Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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08 agosto 2009

Ponga un Banco en su vida


Con esta solanera bien podía dedicarme a contar un cuento o intentar escribir un poema pero mi mente va hoy por otros derroteros menos literarios, supongo que afectada por la modorra calenturienta del pasar de los días veraniegos y porque trabajar en agosto afecta a la psique aún más que al trabajar el resto del año.

Estaba yo ayer sentada en el escalón del escaparate de un Banco esperando el autobús de la línea 3, que es un horror por lo que tarda, cuando se me ocurrió pensar mientras miraba hacia la Carrera de San Jerónimo, donde destaca la bella y labrada puerta del edificio de otro Banco, que estas entidades (¿o entes?, con perdón de mi querido Ente) se han incrustado en nuestra vida como las sanguijuelas lo hacen en nuestro cuerpo al meternos en aguas estancadas: atacan, nos perforan la piel y chupan nuestra sangre para poder ellas sobrevivir. ¡Y vaya si sobreviven!

No creo que haya algún ciudadano/a de nuestro país, y de muchos otros, que no tenga un crédito con algún Banco o no haya comprado a crédito en alguna empresa o comercio que, a su vez, tienen acuerdos con los Bancos para poder ofrecer el servicio de la venta a plazos, como por ejemplo yo o cualquiera de las personas que conozco. La cuestión es que consumimos más de lo que nos podemos permitir y ante la imposibilidad de pagar a tocateja nos endeudamos hasta el último pelo de nuestra poco aprovechada cabecita. No digamos ya los que se aventuran a comprarse un pisito y les sacan el higadillo en intereses porque la todopoderosa Banca nunca permitirá rebajarlos al mínimo por mucho que el Banco Central Europeo los recorte hasta dejarlos por los suelos. Los anuncios de rebajas nunca encajan en la muy aprovechada mente de los banqueros.

No creo que haya ningún comercio o servicio en nuestro país, y ni en muchos otros, que no tenga un crédito con algún Banco o no haya comprado a crédito con alguno de sus proveedores mayoristas que, a su vez, tienen acuerdos con los Bancos para poder ofrecer el servicio de venta a plazos, como por ejemplo Juteco, Visión Lab, Marcos Aldany o la zapatería de la esquina. Su motivo no es consumir ellos sino que consumamos nosotros, así que se endeudan para poder vender y suben y suben los precios a medida que los Bancos les cobran más comisiones en las compras con tarjeta y les aprietan sus partes más sensibles. No digamos ya los que además de verse obligados a vender todos sus stocks, o casi, seduciéndonos a los consumidores con las músicas más horteras del momento que podamos imaginar, tienen que pasar mensualmente el alquiler, el traspaso o la compra del local que, por supuesto, también han comprado a crédito con los correspondientes intereses que te caguis.

No creo que haya ningún proveedor mayorista en nuestro país, y en muchos otros, que no tenga un crédito con algún Banco o no haya comprado a crédito a las empresas productoras que, a su vez, tienen acuerdos con los Bancos para poder ofrecer el servicio de venta a plazos, como por ejemplo, Farmaindustria, MediaMark (yo no soy tonta) o cualquier cadena de ropa, ferretería, joyería o de productos de limpieza. Y no digamos ya los que además de tener que colocar sus productos de marcas variadas tienen que almacenarlos en una nave, que por supuesto han comprado con un crédito o han alquilado a una inmobiliaria o empresa dedicada a construir este tipo de edificios en polígonos industriales pagando precios desmedidos.

No creo que haya ninguna empresa productora en nuestro país, y en muchos otros, que no tenga un crédito con algún Banco o no haya comprado a crédito las materias primas en España o en el extranjero que, su vez, tienen acuerdos con los Bancos para poder ofrecer el servicio de venta a plazos, como por ejemplo Zara, La Cocinera, Orlando, Famosa o Seat. Y no digamos ya el coste que les supone el pago y mantenimiento de los edificios de esas grandes fábricas que, por supuesto pagan con otros créditos, a veces hasta las nóminas de sus trabajadores/as cuando las cosas no vienen bien dadas. Y, encima, en el caso de los productos agrícolas, ganaderos y pesqueros, pagan una miseria por ellos; sectores que a su vez, para sobrevivir y seguir produciendo u obteniendo materias primas, tienen que sustentarse mediante créditos bancarios para mantener las explotaciones o los barcos.

No creo que haya ningún Banco en nuestro país, y en muchos otros, que no tenga un crédito con otro Banco... Y es que, oiga, se prestan dinero entre ellos, se supone que porque para seguir apoderándose de empresas de otros sectores, para sacar tajada por supuesto, necesitan liquidez y eso a pesar del expolio al que tienen sometidos a particulares, comercios, mayoristas y empresas productoras con los intereses y comisiones que les cobran por los créditos contratados. Y encima se permiten el lujo de pasar por nuestras narices el aumento de beneficios cada año respecto al año anterior. Para colmo, ante la posible pérdida de un porcentaje que en ningún caso les llevaría a la ruina debido a los impagos como consecuencia de la crisis actual, se llenan los bolsillos con el dinero que graciosamente les ha dado el Estado, cuyos fondos provienen de nuestros impuestos, para que no se enfaden y no corten el grifo, cosa que se han pasado por la entrepierna y están arruinando a todos aquellos/as cuya subsistencia depende de ellos. Y es que, claro, el Estado también es deudor de los Bancos y ya sabemos lo que pasaría si también a éste le cortaran el crédito... No creo que necesite nombrar a estos "próceres del desarrollo".

Cada cual que saque las conclusiones que quiera, pero mi ecuación es clara:

Economía = Banca = Dios

¡Que los dioses dejen de protejernos! Y yo me cago en quienes los crearon y les permitieron, y permiten, que rijan nuestra vida y nos tengan sometidos como a viles esclavos desde sus alturas monetarias, sus insultantes sueldos y sus recomendaciones vergonzosas sobre los recortes a los que debe someterse la economía de todos los demás. Nada cambiará con la crisis, al contrario, han demostrado que sin ellos y su inmoralidad no hay nada que hacer. Se han hecho más fuertes, más desalmados, más tiranos. Huele muy pero que muy mal.

Puta realidad y poesía.


FOTOLIA