Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

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02 noviembre 2009

Luz de otoño


La luz del otoño borra los rastros de sombras que
fuimos dejando en el camino.


Otoño y poesía.

05 diciembre 2008

Alma de Otoño (2)

Fotografía de Isabel Huete. 2008

Vivir es contemplar
el suicidio de la grácil hoja de otoño que se desprende
del árbol y vuela lentamente
a merced del viento hasta alcanzar
la hierba fresca.


Vivir y poesía

21 octubre 2008

Alma de otoño

Foto de Isabel Huete (2008) dedicada a Javier Gª Riobó

Cuando escribí en una entrada, cercano ya el otoño, que me gustaba fotografiar los rizos de las hojas que siembran el suelo, me comentaste, Javier, que esperabas que mostrara alguna y aquí la tienes. Tengo más que iré poniendo cualquier día que se me ocurra. 

Y es que llevo días con el alma teñida de otoño, que no significa que me embargue la tristeza o la pesadumbre, sino un sentimiento de renovación y de frescura. Yo me limpio con el agua de lluvia y olfateo el viento mirándolo de frente, con los pulmones abiertos en canal. Trepo los cúmulos de nubes como si fueran montañas, intentando alcanzar su cima para dejar mis sueños ondear como una bandera; paseo descalza sobre la hierba enmarañada salpicada de gotas de rocío para sentir la frescura de la mañana; fotografío en mi retina las sombras doradas del atardecer y el reflejo que siembra de luces los campos hambrientos. Me cobijo bajo los árboles dejando que las hojas que van muriendo formen una guirnalda sobre mis cabellos, y corro después con los brazos extendidos para abrazar las horas cálidas del tiempo que ha de venir. Y espero. Espero olvidar todo lo que no sea esto.

Alma de otoño y poesía.

05 septiembre 2008

Un día otoñal

Luxemburgo. Fotografía de Isabel Huete.

Hoy me he levantado llena de vitalidad. Sé que cuando diga la razón habrá quien piense que estoy majara total, pero he de decir que el que los colores del arco iris sean tantos no es una cuestión baladí. Y es que a mí el fresquito me pone. Hoy Madrid ha amanecido encapotada y ventosa, como un preludio del frío que se avecina. Ha faltado que todo hubiese aparecido regado con agua de lluvia, pero bueno, tampoco se puede tener todo de golpe.

Y es que a mí me gusta el frío porque es el único que logra atemperar el calor que me abrasa por dentro. Me encanta sentir la calidez del cuerpo bajo la lana mientras el viento frío me acuchilla las mejillas. Chapoteo en los arroyos de lluvia y me río del agua por su empeño en traspasar la piel de mis botas. Me pongo la boina, los guantes y la bufanda porque en aquel cuento que leí de niña y tanto me gustó, la protagonista se los ponía para ir a patinar al lago helado. Si truenan las nubes, me asomo al balcón para devolverles el saludo, y bato palmas de felicidad cuando me lo agradecen enviando luminosos rayos que danzan inquietos sobre los tejados de las casas. Cierro las ventanas para poder observar las gotas de lluvia deslizarse por los cristales en un llanto emocionado. Recojo las hojas que los árboles siembran en los parques para fotografiar sus decadentes rizos.

El frío me sabe suya, y yo me dejo querer.

Otoño y poesía.

FOTOLIA