Bitácora de Isabel Huete

SOLIDARIDAD CON HAITÍ

SOLIDARIDAD CON HAITÍ
PINCHA EN LA IMAGEN Y SI TE INTERESA MANDA TU COLABORACION A diointer@wanadoo.es (copia y pega la dirección de e-mail)
Mostrando entradas con la etiqueta Tenerife. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tenerife. Mostrar todas las entradas

05 noviembre 2008

Pensamiento libre

Costa norte de la Isla de Tenerife (I. Huete, 2008)


La grandeza y el poder de la Naturaleza
nos coloca a cada cual en su sitio.


Estoy pasando unos días en esta deliciosa isla visitando a mi madre. No tengo mucho tiempo para dedicarme a escribir pero quiero agradecer vuestros comentarios a todos/as y deciros lo mucho que me acuerdo de vosotros/as.

Pequeñez y poesía.

07 marzo 2008


He querido iniciar el finde con esta bellísima fotografía de Tenerife, cuyo autor desconozco.

Me gustan las puestas de sol por la forma en la que la luz recorta la silueta de la tierra, envolviéndola en sombras negrísimas, donde no parece existir vida, sólo la soledad.

Mientras, el color se instala en un cielo devorado por las llamas, infundiendo respeto, casi veneración, como un dios.

Imagino que en este atardecer sobrecogedor, se podría oír a los pájaros antes de recogerse en sus nidos, o quizá los ecos de una sinfonía de Malher escapándose por el hueco de una chimenea, elevándose como el humo hacia el infinito; también el canto de los grillos, conspirando con la noche para que el silencio no se aburra.

Quizá podría escuchar el ritmo alocado de mis latidos.

La primera estrella que aparecerá es el último lamento de un amor que se sabe moribundo.

Yo no estaba allí, pero sé que todas estas cosas sucedieron.

Melancolía y poesía.

31 agosto 2007

Sana envidia

Sí, envidia me da el libro que ha escrito Juan Cruz Ruíz, Ojalá octubre. Envidia me da porque ha hecho algo que llevo muchos años pensando que debería hacerlo yo para ahogar los fantasmas: escribir sobre mi padre para ver si así lograba comprenderlo. Quizá empiece a hacerlo en este blog, aunque no sé si sabré. Demasiados recuerdos, tan difíciles de digerir como la felicidad de la que hablaba hace unos días. Lo pensaré, como tantas veces lo he hecho.




Recomiendo el libro a los/as sensibles, a los melancólicos, a los tiernos, a los que no pasan por la vida de puntillas, a los que no les da miedo enfrentarse a su pasado, a los que no han dejado de ser niños, a los que se hacen preguntas y no encuentran las respuestas, a los que no quieren olvidar pero tampoco dejarse paralizar por el recuerdo, a los sencillos, a los vitalistas, a los que nunca se han preocupado por entender a su padre y a los que sí lo han hecho, aunque tarde. Y también, a todos a quienes no les importa profundizar en las cosas de la vida, en los sentimientos, a los que han perdido el miedo a hacerlo.




La brisa fresca nos ha regalado hoy un día limpio y luminoso. Aunque estemos llegando al final de verano, a mí me huele a primavera. Es una verdadera delicia este día... Y el libro de Juan Cruz.




En agradecimiento al buen rato que me ha hecho pasar su lectura, subo (¿o bajo?) esta imagen de Tenerife, lugar de nacimiento del autor y escenario donde transcurre la historia.



Recuerdos y poesía

28 agosto 2007

Entre luces y sombras

La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.

Miguel de Unamuno



Ya comenté al iniciar este blog mi admiración por el viejo profesor, es por eso que traigo a colación esta frase que, creo, refleja de alguna manera esa ambivalencia que se produce ante lo bueno y lo malo que nos ocurre o que nos rodea. Es la complicada coexistencia entre el lado oscuro y el luminoso de la vida.
La felicidad parece ser que existe, aunque también creo que en ningún caso completa, y quizá sea ese porcentaje de infelicidad que siempre arrastramos lo que la convierta en algo difícil de digerir porque, hagamos lo que hagamos, siempre se nos presenta con alguna tara, inmadura, a medio cocer, quizá demasiado salada o demasiado dulce, o quizá con fecha de caducidad; acaso también la deseamos y perseguimos con demasiada insistencia, sin darnos cuenta de que no es algo que debamos alcanzar sino que hay que desarrollar; que no es un elemento ajeno a nosotros sino que nace, crece, se reproduce y muere en nosotros.
Y para comprender eso deberíamos someternos a nosotros mismos a un tercer grado, con el foco de la humildad escrutando nuestro yo, admitiendo las evidencias, buenas y malas, no como una derrota sino como un destello de sabiduría, como un acto de valentía. Yo no sé si Unamuno, cuando escribió, o dijo, esa frase, se basaba en esta idea de felicidad o en otra, pero para mí tiene ese sentido: mirarse en el espejo y reconocerse con todos los detalles resulta muy indigesto, pero no creo que haya otro camino para empezar a ser feliz. Al menos hay que intentarlo. No importa qué hagamos con nuestro rostro, con nuestro pelo o con nuestra vestimenta si sabemos quién se esconde tras ellos y dejamos que los demás también lo sepan.
Hasta hace bastante poco tiempo, siempre había pensado que mostrarse nos hace demasiado vulnerables, pero ahora creo que es así efectivamente si uno no acaba de aceptar lo que ve bajo su propia piel. Curiosamente, nuestra ceguera la convertimos en visión inmejorable en los demás y nos invade el miedo a que descubran aquello que a nuestros propios ojos ocultamos; su mirada la hacemos nuestra, su aprobación nos enaltece y su desaprobación nos humilla, procuramos mostramos como creemos que el ojo ajeno quiere vernos porque en el fondo pensamos que los demás son siempre mejores que nosotros... Y sin embargo, creo, pienso, me atrevo a afirmar si me coloco en el lado de los otros, que lo que más deseamos es que ése/ésa que tenemos delante, ése/esa que se oculta y no es quien es, se quite la máscara y llore y ría sin miedo, porque la verdad es sinónimo de belleza, y a la belleza todos deseamos abrazarla, y compartirla.
El aprendizaje es largo y costoso, y no oculto que yo no he perdido todavía el miedo a la imagen que el objetivo de los demás pueda capturar de mí, pero cada día, al levantarme y mirarme en el espejo, me digo que lo que viví ayer y los esfuerzos que hice para perder el miedo me han hecho un pelín más sabia, ¡y qué coño, que no seré perfecta pero ya quisieran muchas -y muchos- ser, sentir, y estar como yo!
Y he elegido esta foto que hice en la costa norte de Tenerife porque esa planta es misteriosa y bella como el universo humano, porque el contraste de su negra silueta con el fondo del mar y del cielo, fundidos en un sólo azul, es como una metáfora del ser y no ser, de vivir en color o hacerlo en blanco y negro, de la risa y el llanto, del amor y el desamor, de la visión y de la ceguera... En definitiva, de la vida.
Luz y poesía.

FOTOLIA