugar en esta cuestión tras la muerte de mi madre!). Y así se van desgranando las notas, no sé si de esta sinfonía o de este poema sinfónico que es el fluir de su existencia.


Me gustaría que esta torpe reseña animara a otros/as a leerlo porque se trata de todos nosotros, de lo que nos pasa y de lo que trasciende, de la razón y del sentir, de la plenitud y del desencanto. Para mí, una gozada.


Y detrás de todo ello el buen hacer editorial de Luis Felipe Comendador.


Razón y desencanto, y poesía.

30 septiembre 2008

Concierto de Diego Fernández Magdaleno


Ayer fue un día grande para mí y se lo tengo que agradecer a este peazo pianista que es Diego Fernández Magdaleno.

"Conocí" a Diego virtualmente al dejarme un comentario en el post que dediqué a Luis F. Comendaror, e inmediatamente entré en su blog para saber "quién era ése" que compartía mi admiración y afecto por tan querido amigo. Y me encontré con un pianista, profesor de piano y escritor. Entré también en yutube y pude escucharle en algunos vídeos de sus conciertos. Me encantó, así que le pedí que me avisara si tocaba en Madrid, y lo hizo: ayer ofrecía en el Círculo de Bellas Artes un concierto en homenaje al compositor Ramón Barce.

No soy ninguna experta en música, ni clásica, ni moderna, ni contemporánea, pero adoro la música, y de todos los instrumentos musicales existentes si hay alguno que me enardece ése es el piano. Sus notas me calan hasta lo más profundo y mi mente, al escucharlo, se convierte en el eco que se esparce, hecho ya melodía, a través del flujo sanguíneo hacia todas mis terminaciones nerviosas.

La música sinfónica contemporánea reconozco que es casi una desconocida para mí y la poca que he escuchado, a través de RN2, no me ha atraído precisamente, no sé si porque el violín era el instrumento más destacado y a mí me sonaba más a maullido de gato que a otra cosa. No me resulta fácil comprenderla, quizá por tener el oído acostumbrado a la clásica. Pero en esta ocasión no había más instrumento que el piano y las maravillosas manos de Diego deslizándose por el teclado, unas veces con extrema delicadeza y otras con total rotundidad. Y disfruté como una enana, para qué negarlo. Disfruté doblemente: por la música que supo envolverme y por poder contemplar desde mi silla el movimiento certero de sus manos para extraer las notas, su forma de trabajarlas, su entrega a la composición y sus ganas de compartirla con los presentes. Gloria pura.

Además del regalo para el oído que esto supone, es muy bello observar con detenimiento la forma y el contenido de un piano de cola: sus formas sinuosas, el brillo azabache de su caja contrastando rabiosamente con el color marfileño del teclado, la tapa abierta, como grandes fauces de ballena, convertida en espejo de las cuerdas, tensas y milimetricamente colocadas para emitir las más dulces y apasionadas notas. Y con todo lo bello que puede ser observar un piano, para mí lo más inquietante es ver reflejarse las manos del pianista en el frontal mientras toca. Ves los dedos moverse desde una perspectiva imposible de captar de otra manera. Tocar el piano me parece algo así como un rito sagrado y único. 

No me llevé la cámara de fotos porque no sabía si podría utilizarla ya que el flash supongo que puede entorpecer la concentración del pianista, pero me hubiese gustado realizar algunas fotografías de las manos de Diego tocando y haberlas compartido en este post. 

Interpretó obras de Tomás Marco, Francesc Taverna-Bech, Josep Soler, Albert Sardá, Carlos Cruz Castro y Carles Guinovar, todos ellos nacidos en las décadas 30 y 40 del siglo pasado. Yo no sé, salvo quizá de oídas alguno de ellos, quiénes son, pero sí sé que oyendo sus composiciones a través de las manos de Diego me parecieron músicos estupendos. Eso que he ganado en conocimiento desde el día de ayer. La segunda parte iba dedicada en exclusiva a la composición de Ramón Barce (1928), al que supongo persona y músico de reconocido prestigio al leer la reseña que de él se hacía en el programa, pues ha promovido y pertenecido a grupos musicales sinfónicos importantes y, también, recibido diversos premios como, por ejemplo, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1997. Aparte de haber publicado numerosas traducciones musicales y compuesto más de 120 obras. Desde luego puedo afirmar que lo que ayer escuché de su obra me pareció magnífico. Cuando descubro estas cosas más cuenta me doy de lo ignorante que soy.

Al finalizar, aplaudimos mucho a Diego todos los asistentes y no le quedó más remedio que hacer un bis, y tocó una sonata (creo, porque no pude entenderle bien cuando lo anunció) de J.S.Bach; fuere lo que fuere, resultó el colofón perfecto: bellísima composición y magistral interpretación. 

Me emocionó y quise agradecérselo con un abrazo, que por supuesto le di, y también decirle el placer que ha supuesto para mí haberlo conocido en persona y poder verle y escucharle tocar el piano. Un lujo, sin ninguna exageración, que espero se repita.

Así lo viví y así lo cuento.

Gracias Diego, a miles.

Para quien quiera saber más sobre Diego puede entrar en la web que aparece al pie de la fotografía y en su blog


Piano y poesía.

04 septiembre 2008

La dignidad no es un capricho



Me he permitido copiar el título y esta imagen de Eneko del blog de Diego Fernández Magdaleno, porque me ha parecido que expresan tanto que no es necesario escribir nada más. Me sumo con ello al post de hoy de Pedro Ojeda cuyas palabras, como siempre, son un acierto.


http://laspalabrasdelagua.blogspot.com

Memoria, dignidad y poesía.

18 agosto 2008

LA MÚSICA, con mayúsculas


Gracias al comentario que ha dejado en mi post de esta mañana Diego Fernández Magdaleno, he descubierto a un intérprete maravilloso de un instrumento que adoro.

Gracias Diego por este regalo.

La música y poesía.

FOTOLIA