Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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10 julio 2007

Una pequeña patita... Una gran pataza

Cuando vi esta imagen la primera vez me recordó la visión que tenía de pequeña de que el mundo estaba dividido en dos partes: en una estaba yo y en la otra todos los demás. No es que creyera que esta división me había venido dada sin que nadie contara con mis deseos, más bien todo lo contrario: era yo la que buscaba esa ubicación, supongo que para poder lamerme las heridas más agusto. Lo tengo escrito en el último y único diario que conservo de todos los que escribí, que no es que fueran muchos pero sí bastante extensos porque mi afición por la lectura y la escritura viene de antiguo, lo que tiene mucho que ver, precisamente, con mi aislamiento del mundo que me rodeaba. Digo yo que por algún lado tenían que salir las sesiones de centrifugado de neuronas a las que me sometía a todas horas, y dejar constancia de ellas en algún sitio.

Aunque pueda parecer lo contrario, el elegir esa forma solitaria de afrontar la vida me hacía sentir más fuerte que los demás. Puesto que sobrevivía a pesar de las dificultades que todo eso entrañaba, creía que podría con todo y a la inversa: que nadie podría conmigo puesto que no los necesitaba... Evidentemente sufría una distorsión de la realidad tan enorme que no es que con el paso de los años me dejara huella, es que me dejó surcos que para sí quisiera la superficie de Marte. Lo peor de sufrir no es el hecho en sí mismo sino desconocer que se sufre porque, entonces, los mecanismos de superación quedan anulados. Y yo -he comprendido después- sufría como una condenada, como una tontorrona doncella medieval recluida por propia voluntad tras los muros de un castillo para protegerse de cualquier ataque, pero a la vez asomada todo el día a la ventana contemplando con melancolía los amaneceres y los atardeceres. Creo que en el fondo lo que más deseaba es que ocurriera algo o apareciera alguien que me sacara de mi encierro... Cuando leí El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, pensé que bien podría haber sido el personaje principal, esperando día tras día la llegada de unos tártaros que no existían aunque se deseara que existiesen para darle sentido a la espera. Pero claro, las cosas no son así, y hasta que no comprendí que o me ponía yo solita a la faena de desmontar la muralla piedra a piedra o se me iba a pasar el arroz de la vida, no empecé a disfrutar de lo que había al otro lado. Salirse de uno mismo, perder el miedo a afrontar el miedo, y dejar que la piel del otro se roce con la tuya aunque sea para después marcharse y no volver, es un reto que no hay que dejar pasar. Es puro condimento, puro saborcito, puro disfrute.

Patitos a la mar... Y poesía.

21 junio 2007

Siempre es hoy

Cuando duermo mal me suelo levantar como si estuviese sobre la cubierta de un velero perdido en el mar y azotado por un huracán. Pudiera parecer divertido tener la sensación de que una camina sobre el techo mientras que el suelo, como por arte de magia, es el que se coloca por encima de la cabeza y las paredes giran alrededor cual acelerado tiovivo. Pero a mí, la verdad, me divierten otro tipo de situaciones menos agitadas, aunque he de acostumbrarme a que el deterioro de mis cervicales y el cortocircuito que se produce en la conexión de mis neuronas cuando se saturan a causa de una noche en vela me jueguen esta mala pasada. En mi caso, sufrir este tipo de molestias son pecata minuta comparadas con otras que he padecido y me han enseñado que la vida es hoy, sólo hoy, y nada más que hoy, y que ese hoy-ahora es el momento más dulce y maravilloso que uno pueda desear y tener, aunque no haya dormido.
Vivir con un ojo en la nuca para no olvidar lo que nos dolió ayer y otro en la frente, a modo de webcam, para llegar más allá de lo conocido, queriendo atrapar un futuro que sólo puede ser un mal holograma, es propio de la condición humana pero no deja de ser un corsé con el que comprimimos el presente y nos condena a una inevitable parálisis racional y emocional. Tendemos a creer que el futuro posiblemente será mejor o, por el contrario, que lo mejor fue el pasado... como si el presente no fuese más que un diminuto paso, el inevitable tránsito entre el uno y el otro, casi una invisible gota de agua en medio de un diluvio. Y es curioso, porque el presente es la esencia de lo que fuimos y de lo que seremos, de lo que hemos vivido y de lo que viviremos. El hoy es la célula primigenia, ésa que se reproduce constantemente y conforma el ser; es la que deja tras de sí una estela de células-hijas y, mientras avanza, va creando otras nuevas, pero todas son ella misma y con ellas va creciendo. El hoy se transforma en ayer a medida que va transcurriendo y, al tiempo, se transforma en mañana porque es la materia prima que va conformando lo que seremos, lo que querremos, lo que ansiaremos, lo que amaremos y lo que odiaremos. Dependiendo de cómo se disfrute cada momento, del sentido que se le dé a cada vivencia, el siguiente hoy, si no se rompe la cadena, lo viviremos con plenitud o hundidos en la más absoluta miseria.
Por eso no creo que imponerse metas a plazo alguno sea positivo, ni tampoco lamentarse de lo pudimos haber hecho y no hicimos, porque el pasado, ayer, hace un minuto, no se puede modificar, y lo que pase mañana o dentro de una hora es pura incógnita. Sin embargo, disfrutar, vivir con intensidad este momento de sol, de silencio, de lluvia o de ruido, en sentido tanto real como metafórico, es lo que da auténtico valor a esto que llamamos vivir. Y vivir en color es una necesidad y una obligación; entre intentar extraerle una micra de dulzor a la fruta más amarga o negarse a comerla, existe la misma diferencia que entre querer vivir o dejar pasar la vida.
Esto parece un manual de autoayuda, un gramo de filosofía barata... quizá. Pero han pasado tantos años por mi vida sin enterarme que, cuando en un momento dado creí que el fin de mi mundo había llegado, me di cuenta que no se puede desperdiciar ni una milésima de segundo en lamentarse, y aprendí a destripar la realidad hasta encontrar en ella una razón, por pequeña que fuese, para no perder nunca la sonrisa.
La sonrisa es la fuente de la que mana todo amor.
Querer y poesía.

29 mayo 2007

Tiempo y tiempos

Es curioso que haya tanta gente que crea que el tiempo se estira indefinidamente, que es posible hacerlo todo, incluso llevar varias cosas a la vez... Yo no puedo, el tiempo me arrolla, me pisotea implacable, me siento incapaz de controlarlo, de distribuir los tiempos racionalmente. Mal asunto éste.

Mi querido amigo Alberto B., que me dejó un comentario en mi disertación última, me dice algo que me ha llegado al alma: que soy una persona que no añado años a la vida sino que añado vida a los años. Es una frase que había escuchado en alguna otra ocasión pero nunca pensé que alguien me la pudiera atribuir, y me gusta. Aunque he de decir que es perfectamente atribuible también a él, más aún cuando va a ser padre por primera vez. Tener buenos amigos, quererlos y saber que te quieren, es de las cosas más gratificantes que a una le pueden pasar, y lo mejor de todo es que pase el tiempo que pase sin vernos, la amistad se mantiene igual de intensa y la confianza no decae. Gracias Alberto (ya sé que no es mi otro Al, el otro Alberto, tan querido) por ser tan inmenso.

El tiempo de las Elecciones, por fin, ha pasado. ¿Quizá habría que decir los tiempos de las Elecciones? Porque para cada cual el tiempo ha transcurrido distinto, en magnitud y en intensidad. Hay quien ha convertido el tiempo en arma letal contra los otros, en vendaval furibundo, y hay quien, por el contrario, ha hecho del tiempo un instrumento de sosiego, pedagógico y esperanzador. También hemos podido encontrar otros que, pudiendo haber dispuesto de todo el tiempo para hacernos soñar, nos han rociado de agua helada para impedirnos cerrar los ojos. No es justo. Ahora todos quieren ganar tiempo, supongo que para llegar en mejores condiciones que los otros a las próximas Elecciones, que ya han empezado...

No ha sido el mejor resultado para la izquierda, tampoco para la derecha por mucho que digan lo que decían los otros en las anteriores y a la inversa. Yo siempre he pensado, y lo sigo pensando, que en los comicios locales y autonómicos gana quien más Ayuntamientos y Comunidades Autónomas gobierna. Lo pensé cuando lo consiguió el PP y lo pienso ahora que domina el PSOE. Lo de los votos es una mandanga a la que se agarran los perdedores, todos.

Al final fui a votar, y voté.

Lo de Madrid es lo que me llega al alma, no tanto por los votos que ha conseguido la derecha sino por los que han dejado de depositarse en las urnas por la gente de izquierdas, esos supuestos "puretas" (¿de qué?) que prefieren mil veces que gane la derecha antes que pensar medio minuto con la cabeza. Instalarse en la utopía es muy cómodo porque así no hay que pensar demasiado. La realidad del tiempo, o los tiempos, que nos tocan vivir no gustan a casi nadie, lo mismo da del lado al que se incline, pero por poco que nos guste o nos resulte difícil asumir o entender esa realidad, deberíamos tener medianamente claro, a mi entender, LO QUE NO QUEREMOS. Sólo analizando lo que se nos viene encima con la sanidad y la enseñanza en la Comunidad de Madrid (que ya se nos lleva viniendo desde hace años) debería haber sido suficiente. Eso de que no hay que votar en contra de nadie es una falacia porque todo tiene en la vida dos caras: si hay un "en contra" es porque hay un "a favor", y al revés. Si no quiero la privatización de los servicios públicos es porque estoy a favor de su generalización sin coste adicional, de su control por las instituciones, de que exista una mínima garantía de calidad, de que nadie haga negocio con los derechos universales de las personas, de que nuestros impuestos se empleen en mejorarlos. Es una de las grandes diferencias entre la derecha y la izquierda, por muy "diluida" que pueda estar ésta última. Siguen habiendo diferencias importantes pero parece que no nos enteramos. Quien calla, otorga, así que los abstencionistas que asuman la responsabilidad que les corresponda y, sobre todo, que luego no se quejen. ¿Dónde queda aquel NO PASARÁN?

Por quien más lo siento es por Rafa Simancas porque me consta que, independientemente de su carisma, es un hombre a carta cabal, currante, honesto y enterao de lo que se cuece en Madrid, aunque no me atrevería a decir lo mismo de alguno/a de los que le rodean... Soy de las que piensan que los resultados que han obtenido tanto Espe como Gallardín no son tanto por méritos propios como por la tremenda ayuda que les ha proporcionado ese tal señor Sebastián, un amigo de ZP. Quizá no hubiese ganado la izquierda de ninguna de las maneras, pero no creo que esta debacle se hubiese producido si se hubiese optado por un candidato a la alcaldía, o candidata, más "apañao", menos memo. ¿Aprenderán de la lección?

Es tiempo de comprarse un ordenador nuevo, pero no tengo tiempos, mis tiempos no me dejan.

Tiempo y poesía.

FOTOLIA